- Participaron: Catalina Sureda y Constanza Di Pola (4to IENM). Juliana Bordini y Joaquín Centeno (4to IMVA).
“Los incendios son una herramienta para el cambio de uso del suelo”, resume en pocas palabras Joaquín Deón en su paso por El Milenio. “Cuando se incendia un bosque nativo, se deteriora y pierde su categorización. Es decir que, para la Ley de Bosques, deja de ser zona roja, que es la de máxima protección, y le inventan otro color que puede ser el amarillo o el verde, permitiendo así cambiar el uso de esa tierra”, expresó el geógrafo e investigador del CONICET oriundo de Sierras Chicas.
Durante la pandemia, en nuestro país se quemaron más de 3.800.000 hectáreas de bosque, especialmente en El Litoral y en Córdoba. Es justamente en este periodo que nace el libro “Argentina en llamas. Voces urgentes para una ecología política del fuego”, una propuesta del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires.
Esta obra reúne el trabajo tanto de investigadores, como de personas que forman parte de espacios de lucha colectiva y prevención de incendios. En el marco de su trabajo para el Doctorado en Estudios Sociales Agrarios y el Doctorado en Estudios Urbanos Regionales, Deón participó del libro con un capítulo titulado: “Organización social ante los desastres incendiarios del capital en las sierras cordobesas”.

“El compromiso no solo vino por investigar, analizar o hacer docencia sobre estos temas, sino también por poder prepararnos para combatir el fuego”
Joaquín Deón
El Milenio: ¿Cuál fue el puntapié inicial de tu trabajo?
Joaquín Deón: Una de las primeras cosas que observé fue que después de los incendios de la década del 80 y 90, nacieron los cuarteles de bomberos voluntarios; y tras los incendios de las décadas del 2000, 2010 y 2020, empezaron a emerger otros agentes sociales, basados en lo comunitario y lo territorial, que son las brigadas forestales.
Además, en el contexto de los incendios, muchas de las personas que trabajamos en investigación fuimos a poner el cuerpo para defender los lugares que estaban en riesgo. Entonces el compromiso no solo vino por investigar, analizar o hacer docencia en esos temas, sino también por el poder prepararnos para ir a combatir el fuego.
EM: ¿En qué se basa el grueso de tu investigación?
JD: Lo que hice fue observar algunos aspectos en los incendios que ocurrieron entre 2010 y el comienzo de la década del 2020. Me puse a ver qué pasó con los permisos que empezó a dar la Provincia de cambio de uso del suelo en esos lugares y resulta que todos los inmuebles que se incendiaron en zonas rurales serranas, tuvieron estudios de impacto ambiental y autorizaciones para uso minero, recreativo, deportivo de élite (con circuitos motocross, enduro y cuadriciclo) y factibilidades de loteo o subdivisión en formato de barrios cerrados.
Entonces ahí yo pude obtener un cúmulo de información muy importante: unas 32 mil hectáreas estaban viviendo ese proceso de incendio y cambio de uso del suelo acelerado. Al mismo tiempo, el Instituto de Planificación Metropolitana (IPLAM) estaba buscando aprobar un proyecto de ley donde se establece que, de las 120 mil hectáreas de bosque nativo que quedan en nuestra serranía, el IPLAM solo podría garantizar la conservación de unas 80 mil.
¡Opa! Se comieron más de 30 mil hectáreas, ¿dónde están? Justo ahí están en esas tierras que se quemaron, se vendieron y ya están con prefactibilidades y pedidos de cambio de uso del suelo.

EM: ¿Y eso ha cambiado en la actualidad?
JD: Sí y no. Lo que sucede ahora es que, después de los últimos incendios, hay un marco normativo que tienen que sortear, que son ley nacional del Sistema Federal de Manejo del Fuego y la ley provincial de Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos. Estas normativas establecen que después de los incendios no se puede desmontar.
Sin embargo, los grupos empresariales se agarran de dos artículos de esas mismas leyes para pedir los cambios de uso del suelo: el artículo 14, que establece que las obras de interés público se pueden realizar dentro de estos terrenos, y el artículo 37, que prácticamente autoriza la minería en cualquiera de esas zonas.
Lo que sucedió fue que empezaron a aparecer pedidos de los grupos empresariales para hacer lagunas de retención, propuestas como obras de interés público, pero en el marco de proyectos privados. Eso es lo que muchas veces les termina dando la última habilitación que necesitan para establecerse donde técnicamente no está permitido.
EM: ¿Sobre qué aspecto crees que urge generar conciencia y qué rol toma la sociedad ante esta problemática?
JD: El libro tiene toda una parte hecha por personas que también estuvieron en los incendios, y que desde el arte logran sensibilizar de otra manera. Hay posteos que hicieron poetas, pintores, fotografías de instagramers y todo tipo de expresiones en torno a estos hechos.
Entonces es un libro que también permite abordar las sensibilidades más allá del momento del incendio. A todos nos duele cuando vemos la foto de un caballo que está todo quemado, una corzuela muerta con sus patas completamente calcinadas; pero después, ¿cuántas o cuántos nos preocupamos por lo que ocurre en ese sitio en los años siguientes?
Las personas que habitan en las zonas periurbanas se preocuparon tanto por eso que hasta organizaron un nuevo tipo de brigadas, que son las brigadas de apoyo y acompañamiento a quienes lo perdieron todo.
Llamaron al Colegio de Veterinarios y éste hizo una convocatoria ad honorem para profesionales que quisieran ayudar tanto a esas familias como a los animales silvestres malheridos que las llamas dejan a su paso. Por suerte muchísimos respondieron a la convocatoria y muchas familias campesinas pudieron volver a sus tierras, lo cual es fundamental para que no se las lleve la presión inmobiliaria.
Entonces, el libro no solo ayuda a que podamos tomar conciencia, sino que también contiene esa expresión de unir a las personas. Que podamos vernos en ese trabajo colectivo de transformar todo el dolor que genera un incendio, en una oportunidad para que el monte vuelva a renacer, así como la comunidad que lo habita.

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