CULTURA
- Por: Laureana Escobosa y Camila Sartorelli 4° IENM – Bautista Puccio y Camila Surbano 4° IMVA.
Desde pequeño, Ezequiel Bonino supo que la música iba a ocupar un lugar central en su vida. Su acercamiento al canto se dio en su colegio, a través de festivales estudiantiles y celebraciones escolares, donde realizó sus primeras interpretaciones. Así, el entusiasmo de esas experiencias se reforzó con el incentivo familiar. “Mis viejos me decían ‘siempre y cuando estudies, te vamos a apoyar’”, recordó.
Además, para el rioceballense el vínculo con el cuarteto siempre fue natural. La música de Gary sonaba en su casa durante la infancia y su tío fue quien lo acercó definitivamente al tunga tunga. Al respecto, rememoró: “lo escuchábamos todo el día”.
En este marco, empezó a tomar forma un camino que, con el tiempo, lo llevaría a consolidarse como figura en este género. A su vez, la curiosidad por los instrumentos fue parte del proceso y Bonino se acercó al piano y a la batería por iniciativa propia, buscando acompañar su vocación.
De esta manera, se formó de manera autodidacta, aprendiendo a tocar y a componer con los medios que tenía a su alcance. Según reconoció, no fue simple, pero eso no fue un impedimento y su deseo se convirtió en motor constante.
El punto de inflexión llegó cuando comenzó a cantar en los intervalos y las previas de los bailes de su ciudad y en Salsipuedes, lo cual devino en el ingreso a un circuito más profesional. A partir de entonces, empezaron a llegar otras propuestas.
En 2009, Claudio Toledo, quien fue vocalista del grupo que hoy encabeza Bonino, lo convocó cuando lanzó su iniciativa “Claudio Toledo y La Onda”. A su vez, otros exintegrantes como Alejandro Ceberio también fueron referentes para el joven que, más tarde, en 2012 formó su primer grupo “La Máxima”.
Allí asumió el rol de cantante principal y lideró la propuesta durante cinco años. Posteriormente, entre 2018 y 2024, integró “La Fiesta”, consolidando su lugar en el ambiente, tras la salida de Cristian Amato, otro artista que lo inspiró en su rumbo. Finalmente, Ezequiel hace un año se encuentra en una de las formaciones más emblemáticas del cuarteto: Trulalá.

El Milenio: En el mundo del cuarteto, ¿hay una serie de recelos por cambiar de una banda a otra?
Ezequiel Bonino: Sí, siempre hay recelos porque una banda tiene sus fans. En mi caso, mucha gente que son seguidores de Trula esperaban hace mucho tiempo que yo fuera parte de la banda, por el estilo musical que tengo y las canciones que he cantado a lo largo de mi carrera. Entonces, los Trulareros siempre me pedían; o sea, no querían que estuviera en La Fiesta.
EM: Recordando tu paso por La Fiesta, ¿qué experiencias significativas te dejó esa etapa? ¿Qué representó para vos y por qué te fuiste?
EB: Mi paso de una banda a otra se da en momentos justos. Por ejemplo, cuando me voy a La Fiesta y dejo mi banda, que era La Máxima, fue también en un momento de cansancio, de sentir que habíamos cumplido ya con muchos objetivos que nos habíamos puesto. Obviamente siempre quedan cosas por cumplirse, pero se entendía que se había concluido un ciclo en cada banda.

Cuando se da el paso a La Fiesta, sabía que iba a ser una mochila pesada, porque uno siempre relaciona el nombre de La Fiesta con Cristian Amato, entonces sabía que iba a ser una responsabilidad, una vara muy alta de poder mantener. Igualmente lo asumí, como uno asume un trabajo y todos los compromisos de la vida. Pude disfrutar de otras cosas, de compañerismo, de amigos, de otra experiencia que había ganado. Cuando me fui de La Fiesta también sentí que se había cumplido un ciclo. Mis compañeros se habían ido, me había quedado solo, y justo apareció la oportunidad de Trula, que era algo pendiente que tenía en mi carrera y dije «bueno, es el momento de hacer un cambio.»

EM: ¿Cómo se dio la oportunidad de unirte a Trulalá? ¿Qué significó en tu evolución profesional ingresar a una banda con tanta trayectoria?
EB: El ingreso fue el año pasado, en mayo, pero en marzo y abril más o menos ya veníamos hablando y fue a través de mi primo, Pablo, que está en Trula cantando hace seis años. Él me llama porque se había ido uno de los cantantes. Entonces me dice: ‘está la posibilidad, yo lo hablé y quieren que vengas’. Se dio una reunión con los dueños, con la familia Canovas y charlamos para conocernos y ver qué es lo que quería cada uno.
Se dieron las cosas , yo quería seguir cantando, ellos querían que yo estuviera, y yo sabía también el lugar al que iba, pero por ahí uno no dimensiona hasta que no está ahí, hasta que lo vive. La responsabilidad que uno siente al hacer música o al hacer cualquier trabajo y más con una banda con tanta trayectoria es grande, pero también sé que tenés el apoyo de los fans que son muy especiales, como un equipo de fútbol que siguen a un club; están en las buenas y en las malas, esté quien esté. Es un hermoso desafío.

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