CULTURA
- Por: Lorenzo Basbus, Faustino Esbry y Joaquín Peruffo 4° IENM; Catalina Vantesone y Julieta Nieva 4° IMVA.
Durante casi cinco años, Flor Villagra fue corista y vocalista de Fito Páez. Después de haber preparado su segundo disco, en 2015, su productor ejecutivo la incentivó a presentar una grabación al cantante, que se encontraba en búsqueda de una voz para sumar a su equipo.
Fue entonces que el rosarino recibió la interpretación del clásico ‘El amor después del amor’ y a los dos días, la actual vecina de Río Ceballos ya contaba con un pasaje para iniciar una travesía por México, país donde además se radicó en medio de una gira con el músico.
A su vez, a través de esta oportunidad, recorrió escenarios de toda Latinoamérica. Sin embargo, su historia empezó mucho antes, con su paso por Operación Triunfo, en 2005, donde se inscribió sin imaginar las puertas que el reality le abriría.
Al finalizar el programa, comenzó a construir su sonido, el cual, en sus palabras “oscila entre el rock, el pop y el género canción”. Asimismo, lo suyo no pasa solo por el ritmo, sino también por la palabra. De esta manera, se define, a su vez, como poetiza. “Es lo que más me gusta hacer”, expresa.
Hoy, la artista se encuentra en búsqueda de lograr la convergencia entre su afán literario y la vocación musical. Así, en sus shows presenta un “espectro de propuestas muy amplio” -sostiene-. “Desde un espectáculo súper rockero o uno acústico y chiquito, donde recito poemas. Está todo bastante ecléctico”, detalla.

El Milenio: ¿Cómo fue tu recorrido por las distintas bandas a lo largo de tu carrera?
Florencia Villagra: En Córdoba una sola banda duró muchos años, fue Quinto Elemento y es donde yo agarré el oficio del escenario, porque yo era muy tímida. Duró desde el 2000 hasta finales de 2004, que entré a Operación Triunfo. Después ya grabé mi primer disco y mis productores me armaron la banda y ahí ya arranqué. Además de mi proyecto, por un tiempo tuve un dúo con una chica que luego se fue a Francia y armó su banda con músicos, pero lo hacíamos más por placer que por otra cosa. De ahí siempre han sido bandas para mi proyecto y luego con la banda de Fito.
EM: ¿Qué experiencias te llevaste de tu colaboración con Fito Paez y cómo influyó en tu carrera?
FV: Fue una experiencia valiosa, partiendo de la base que soy fan de la banda y es de los pocos referentes en español que tengo porque todos mis referentes son de música rock en inglés, como The Beatles y Pink Floyd. En lo nacional, me siento representada por él y se trató de un sueño estar cantando canciones que son la banda sonora de mi vida.
Por otro lado, también me marcó vivenciar la rigurosidad de los ensayos. No es un ambiente muy relajado la sala de ensayo, pero después te das cuenta porqué la banda suena como suena. Yo me sentí de repente explorando lugares con la voz que no sabía que podía hacer. Por último, me llevo la parte emocional de estar con Fito, que es muy estricto y a la vez super amoroso.

EM: ¿Cómo fue tu paso por México y cómo te posicionó en la escena musical?
FV: Fue por la gira de Fito, pero me quedé porque audicioné para una beca de la Sociedad de Autores Compositores de México. Es una escuela que está buenísima, y algunos amigos, colegas, compositores me dijeron que me presentara. Así que me super entusiasmé y tuve la suerte de quedar y entrar. Eran 2 años de estudio ahí en la escuela de composición y con las giras de fito partía desde ahí siempre, entonces no era un problema. Me quedé en principio por estudiar y después porque me gustó.
Tengo la sensación que en Ciudad de México hay mucha más curiosidad por descubrir a cantautores, a las canciones, de repente hay lugares que la gente va y se sienta a descubrir la propuesta artística. Acá en Argentina, por ejemplo, el público argentino no va a pagar una entrada para ir a ver a alguien que no conoce. Es como que acá tenés que armar tu público hasta que se empiece a mover la rueda. Lo que en Buenos Aires me había costado 3 años, de hacerme un nombrecito, allá lo hice mucho más rápido. También hay un amor-odio con los argentinos, como que no nos aguantan, pero nos respetan un montón.
EM: ¿Con qué criterio seleccionás tu repertorio? ¿Qué temáticas te gusta abordar a la hora de componer?
FV: En mi show hago obviamente mis canciones y dependiendo la propuesta, también covers que me gustan mucho y que tampoco se despegan tanto de lo que es la propuesta propia. Me gusta siempre tener versiones mías de temas que me gustan mucho y que que tengan lindas letras, por ejemplo de Gabo Ferro, algunos temas en portugués de Moreno Veloso, o alguno de Zaz que es en francés, o de Alanis Morissette, que soy ultra fan.
Me gustaría ser el tipo de compositores de las películas, que escriben y tiran el borrador y como que tienen un método o pueden invocar eso. A mí no me pasa. Por lo general, se me mete una idea en la cabeza y mientras estoy haciendo otra cosa, como lavar los platos, y no me la puedo sacar, me tengo que sentar y sacármelo, como quien se saca un estornudo. No es muy metódico ni lo puedo elegir mucho y por lo general es una cuestión más catártica. Me gusta hablar de cosas que me suceden a mí, del amor o desamor, tratando siempre de no caer en los lugares comunes. Me gusta pensar que no es de qué hablas, sino cómo lo hablas.


EM: ¿Cuál es tu visión a futuro en cuanto a tu carrera artística y a dónde te gustaría llevar tu música?
FV: A mí me gustaría mucho animarme a publicar mis poemas y que, en un futuro no tan lejano, mis shows definitivamente sean un poco de las dos cosas. Estoy investigando cómo combinarlos. Hay ciertos eventos, en determinado ambiente, por ejemplo en Buenos Aires donde se puede integrar la prosa y las melodías, porque actualmente la poesía está ganando terreno en generaciones más jóvenes que yo.

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