CULTURA
- Por: Sara Recalde, Pilar Tello, Bárbara Romagnoli, Facundo Graff y Luciano Parodi 6° IENM.
El metal es un material curioso y poderoso. Puede ser flexible y maleable o duro y rígido, adoptar mil formas y levantar grandes estructuras. Manejarlo pide templar la personalidad entre el agua y el fuego, y en ese trabajo se encuentra el escultor Denis Castellanos.
Aunque nacido y criado en el Pueblo de Artistas, la vida no lo llevó al arte por el camino más directo. De hecho, fue el primero de su familia que se animó a romper el molde y hacer lo que le gustaba. “Genera mucha incertidumbre al principio. Te dicen que tenés que seguir los pasos de tal, porque tu papá o tu abuelo hicieron tal cosa. Pero lo que uno hace con pasión, tarde o temprano trae su rédito”, afirma el escultor.

Su recorrido empezó en la infancia con el dibujo y el asombro frente a las grandes obras de la Familia Urbana de Antonio Seguí. Cuando terminó el secundario, trabajó un tiempo restaurando las grandes estructuras de cartapesta de los corsos, donde, sin saberlo, hizo sus primeras exploraciones volumétricas.
En 2014, participó como ayudante en el clásico simposio de escultura anual de la ciudad y cinco años después, sería invitado a crear su propia obra. Así, valora: “Unquillo es un lugar donde se amontonan los artistas. Eso está bueno porque te da la oportunidad de aprender, y además, te lleva sí o sí a innovar, reinventarte y redescubrirte. A nivel constructivo siento que estoy en el mejor lugar para crecer”.
Aunque sólo lleva cuatro años profundizando en el oficio, sus obras ya ocupan lugares destacados en la ciudad de Córdoba y Sierras Chicas. Entre las más recientes, se encuentra la cola de ballena que asoma en la fuente del Paseo del Buen Pastor, la cual se encuentra en exposición hasta marzo del año que viene.
Actualmente, Denis combina su pasión por la escultura con los trabajos audiovisuales y de herrería, mientras sueña con dedicarse íntegramente al arte y viajar por el mundo con sus obras. Aunque la meta es ambiciosa, sabe que con paciencia y perseverancia, todo se logra. “Te quieren imponer esta idea de que a los 25 tenés que tener la vida resuelta y después pasan un montón de cosas. Lo que importa es ir despacio, aprendiendo y sintiendo qué pasa con cada experiencia que nos sucede”, reflexiona el artista. Y remata: “Todo tiene su tiempo”.
El Milenio: ¿Por qué empezaste a hacer esculturas y por qué elegiste el metal como primer material?
Denis Castellanos: Mi proceso creativo empezó por el dibujo. Me gustaba dibujar cuando era chico, pero ya tenía esa curiosidad de explorar la masa. Con el tiempo estudié Comunicación Visual en un terciario y la tesis consistía en armar un stand. Ahí me animé por primera vez al taladro, a la amoladora y descubrí que me gustaba ese diálogo con las herramientas y esto de generar volúmenes. Así que me anoté en un curso de herrería que se daba en la Cooperativa de Agua de Unquillo y ahí empecé a hacer pequeñas cositas con metal. Me gusta envolver las ideas, encontrarles un sentido a través de distintos ángulos y perspectivas. Por eso salí del dibujo y me metí a hacer estructuras y objetos.
EM: ¿Cuál es el mayor desafío a la hora de trabajar el metal?
DC: El desafío justamente es tridimensionarlo, sacarlo del dibujo, cuando tenés que empezar a hilar la obra en el espacio. Es como dibujar en el aire doblando hierritos. Esa es la parte más complicada para mí, pero también la mejor, hay que saber disfrutar el proceso.
Por lo demás, el material es maleable, es reciclable, no tiene pérdidas, todo se puede reutilizar. No le encuentro dificultad. Por eso en la medida que puedo voy haciendo diseños más complicados, porque me gusta desafiarme.

EM: ¿Cuál fue la obra que más te costó hacer?
DC: La que más me costó fue la cola de ballena. Primero porque nunca vi una ballena en persona, entonces tuve que usar fotos y dibujos para encontrar una proporción parecida. Además, la obra tiene tres metros, por ende también fue un tema encontrar el equilibrio para que no se caiga. El centro de gravedad está planteado en una posición, con materiales más pesados de un lado para que hagan contrapeso con la otra parte que está en el aire.
Armé la estructura y la fui completando con piezas que me habían donado, sobrantes de matricería de auto. Con eso la fui forrando y después la descascaré, saqué la estructura y la volví a unir. Por dentro la obra es hueca, como si fuera un coral. Ese fue el desafío que me planteé y estoy satisfecho con el resultado. Ahora me gustaría hacer un elefante siguiendo el mismo proceso.
EM: ¿Qué buscás transmitir con tus estructuras?
DC: Me gusta generar un impacto visual, que la gente se encuentre con algo que les sorprenda y les produzca alguna sensación o emoción. Desde mi infancia las obras de Seguí, la Familia Urbana, me llamaron la atención, son obras muy grandes. Uno de mis sueños es hacer esculturas de ese tamaño. Mi otro gran sueño es viajar con el arte y conocer otros países a través de simposios de escultura.
La cola de ballena es una primera etapa de todo esto, fui aprendiendo de esta experiencia y de otras. También hice un diente de león de cinco metros para la Municipalidad de Córdoba el año pasado y es muy interesante ver cómo se comunican estas grandes obras con las personas.
EM: Como artista, ¿cómo te llevás con el error?
DC: Hoy por hoy, con cuatro años metido en esto, puedo decir que cuanto más errores y frustraciones tengas, mejor es, más te conocés y mejor te proyectás. Al principio hacía cositas y no me gustaban, entonces nunca veían la luz o las destruía, hasta que te das cuenta que hay un camino que tenés que transitar y no es en línea recta.
Hay dificultades, piedras, al principio nadie te ve, no tenés apoyo, la gente te dice que te falta mucho, pero cada quien hace su camino, en el tiempo que sea, y en eso es importante fracasar. Este año he echado más moco que nunca y la verdad que estoy contento porque me animé a probar cosas nuevas. Aunque no sepa a dónde van, para mí es importante ver qué puedo descubrir.
Me pasó lo mismo con las redes. Yo era muy tímido y hoy en día me animo hasta sumarme a algún trend, hacer un video gracioso. Yo siento que a través de la rigidez de las cosas, me estoy desestructurando y uso las redes sociales como conejillo de indias, puedo parecer ridículo o medio canchero, pero estoy aprendiendo a divertirme haciendo esto.

Descubre más desde El Milenio
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

MÁS NOTICIAS
Unquillo: el Concejo Deliberante aprobó modificaciones en la ordenanza de uso del suelo
Detienen a un hombre de 32 años que habria agredido a su expareja en Río Ceballos
Villa Allende: el merendero Manos Solidarias junta donaciones para festejar el Día de la Infancia
Salsipuedes: el club de lectoescritura “Corazón de Tinta”, salió multipremiado en un certamen nacional
Villa Allende: comenzó la instalación de radares móviles en la Avenida Luchesse
Agua de Oro: organiza una peña solidaria este sábado,
Unquillo: el próximo domingo llega Toki Kura a la Capilla Buffo
La Granja: rescataron a un menor que resultó herido mientras cabalgaba a la vera del río de Las Vertientes
Unquillo: vuelve a Cabana la obra de teatro “Móvil” para las primeras infancias