31 mayo, 2026

El Milenio

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ProA Unquillo, por fin en su lugar

Tras cinco años de lucha por parte de estudiantes, familias y docentes, la escuela finalmente inauguró su nuevo edificio. El mismo se encuentra ubicado en la Avenida Amadeo Sabattini a pocos metros del Instituto Educativo Nuevo Milenio y aunque aún resta culminar la obra, esta promete una transformación sustancial en el modelo de enseñanza.

Sociedad

  • Por: Ana Luz Giménez, Martina Baratta 6° IMVA – Morena Gil, Catalina Sureda 6° IENM.

En un clima de plena alegría y celebración, la ansiada mudanza llegó y el martes 25 de febrero la comunidad educativa comenzó su ciclo escolar en donde tanto anhelaban. Como quien se traslada a una nueva casa, directivos, docentes y estudiantes van descubriendo paso a paso el nuevo espacio que los cobija y en el que compartirán de ahora en adelante. 

“Estamos felices, nos encontramos aprendiendo y disfrutando de todo lo que nos posibilitará este lugar. Ahora estamos más cómodos, hay lugar para todos”, compartió a El Milenio la directora Laura Ananía, quien forma parte del ProA desde sus inicios allá por el 2019. 

Se trata de escuelas modelo en innovación educativa, que forman jóvenes especializados en Desarrollo de Software y en Biotecnología. Durante años, las clases se dictaron en el antiguo edificio donde funcionó también la escuela Especial Prof. Luis Morzone, cuyas condiciones estructurales distaban mucho de ser ideales. Uno de los episodios más graves ocurrió cuando un cortocircuito provocó la electrocución de un trabajador de mantenimiento, lo que encendió las alarmas sobre la seguridad del lugar.

Por este y otros episodios similares, eran comunes las marchas para reclamar de familias y estudiantes, que soñaban con poder recibirse en condiciones dignas. En este sentido, Ananía agregó que están emocionados por comenzar esta nueva aventura educativa que fue fruto del trabajo colectivo de toda la comunidad educativa.

«Si tuviera que definir lo que nos identifica, lo primero que me surge es lo colectivo. Porque el trabajo que llevamos adelante, tanto docentes como familias, tiene que ver mucho con la construcción colectiva», reflexionó.

Actualmente, en Córdoba hay más de 40 escuelas ProA en funcionamiento y 34 edificios en construcción, diseñados específicamente para este tipo de formación. Estas se enmarcan en una iniciativa del gobierno provincial que, desde 2014, apuesta por una educación moderna, enfocada en la tecnología y la innovación. 

La escuela con formación en desarrollo de software tiene capacidad para albergar a 180 estudiantes, con una división por curso. 

El Milenio: En cuanto a la obra y sus instalaciones, ¿Están completamente finalizadas o aún quedan aspectos por resolver?

Laura Ananía: La obra aún no está completamente terminada. La estructura de la escuela está diseñada para contar con cuatro espacios áulicos tradicionales, es decir, aulas cuadradas con bancos y sillas, además de una zona de talleres destinada a la práctica.

Sin embargo, estos talleres requieren divisores que permitan trabajar de manera simultánea en diferentes actividades, y estos aún no han sido instalados. Dichos paneles son esenciales para poder vivir plenamente la experiencia de las aulas temáticas. La propuesta educativa busca que los estudiantes roten por distintos espacios dentro de la escuela, en lugar de permanecer en un aula fija, lo que responde a una pedagogía renovadora enfocada en la autonomía y la autogestión estudiantil.  

También falta culminar el playón deportivo que se puede ver desde la ruta. Este lugar en un principio era abierto y luego se propuso techarlo, cerrarlo todo. Entonces ahí entró otro pliego lo que genera que haya demoras. Aparentemente ya estaría autorizado y están esperando que terminen de salir los detalles para poder iniciar las obras. Entonces eso hace que no tengamos un lugar adecuado para la actividad deportiva, o al menos exclusivo ya que actualmente utilizamos el espacio para uso compartido de todos los cursos. 

EM: ¿Este cambio repercutirá en la matrícula o se mantendrá la misma cantidad de estudiantes?

LA: Teniendo en cuenta el diseño del espacio y la propuesta pedagógica, no esperamos un aumento significativo en la matrícula. Ninguna escuela ProA cuenta con dos divisiones por curso. Esto se debe, en parte, a la carga horaria: los estudiantes permanecen ocho horas en la escuela, de manera continua, sin contraturnos, lo que se asemejaría a una doble escolaridad. 

Este formato exige la presencia constante de adultos, tanto de docentes como equipo de gestión, para acompañar a los estudiantes a lo largo de su jornada. Agregar más estudiantes implicaría la necesidad de más espacios y de más recursos humanos para poder acompañar sus trayectorias dentro de una carga horaria tan extensa. Además, como mencioné anteriormente, la distribución del edificio limita la posibilidad de ampliar la cantidad de cursos. Contamos con solo cuatro aulas y tres talleres, lo que permite tener seis cursos en total (de primero a sexto). No existe espacio suficiente para albergar simultáneamente otros cursos que puedan realizar estas rotaciones.

“Nuestra escuela siempre se ha caracterizado por ser de puertas abiertas. Las familias se acercan, plantean inquietudes, comparten sus preocupaciones y, además, ofrecen ideas”.

EM: Después de tanto tiempo de espera, y tras las innumerables movilizaciones y reclamos, ¿Creés que los lazos entre todos/as las actoras/es que conforman la comunidad, se han vuelto más fuertes?

