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Un vivero para aprender haciendo

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Hace una década nació Romeritos, un taller propuesto por Apadro y dedicado especialmente a personas con discapacidad, pero abierto a toda la comunidad. A partir de este año el proyecto se enfocó en el reconocimiento y producción de plantas nativas con el objetivo de generar conciencia ambiental y acercar a sus integrantes al mundo laboral.
  • Por Daiana Zilioli. periodico@elmilenio.info
  • Colaboración: Bianca Squinobal, Federica Miretti, Jazmín Saracho y Azul Seydell (4to IENM).

La propuesta nació hace diez años como un taller con fines principalmente terapéuticos, pero, según cuentan los actuales referentes del espacio, a principios de 2022 el proyecto denominado Vivero Romeritos dio un giro hacia la producción de plantas nativas, entendiendo que sus beneficios son muchos y la educación es urgente.

“Cuando comenzó el proyecto se producían aromáticas, algunas plantas ornamentales, cactus, suculentas y plantines para huerta, pero muy poco de lo que es especies autóctonas. Por lo que este año decidimos cambiar la mirada”, comparte Santiago Barreras, uno de los profesionales del espacio e impulsor del vivero El Tacku en Villa Allende.

A él se suman Constanza Riaño, psicóloga, acompañante terapéutica y coordinadora del taller, y Caterina Cabo, artista plástica. “Todos somos amantes de la naturaleza, guardianes del monte y militantes por la inclusión”, resumen en diálogo con El Milenio.

“Cuando me invitaron como coordinadora lo primero que pensé fue en sumarlo a Santi con su proyecto El Tacku, como una forma de agradecerle por sostener esta bandera de las nativas hace 15 años”, recuerda Riaño, para quien el trabajo en red es fundamental.

“La Coti”, como la llaman sus conocidos, trabaja en Apadro (una ONG dedicada a la inclusión de personas con discapacidad) hace más de una década, aunque es “nuevita” en el vivero. Sin embargo, su preocupación por el cuidado del ambiente es, junto al trabajo comunitario, una forma de vida para ella.  

“Desde lo personal, la idea de enfocarnos en nuestro monte nativo surge del interés en aportar un granito de arena concreto en cuanto a conciencia ambiental”, explica. Por eso, si bien el taller responde a una de las tantas propuestas de Apadro y quienes asisten en su mayoría son personas con discapacidad, el espacio está abierto a la comunidad en general. 

Respecto a la dinámica del taller, se dicta dos veces por semana en la sede de dicha institución (Elpidio González 201), los lunes por la tarde y los miércoles por la mañana. Las actividades son diversas y van variando de acuerdo a los intereses y particularidades del grupo. 

“Los lunes compartimos clases con Santi, donde nos enfocamos en plantas nativas, y los miércoles con Cati se hacen manualidades como macetas y cartelería, compost e incluso diferentes tareas que buscan mejorar la accesibilidad para quienes, por ejemplo, utilizan sillas de ruedas, entre otras”, detalla Riaño, quien además de coordinar esta propuesta también es profesora de murga en Apadro.

“Es hermoso que se corran del lugar de ser siempre los que reciben, para descubrirse ayudando, aportando y siendo conscientes de que el ambiente necesita la colaboración de todos”

Constanza Riaño

Apostar a las nativas

Este año, la infraestructura del Vivero Romeritos se vio adaptada para estas nuevas especies autóctonas con las que comenzaron a trabajar. Desde cómo se ubican, el riego, el sol que necesitan o el tamaño de los canteros; hasta el espacio de circulación pensando en quienes asisten. 

Según explica Santiago, los beneficios de trabajar con plantas nativas son muchos y en un contexto de emergencia hídrica, reforestar se vuelve imprescindible. “Los riegos de especies autóctonas pueden espaciarse un poco más en comparación con otro tipo de plantas, que prácticamente las tenés que regar todos los días”, aclara el especialista y destaca la importancia de aprender a reconocer las nativas, sus cuidados y beneficios para el ambiente. 

“Con Romeritos también apuntamos a instalar la idea del monte nativo en casa, como algo habitual en nuestros jardines”, comparte Coty. Es por eso que se vuelve necesario reforzar la idea de que los cuidados generales son más simples que los de otras especies y que los beneficios para la fauna local son enormes y prioritarios.

De las plantas a la inclusión

Además de los contenidos teóricos y prácticos que se comparten, el espacio también está pensado como un momento de encuentro, escucha y contención. “Es hermoso lo que sucede en el taller cuando cada quien se pone en el lugar de que tenemos mucho para hacer. Correrse de ser los que siempre reciben, para empezar a descubrirse ayudando, aportando y siendo conscientes de que el medio ambiente necesita de nuestra colaboración y tenemos las herramientas para hacerlo”, destaca la coordinadora. 

Cabe mencionar que otro de los objetivos del taller es brindar herramientas para la inclusión laboral, por lo que muchas plantas producidas se ofrecen en ferias de la zona, animando además a la autogestión del espacio y a la concepción de una posible salida laboral.

“Hay chicos que les cuesta el manejo del dinero, por lo que ayudarlos con la comercialización de las plantas que se producen es una manera de aprender haciendo”, apunta Santiago. Sin embargo, no se pierde de vista que el foco actualmente está puesto en el aprendizaje en torno a las nuevas especies (espinillos, algarrobos, quebracho blanco, entre otras).

Sembrando a futuro

Además de Romeritos y El Tacku, en Sierras Chicas son varios los emprendimientos que se han gestado en torno a la producción de plantas nativas. Tal es el caso del Vivero Municipal El Renoval en Salsipuedes y el Proyecto Hormiga en Unquillo, quienes, además, buscan brindar soluciones a diversos problemas ambientales.

Por este motivo desde el taller del vivero de Apadro se proponen seguir aprendiendo, sembrando y educando, con la mirada puesta en establecer lazos más fuertes con otros espacios y actores sociales.

“La idea es terminar siendo miniproductores de El Tacku y que el día de mañana podamos ofrecerle nuestras plantas nativas para su comercialización. Que sea allí donde se vendan y nosotros enfocarnos en la siembra, producción, reconocimiento y concientización”, comparte entusiasmada Riaño.