- Por: Matías Ferrer y Lucia Allende – 4to A IENM.
- Redacción: Mabel Tula.
En el 2016, Analia Morales comenzó a estudiar Trabajo Social, lo que le ofreció una visión más profunda de los problemas sociales presentes en el barrio en el que vivía. Fue en ese entonces cuando empezó a germinar la idea de armar un comedor.
Recién en el 2019 esa idea vió una luz en medio de la crisis económica y social del país. Como bien detallaron las voluntarias, la situación era similar a la actual, y el hambre afectaba a todos, especialmente a sus compañeras y a personas de la zona.
Para comenzar, Morales contactó a Nancy, una de las primeras habitantes del barrio Villa Sol y una referente que ya había dirigido un merendero en el centro vecinal, que es donde hoy funciona el comedor. Luego, extendió la invitación a Claudia y Dani, vecinas que aceptaron con entusiasmo.
Así empezaron a organizarse y establecieron vínculos con el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), una organización nacional que llega a los rincones más remotos de Argentina y que a través de un convenio con el gobierno les proporcionaba alimentos.

En sus comienzos, el comedor «Rayitos de Sol», nombre sugerido por Nancy, ofrecía meriendas y cenas dos o tres veces por semana, hasta que llegó a brindar estas comidas todos los días.
Sin embargo, desde diciembre del 2023 los suministros dejaron de llegar, por lo que el comedor se abastece solo con lo que ellas pueden llegar a recolectar, llevando así a que solo puedan dar las meriendas. “En el comedor hay bastantes niños, unos 50 aproximadamente, e incluso no están yendo todas las familias que antes venían con mucha frecuencia”, expresó Morales.
El Milenio: ¿Qué servicios brindan específicamente?
Claudia Aguero: Los servicios que brindamos es el estar con los niños, servirles la merienda con lo que recibimos o lo que nosotras mismas vamos juntando. Les hacemos una rica comida, elaboramos bizcochuelos, pastaflora, cosas caseras; fritos, que les encantan. También pasamos un momento con ellos, se nota que necesitan esa contención, que uno les preste atención, estar ahí con ellos.
EM: ¿Quienes acuden al comedor?
Analía Morales: Desde niños pequeños hasta gente grande también, ya que van a aprender gracias a los talleres de bombo y baile. Nosotros trabajamos con un grupo limitado de gente, podría ir cualquiera si nosotras tuviéramos los recursos, pero como estamos muy limitados es muy difícil poder ampliar la cantidad. El año pasado entraba cualquiera a merendar, nunca los rechazamos, pero ahora es con los que van todos los días.
EM: ¿Reciben apoyo de la comunidad local?
AM: La gente es solidaria así que recibimos un poco de mercadería de algunas personas y también la ayuda del banco de alimentos, pero el problema es que nos brindan más golosinas que no tienen tanto aporte nutricional. Pensamos que es importante que los chicos coman bien porque hay algunos con desnutrición.

EM: ¿Cuál fue el momento más difícil que vivieron en el comedor?
Comedor Rayitos de Sol: Fue cuando tuvimos la pandemia en el 2020. En esa época nos reorganizarnos porque no teníamos contacto, habíamos quedado prácticamente todos aislados. En ese momento disponíamos de un vehículo y podíamos ir a Córdoba, todos los comedores tenían esa libertad de circulación dentro de la provincia. Íbamos a Córdoba, buscábamos la mercadería y la repartíamos, poníamos la comida en cajas, limpiábamos las cosas con alcohol en gel, fue todo un tema.
EM: ¿Cómo es la dinámica de trabajo dentro del comedor?
Comedor Rayitos de Sol: Primero hay que aclarar que todas nosotras cobramos el «Potenciar Trabajo» y hacemos esa retribución de horas al Estado, en el comedor. Cada una hacía dieciséis horas semanales, así que nosotras y otros compañeros nos repartíamos entre todos el trabajo de la jornada. Después de la pandemia empieza a haber otro «Potenciar», así que convocamos a músicos conocidos y con ellos empezamos a hacer talleres culturales. Dábamos clases de bombo, de canto, con Rocío, Bocha, Emi Farias, Alina, Rodrigo y Matías Torres, cada uno daba un taller semanal. Antes lo hacíamos dos veces a la semana y hace poco empezamos a hacerlo una vez a la semana, porque el salario de «Potenciar» es muy bajo. A nosotras nos es muy difícil compensar en horas de trabajo, porque ese monto la verdad que alcanza para muy poco. Si bien nosotros somos conscientes de hacer esa contribución al Estado haciendo este trabajo comunitario, tratamos de reducir las horas para que no sea tanta carga, sobre todo para las mujeres que somos quienes sostenemos el espacio. Actualmente somos unas 11 personas las que estamos en el equipo de coordinación.

EM: ¿Tienen algún proyecto en mente para los próximos meses?
AM: Nosotras venimos hablando con la red de centro de estudiantes de la zona y las chicas van a dar un taller de E.S.I. Creemos que es muy importante la Educación Sexual y que en las escuelas no se está dando. Trabajamos con jóvenes, adolescentes, y a todas las personas les hace falta acceso a esa información para saber cómo cuidar nuestra salud también. Otro taller que pensamos hacer son clases de apoyo, porque otro grave problema que tenemos es que las familias no están pudiendo educar, algunos padres trabajan mucho y cuando llegan a la casa no se fijan en el cuaderno de los chicos y así se terminan quedando de grado o llegan con muy escaso nivel. También tenemos chicos que no saben leer o escribir y están en tercer grado, por eso pensamos en ofrecer el taller de apoyo escolar, hacer una convocatoria a la comunidad para que vengan y a partir de una entrevista poder hacer una selección de personas que puedan ayudar/contribuir de esa forma.
Aquellos interesados en colaborar pueden comunicarse directamente con las organizadoras para contribuir con alimentos o tiempo de voluntariado
Ubicación: Centro vecinal de Villa Sol: 25 de Mayo 5113 (esquina con Buenos Aires), Salsipuedes.
Contacto: 3543604906 (Analía Morales)
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