7 septiembre, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Lucía Contato: Del papel a la piel 

Lucia Contato comenzó su camino artístico desempeñándose como dibujante y luego trascendió su labor con el lápiz, llegando al teatro. Así, sumó a sus herramientas de trabajo las brochas, entre otros elementos que utiliza en su rol de técnica de caracterización en el Teatro San Martín, a la par que continúa con las ilustraciones. Además, también pasó por el cine desarrollando storyboard.

CULTURA

  • Por: Salvador Nazar y Gustavo Ferroni 4° IMVA.

“Algo que siempre me preguntan es cómo unir estos dos mundos. Los veo como dos caminos que fueron juntos, que quizás, en algunos puntos se pueden tocar, pero en definitiva son paralelos”, comentó Lucía a partir de las dos facetas que desarrolla en su vida. 

Con el dibujo inició a los 15 años, de la mano de la profesora Ana Capra y, más tarde se formó académicamente en pintura y grabado. Posteriormente, llegó al cine, realizando los storyboard de producciones audiovisuales, para luego arribar a uno de los teatros más importantes de Córdoba como técnica de caracterización de los elencos de danza y teatro, mientras continúa con la ilustración figurativa, la cual la llevó a numerosas muestras.

La primera fue en el Museo Genaro Pérez y se llamó “La Omnipotencia de las Ideas”. Asimismo, participó de instancias colectivas en La casa de Córdoba de Buenos Aires, en la Galería Mónaco, Galería NODO, en el Museo a Cielo Abierto en Mendiolaza, en la Caja Notarial de Córdoba, en el Museo Caraffa, entre otras.

Hoy, se dedica principalmente a retratar aves, iniciativa que surgió tras instalarse en Mendiolaza, ciudad que la acoge hace una década. “En el arte siempre se intenta una cierta reflexión”, sostiene y revela que, desde su lugar, busca promover el cuidado de las especies.


El Milenio: ¿Cómo influyó en tu estilo actual el hecho de haber empezado tan pequeña a dibujar y que te fue impregnando, después, en cada instancia formativa?

Lucila Contato: Comencé a los diez u once años porque mis hermanos coleccionaban cómics y yo pasaba horas leyendo e imaginando cómo los habían dibujado, y a partir de ahí los empecé a copiar. Ellos me incentivaron un montón a dibujar y después mis padres me permitieron que estudie con una profesora para aprender más técnica.

Creo que lo naturalicé mucho, porque el dibujo es un entrenamiento, como un músculo que se entrena hasta que ya sale naturalmente. En mi formación fue mucho entrenamiento del ojo, haber estudiado con una profesora de chica hizo que yo empiece a observar las cosas, los objetos o las figuras de tal manera que el ojo haga el trabajo, para que yo directamente lo lleve al papel sin hacer tanta medición. Por otro lado, estudiar en la facultad me dio mucha técnica. Después hice clínicas de arte para profundizar más en mi estilo y ver qué quiero contar a través de mis ilustraciones. 

EM: ¿Qué podemos ver en tus producciones y qué técnica utilizás?

LC: Me dedico al dibujo figurativo, al realismo. Me gusta coleccionar fotografías antiguas, ya sean familiares o no, y sobre la fotografía hago collage y después las paso al papel. Generalmente son figuras humanas, a veces con rostros de animales. Trabajo esa unión entre lo humano, la naturaleza, los animales, y cómo convivir con ellos. También últimamente estuve realizando pájaros autóctonos de la zona, ilustrando aves.

Trabajo con grafito como base, en blanco y negro, es decir el contraste de blanco y claroscuro, y otros con grafito netamente. Además, tengo algunos dibujos en los que incorporo lo digital. Después de tantos años se ve cuál es mi dibujo, es un trabajo con lápices blandos y con un trazo muy fuerte. Eso caracteriza la técnica que tengo, y también en que la temática es siempre más o menos la misma: realismo y naturaleza.

EM: ¿Cuál dirías que es tu impronta como dibujante?

LC: En el arte siempre se intenta una cierta reflexión. En mi caso empecé a dibujar los pájaros que habitan en la zona porque Mendiolaza está creciendo muchísimo, pero todavía se ve la cultura de la caza de aves. Me pasaba mucho que, al vivir en un terreno con muchos árboles y arbustos, los mantengo crecidos para que los pájaros puedan venir y yo los pueda observar, pero se metían a cazarlos. Entonces ¿cómo lograr que de alguna manera conozcan más a los pájaros y los respeten? Porque si uno quiere algo, lo cuida. Entonces a partir de ahí empecé a hacer las ilustraciones de los pájaros.

EM: ¿Cómo influyó el entorno cultural de las Sierras Chicas y el hecho de vivir acá, en tu carrera como artista?

LC: Influyó mucho, porque hace 10 años que vivo en Mendiolaza y cuando vine estaba bastante despoblado. Había vivido en la ciudad cerca de la facultad y el movimiento era otro. Estar acá implica tener el tiempo, la tranquilidad y el espacio, rodeada constantemente de naturaleza. Y eso te da otra libertad a la hora de moverte y de crear. Para mí estar acá y poder observar un pájaro, poder sacarle una foto y después ilustrarlo, me da otra libertad para mi arte. 


EM: ¿Cuáles proyectos considerás que fueron un punto de inflexión en tu recorrido?

LC: Una muestra individual en el Género Pérez que se llamó «La Omnipotencia de las Ideas», que realicé en el 2012, fue un antes y un después. Considero que fue la vez que más profesionalidad tuve en mis dibujos y la obra era muy personal. A partir de ahí logré entrar a una clínica de arte que se llama Art Boomerang en la que estuve alrededor de cinco años, y el profesor Daniel Fisher fue bastante importante en mi recorrido porque aprendí muchísimo con él y me puso en lugares incómodos para poder aprender más. También, en cierto punto, en estas clínicas donde se comparten con otros artistas y todos debaten a partir de la obra de uno o de otro, el enriquecimiento es muchísimo, salí muy nutrida de esos lugares.

EM: En cuanto al paso del dibujo al cine y después al teatro, ¿Cómo fue ese recorrido?

LC: Cuando estaba estudiando en la facultad, mi pareja estudiaba cine y empecé a dibujar los storyboards para los cortometrajes que realizaba con sus compañeros. Un día me dijeron que no tenían maquilladoras y si podía ayudarlos con eso. Justo daban un curso corto, lo hice y me encantó. Después hice la carrera, me presenté en el teatro y me llamaron, con la condición de que vaya al Colón a hacer la especialización. Me fui un verano a Buenos Aires y lo hice, y ya van a ser 15 años que formo parte del equipo dentro del área de vestuario.

El dibujo me acompañó siempre y ese camino de las artes plásticas me facilitó mucho  para ser maquilladora, porque no es lo mismo arrancar de cero que ya tener “la mano blanda” y entrenada. Creo que eso me ayudó mucho, llegué desde otro lugar a estudiar maquillaje, con más herramientas. 


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