- Por Sofía Lagrotteria (IMVA).
El cementerio municipal Santa Inés no es el más popular de Villa Allende en la actualidad, pero alberga una parte fundamental de su historia. Aunque es imposible establecer una fecha exacta de apertura, se estima que comenzó a operar aproximadamente en 1923, ya que se tienen registros de actos y conmemoraciones religiosas realizadas desde esas tempranas fechas.
Lo que sí se conoce con certeza es que el 9 de mayo de 1893, Mercedes Goycochea de Allende donó los terrenos sobre los que se asientan no sólo el cementerio, sino también la plaza y la parroquia local.
En esas escrituras se habla de un lote de 80 metros de frente por 9 metros de fondo, con una superficie aproximadamente de casi 7.200 metros cuadrados.
En una visita especial de El Milenio, Nicolás Loza, actual responsable del espacio, explicó que la necrópolis tuvo dos principales cuidadores a lo largo de su existencia, Don Luis Bradán y Don Alfredo Mario Ríos, siendo este último quien realizó el cuidado del lugar en compañía de sus hijos Mario Alfredo y Luis Oscar.
Cabe resaltar que, originalmente, el cementerio era propiedad del Arzobispado de Córdoba. Es recién durante el año 2012 que pasó a funcionar bajo la administración de la Municipalidad de Villa Allende, como forma de cumplir con uno de los últimos anhelos del Padre Humberto Mariani, reconocido párroco de la ciudad.
Desde ese momento, el predio que se encuentra ubicado entre las calles Zenón Bustos, Duarte Quirós y Bartolomé Mitre de Barrio Industrial, comienza un largo recorrido para encontrar un nuevo propósito en este contexto donde los camposantos parecen ir quedando en el pasado.
Como destacó Loza, es importante recordar que el cementerio alberga la memoria y los recuerdos de los primeros vecinos de Villa Allende, entre ellos ex intendentes, figuras de la cultura e incluso fundadores y jugadores de los clubes deportivos más importantes de la ciudad, como el Villa Allende Sport Club, el Club Atlético Quilmes y el Golf Club.
No obstante, como reconoció el cuidador de Santa Inés, después de la pandemia del Covid-19, muchas personas comenzaron a utilizar la cremación como una salida mas rápida para sus difuntos, por lo que la vida útil de los cementerios está llegando a su fin.
Un problema difícil de resolver

Según contó Loza, cuando en el año 2012 la Municipalidad comenzó a ocuparse del lugar, lo encontró en un estado de casi abandono. “Con mucha suciedad acumulada en sus pabellones y galerías, con telarañas y basura acumulada en sus cestos. Restos de ladrillos y escombros esparcidos por todo el cementerio, pastizales en sus espacios verdes y techos poblados de yuyos y humedades”, enumeró el actual responsable.
Si bien durante los últimos años se realizó un gran trabajo para acondicionar el lugar, los problemas estructurales y edilicios cuentan con muchos años de antigüedad, dificultando su mantenimiento y futuras inversiones.
Entre estos problemas se destacan la imposibilidad de realizar obras para evitar la humedad en los principales espacios del predio sin comprometer su estructura, los diferentes robos que suceden frecuentemente y la contaminación y mal olor reinantes al estar cerca de establos de caballos.
Todo esto sumado al problema de la falta de compromiso de los deudos en cuanto a la limpieza y cuidado de los nichos familiares, donde muchas veces las familias no ingresan a realizar los cuidados correspondientes, pese a tener las cuotas al día. En algunos casos, las parcelas han sido compradas a perpetuidad, pero no hay familiares en la ciudad que las visiten o mantengan.
Posibles soluciones
Nicolás también contó a este medio que la vida útil de este tipo de cementerios «no pasará de los cinco a diez años» por lo que es urgente encontrar una solución para el Santa Inés y su real utilidad para la sociedad.
Entre las propuestas que se están barajando es convertir el lugar en un museo histórico que mantenga viva la memoria de los primeros habitantes de la ciudad y que actualmente descansan allí.
“Otra situación no menor es la falta de una ordenanza que regule la actividad del mismo. De contar con dicha normativa se podría trabajar de otro modo en distintos aspectos como exhumaciones y reparaciones de distintos sectores”, cerró Loza.
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Es lamentable el estado del cementerio. Total abandono, robos de placas, adornos. Un lugar que como dice la nota guarda parte de la historia de la Villa hoy totalmente abandonado y sin ninguna seguridad. Ayer me dió miedo una vez adentro y mucha pena. La gente de antes luego de tener su casita la otra preocupación era tener su nicho, el cual era comprado a perpetuidad. Hoy es lamentable ver que el municipio no tome medidas y exija que los responsables cumplan con su trabajo de mantenerlo y dar seguridad a los visitantes y a nuestros difuntos. Una verdadera verguenza. Puedo decir que estaba mucho mejor antes cuando estaba a cargo de la Parroquia.
Mirta Adriana Monserrat