Cultura
Por: Mia Tabares y Candelaria Staricco 6° IMVA – Catalina Gos y Guadalupe Bustos 6° IENM.
Su formación en diferentes estilos y como profesora de Educación Física y Técnica en Tiempo Libre y Recreación, le permitieron tomar conciencia del cuerpo, el movimiento y la creación colectiva.
Desde sus inicios en la danza, alrededor de 1989, y como educadora desde 1995, Ariana fue entretejiendo sus prácticas de baile y conciencia corporal atravesados por la palabra. Actualmente, se desempeña como profesora en la Universidad Provincial de Córdoba y dirige el elenco de La Indómita Danza Orquesta.

“Tomo el baile como filosofía de vida, conozco el mundo, atravieso el mundo a través de la danza y es el modo en que me gusta conocerlo”, comentó en diálogo con El Milenio. Asimismo, sostuvo que “hay muchas posibilidades que se abren desde el movimiento y la expresión como formas de conocer las corporalidades”.
De toda su investigación nació el libro “Prácticas Fractales. Procesos de aprendizaje y creación en danza” en 2022, y de él se desprendió, más tarde, “Poesía kinética” publicado este año.
“Cuando me entero
que este cuerpo que soy
es mi casa…
no me queda más que danzar,
y así acomodar mis piezas”
El Milenio: ¿Cómo empezaste a bailar? ¿Cómo fue ese despertar de la danza en vos?
Ariana Andreoli: Empecé danza de adolescente, el registro que tengo es de los 14 años cuando me mandaron a danza jazz porque quería bailar, era muy tímida y me daba vergüenza estar en el salón lleno de espejos. De ahí no paré más. A los 18 descubrí la danza contemporánea y empecé.
Cuando terminé la escuela secundaria no existían las carreras de danza y estudié educación física que era lo más cercano a moverse y a conectar con el cuerpo, pero ya sabía que el baile era algo que quería hacer. También pasaba que, en mi contexto familiar no estaba esa información, que la danza era una carrera a la cual te podrías dedicar. Después estudié otra carrera que tenía que ver con educación popular. También estaba el interés en torno al rol del docente. Esto fue alrededor de los 2000, y a su vez comencé a profundizar en contemporáneo y en contact. Fue de forma paralela que hice teatro y danza, y más fuerte en teatro clown.
EM: ¿Qué te inspira a seguir abriendo rumbos en esta práctica?
AA: Creo que una de las primeras cosas es el placer por el movimiento, el placer por bailar, el placer de bailar con otras personas, de compartir esos viajes danzados. Además cuando estoy en el rol docente, también el poder abrir y compartir el goce del cuerpo, las posibilidades que tenemos desde el movimiento, desde la expresión, a partir del mover cómo nos podemos conocer y tener más conocimiento de qué nos pasa en las corporalidades, en nuestra emoción, en el vínculo con las personas.
Siempre estoy asociando con esa práctica y cuando estoy en escena, cuando hago obras, esa construcción que hacemos, más allá de las temáticas que se atraviesan, siempre se está escuchando un nuevo mundo posible. Entonces, aparece un nuevo lugar donde poder hacer una crítica sobre un tema de la realidad, donde se ponen en cuestión distintas temáticas. Son cosas que para mí traen vitalidad; y creo que ese lugar junto con el placer y el goce son una combinación de motores que me hacen seguir eligiendo la danza en sus distintos aspectos.

EM: En el libro “Poesía kinética” se ve reflejada la relación entre la danza y la palabra. ¿Cómo es ese vínculo para vos?
AA: Todos los poemas que están escritos en ese libro surgen después de dar clases de distintas danzas. Algunas surgieron de encuentros y otras a partir de procesos de creación de alguna obra. También a partir de consignas dadas en clases, de observar a los cuerpos bailando y también de volver a expresarme yo, con consignas que comparto con aprendices o con personas que participan de los talleres. A partir de ese registro, de lo que sucede en el cuerpo, es que voy configurando esas poesías que escribía en una bitácora, un registro mío, y después las fui reacomodando y se configuró ese libro.
En alguna oportunidad dicté talleres que llamé “Poesía kinética” pensando en la relación de trabajos de conciencia corporal, de poder conocer la propia corporalidad, desarrollar cualidades del movimiento o distintas técnicas de la danza enmarcadas en danza contemporánea, y con ejercicios que tienen que ver más con la creación o la composición. Entonces era generar poseía moviéndonos. Después esto se fue configurando en textos, en palabras.

EM: ¿Cómo se manifiesta este vínculo entre la danza y la palabra en tu faceta como directora de obras?
AA: El vínculo se da porque me gusta sistematizar la práctica y trabajar con los registros en los procesos de creación o en las clases. Siempre forma parte de alguna de las consignas la instancia de escribir desde las sensaciones, la percepción que se tuvo en relación al propio cuerpo, a la experiencia o alguna información que queda de la experiencia vivida. También tienen que ver con un gusto por la observación en la propia experiencia, en las experiencias de otros y probar la naturaleza, el contexto. Por lo tanto, esa posibilidad de observación de distintas realidades de paisajes, permite tener también más unidad en las palabras o más información para generar metáforas o asociaciones en relación a lo que podemos bailar y las posibilidades que vamos viviendo. Todo lo que permite enriquecer esa experiencia del movimiento se registra y puede dar inicio a una producción teatral por ejemplo.
EM: ¿Cómo se desprende este último libro de poesía del libro que publicaste anteriormente?
AA: Ese primer libro tiene que ver más con el rol de educadora y creadora, tiene distintas capas de escrituras. Hay una escritura más informativa que tiene que ver con mis construcciones metodológicas, por ejemplo, o con situaciones en contexto que apuntan a la construcción de saberes en torno a la danza. Entre medio de eso, fluían escritos más poéticos. Después decidí extraer eso y solo focalizar los poemas para que sea algo más portátil y viajero, y que pudiera circular por cualquier persona, más allá de que se dedique o no a la danza.
Lo fui organizando e hice lecturas con personas que no hacen danza específicamente para ver cómo reaccionaban y generó una resonancia en torno a cosas de la escritura y a la corporalidad por cómo están combinadas las palabras o las imágenes que aparecen y las personas lo pueden asociar a distintas acciones.
EM: ¿Qué consejos le darías a alguien para abrirse a la danza?
AA: En principio quitarse cualquier tipo de prejuicio y de imaginario que puedan tener en torno a lo que es la danza para animarse a explorar, a probar y saber que hay una diversidad enorme de prácticas del bailar. En este contexto de Sierras Chicas, hay muchas personas que están dando clases de danza y lo hacen desde un lugar no hegemónico en torno a lo que es bailar y a los tipos de cuerpos. Se piensa como una práctica saludable, vital, que permite desarrollar tu corporalidad, tu espíritu, y es abrirse, entregarse, animarse y dejarse sorprender porque puede ser mucho más amplio que el imaginario que tenemos en la cabeza. Y también hay que bancarse el disfrute, porque a veces cuesta.

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