LA: Sí, totalmente. Creo que la dinámica que se ha ido creando en la escuela, junto con la elección de la propuesta, ha fortalecido los lazos dentro de la comunidad. Nuestra escuela siempre se ha caracterizado por ser de puertas abiertas. Las familias se acercan, plantean inquietudes, comparten sus preocupaciones y, además, ofrecen ideas. Siempre hemos sido un grupo bastante integrado y colectivo en la construcción de la escuela, lo que es fundamental para nosotros. 

Es clave que las familias participen activamente, igual que los estudiantes. Para nosotros, los protagonistas principales son ellos, quienes, en el caso de la escuela secundaria, son menores de edad y cuentan con el acompañamiento de adultos en diferentes roles. Nosotros, desde nuestra mirada educativa, y las familias, desde la suya, trabajamos juntos para acompañar el desarrollo de los adolescentes y sus subjetividades, entendiendo que es un proceso que se va construyendo a lo largo de la secundaria. La forma en que hemos ido trabajando hasta ahora ha generado un gran apoyo mutuo. En mi rol de directora, puedo decir con certeza que me siento muy acompañada por toda la comunidad educativa.


EM: Además del trabajo colectivo, ¿Qué otro aspecto considerás que los identifica?

LA: Una segunda palabra que define lo que hacemos cotidianamente es la escucha. Trabajamos muchísimo con los chicos, habilitamos espacios para que ocurra y eso implica mucho trabajo. Porque habilitar la escucha, conversar, hablar con uno, con otro, lleva tiempo y también significa que a veces las resoluciones no sean inmediatas. Pero, justamente, lo que nosotros buscamos es otra cosa, por ejemplo, no pretendemos que nuestros acuerdos escolares caigan sobre los estudiantes de una manera como si fuese una acción disciplinaria. Sino que por el contrario, haya una toma de conciencia de eso que sucede y que se entienda que cuando actuamos o cuando decimos cosas hay consecuencias y que tenemos que poder hacernos cargo de ellas. 

Por supuesto, siempre habrá diferencias, porque en cualquier construcción colectiva, es natural que algunos estén más de acuerdo que otros. Sin embargo, desde mi lugar, siento que el trabajo que realizamos día a día es reconocido por las familias, lo que ha generado un ambiente de acompañamiento y respeto hacia las decisiones que tomamos. 

EM: ¿Cómo repercuten las nuevas instalaciones y servicios en el desarrollo pedagógico considerando la formación en tecnología y programación de la institución?

LA: Estamos descubriendo muchas cosas que tiene el edificio nuevo, pero va a haber un cambio sustancial. Llevamos muy poco tiempo y todavía estamos muy en el inicio de año, acomodándonos. Aunque las condiciones de movimiento, de espacios y los recursos que tiene la escuela ya nos van planteando nuevas posibilidades. 

A futuro va a haber un cambio muy grande para nosotros en los modos de trabajar, para que se den una idea, ahora tenemos un laboratorio de ciencias naturales. Nunca hemos tenido uno en los seis años de funcionamiento anteriores. Entonces, hoy tener ese laboratorio significa, por ejemplo, acceder a las disciplinas científicas de las ciencias naturales desde un lugar mucho más práctico y de ejercicio de prueba y error que lo que venía siendo el aula tradicional. La intención es que todo eso esté al servicio de los chicos y que por lo tanto las propuestas pedagógicas acompañen lo que tenemos.

EM: ¿Qué desafíos proyectás para este año? ¿Tienen pensado continuar trabajando en articulación con otros espacios?

LA: Lo primero que necesitamos es poder reconocernos en el lugar en el que estamos ahora y ver qué hay, qué necesitamos, cómo podemos funcionar para después salir a buscar hacia afuera. Así que estamos abiertos a pensar diferentes posibilidades de trabajo conjunto con otras instituciones de la localidad, pero en este momento, en esta primera parte del año, entiendo que probablemente no sea una prioridad, sobre todo porque además somos una escuela en crecimiento.

El año pasado, por ejemplo, tuvimos la primera camada de egresados y por ende la primera vez que implementamos las pasantías. Por lo que este año nos toca el desafío de llevarlas nuevamente adelante y ver qué más proponerle a los chicos. Estamos en un proceso en el que internamente hay mucho por hacer, y si bien queremos continuar trabajando fuertemente en esas articulaciones, probablemente no sea algo que hagamos ahora, sino más adelante.


EM: Teniendo en cuenta la apertura de dos nuevas instituciones de formación profesional en la zona, con características similares a las escuelas ProA, ¿Pensás que estas instituciones están más alineadas con los tiempos actuales y las necesidades de las juventudes de hoy? ¿Cuál es tu perspectiva al respecto?

LA: Las escuelas de formación profesional que se han abierto recientemente representan una evolución de lo que las escuelas ProA comenzaron a cuestionar en 2014. Estas, justamente como se las denominaba en sus comienzos, fueron de carácter experimental, y plantearon interrogantes dentro del sistema educativo, buscando innovar y generar nuevas preguntas. 

A lo largo del tiempo, los aspectos positivos de estas instituciones se fueron adaptando al sistema, como la Resolución n°188/18 donde el Ministerio de Educación aprueba el «Programa sobre el Nuevo Régimen Académico para la Escuela Secundaria», fortaleciendo el trabajo interdisciplinario. Creo que las escuelas de formación profesional llegan para profundizar y dar continuidad a las preguntas que las ProA dejaron sin respuesta. Estas nuevas instituciones responden más directamente a las necesidades y preocupaciones de los jóvenes de hoy, reconociendo las configuraciones juveniles actuales. Celebro la apertura de estas escuelas y espero que contribuyan a renovar el sistema educativo, rompiendo con modelos más rígidos y tradicionales.


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