CULTURA
- Por: María Paz Villalba y Bianca Ceconello 4° IMVA – Lena Sarú y Vicente Anisky 4° IENM.
En Unquillo, conocida por su tradición cultural, el jazz encontró un espacio de la mano de Marcelo «Chelo» Sarú. Desde 2010, junto a sus compañeros de trío Cristian Andrada y Luis Barzola, exploraron los caminos del jazz en la región, fusionando influencias del folclore, el rock y otros géneros que, aunque parecieran lejanos, se enlazan en melodías novedosas.
El grupo, cuyos integrantes se conocieron de casualidad, aún no tiene un nombre formal pero sí una identidad musical totalmente definida, con Barzola en batería, Andrada en contrabajo y Sarú en piano. Y, aunque a veces invitan a otros músicos, como cantantes o instrumentos de viento, solo ellos tres son la base de la propuesta.
Tocan de manera regular en el restaurante Los Aroza en Villa Allende, un lugar que se convirtió en su escenario predilecto, donde el jazz se presenta de forma íntima y espontánea.

Para el dueño del espacio, también músico, el género musical no es solo un complemento para la atmósfera del lugar, sino parte de la esencia misma del espacio. De esta forma, los artistas encuentran la libertad para experimentar, sin limitaciones y con un público que acompaña.
Así, el repertorio incluye estándares de jazz, así como versiones adaptadas de temas de rock nacional y folclore argentino, con el fin de que la audiencia encuentre en cada interpretación algo familiar y, a la vez, sorprendente.
Este enfoque permite que quienes asisten a sus presentaciones se sientan parte de la experiencia, ya que el trío logra capturar la esencia de canciones populares y reversionarlas. En tanto, aún no incluyen composiciones propias. “Ningún show suena igual que otro; depende del momento, el lugar y la gente”, afirma Sarú.

El Milenio: ¿Cuáles son las principales puertas que se les han abierto por estar asociados a un lugar icónico como Los Aroza y cuáles han sido los desafíos que tuvieron?
Marcelo Sarú: Es un lugar que te permite mostrar y mostrar a gente que por ahí no ha escuchado jazz habitualmente, y se ha encontrado con que le gusta, con que la pasan bien, sin saber nada. Mucha gente no conoce ni siquiera qué tema estás tocando, porque no es un género tan popular, son canciones largas, instrumentales, con mucha improvisación. Pero de repente hay quienes se terminan sintiendo bien y hemos encontrado ahí como una apertura también a eventos que nos han contratado.
Los desafíos vienen de la mano tocar mucho tiempo, en un mismo lugar y requiere que tengas cambios para no cansar ni al público ni a nosotros mismos o a los dueños. Entonces, hay que estar siempre en movimiento.
EM: ¿Cuáles son los criterios que utilizan para elegir el repertorio de sus presentaciones?
MS: Nos centramos en estándar de jazz y en versiones de canciones, algunas canciones que son más conocidas. Como los estándar de jazz no son tan conocidos para el común de la gente, a veces elegimos algunas canciones por lo menos para decir ‘bueno, vamos a regalar algo a la gente para que reconozca’.



EM: ¿Suelen tocar en lugares distintos a bares? Quizás en salas más enfocadas en lo artístico
MS: En Córdoba tocamos en espacios que permiten propuestas más culturales y artísticas, alejándonos un poco de los restaurantes. Aquí en la zona también solemos participar en eventos organizados por la Municipalidad o en Río Ceballos, donde he tenido varias oportunidades de tocar, sobre todo en verano cuando organizan eventos.
También hemos estado en el cine local o en lugares como el Museo Spilimbergo. Generalmente en Córdoba encontramos esas pequeñas salas para presentaciones más propias y creativas. Creo que tocar en el Teatro Real en Córdoba fue importante.
EM: ¿A que lugar les gustaría llegar? ¿Se plantean tocar en algún festival en particular?
MS: A veces lo pensamos. Nos atraen mucho los festivales, sobre todo por la posibilidad de viajar. Además, en esas instancias es posible conocer a músicos de otros países e intercambiar experiencias. Normalmente, además de tocar tu música, hay sesiones de jam donde todos improvisan, y eso te da la oportunidad de cruzarte con otros músicos.
Hay muchos festivales importantes en Europa, Estados Unidos e incluso en Buenos Aires. Donde sea que toquemos, creo que la experiencia sería increíble. Igualmente, la realidad te enseña a valorar lo que tenés y a disfrutar de cada oportunidad, por pequeña que sea. Al final, podés disfrutar tanto en una pequeña sala para un público reducido como en un gran escenario. Los proyectos y las metas están ahí, pero lo importante es vivir el momento y adaptarse a lo que se va dando.

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