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La antropología al servicio de la justicia

Karina Gómez es antropóloga forense y se dedica a analizar un campo muy particular: el trabajo de la Justicia y sus actores en los casos de femicidio. Con una larga trayectoria en distintas investigaciones, la profesional busca mejorar el funcionamiento del sistema judicial al momento de investigar muertes violentas de mujeres, para que así se alcance una sentencia correcta.
  • Por Milagros Alcántaro. periodico@elmilenio.info
  • Colaboración: Rocío Ibarra y Valentín Alive (4to IENM). Santiago Romano, Facundo Alanis y Tiago Mastronardi (4to IMVA).

“Lo que hacemos los y las antropólogas es dedicarnos a observar cuáles son las maneras de sentir y vivir de distintas personas, en distintos contextos”, resumió Karina Gómez Rodas, antropóloga del Servicio de Antropología Forense del Instituto de Medicina Forense de Córdoba. En su caso, el área en que se desempeña añade una interesante particularidad a la definición, ya que se dedica a investigar el sistema de juicios en los casos de femicidio y los actores que en él intervienen.

Oriunda de Mar del Plata, pero vecina de Río Ceballos, Karina también se desempeña como docente del Instituto Educativo Nuevo Milenio. En diálogo con los estudiantes, empezó diferenciando tres ramas de la antropología: la social, la forense y la arqueología. 

Mientras la antropología social indaga cualitativamente la forma de hacer, sentir y vivir de distintos grupos contemporáneos, la arqueología tiene un trabajo de campo más técnico, con excavación y rastrillaje, ya que apunta a analizar la cultura material de sociedades pasadas.

Por último, la antropología forense busca la identificación del individuo, así como la determinación de la causa y circunstancias de su muerte, por lo que resulta esencial para la recuperación de los restos de personas desaparecidas.

 “Se dice que una persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. En este caso es al revés: uno siempre tiene que sospechar que fue un femicidio y después buscar las pruebas”

Karina Gómez

Siguiendo esta línea, en sus comienzos, Karina realizó tareas de colaboración junto a un equipo de investigación en un ex centro clandestino de detención, en la Escuelita de Famaillá (Tucumán). Luego, con su tesis, su trabajo empezó a conjugar la antropología forense con la social para analizar cómo trabajan las personas a cargo de investigar la muerte violenta de una mujer.

“Se observa, por ejemplo, si la evidencia está interpretada o leída con perspectiva de género, si se cumplieron los protocolos, porque si se omiten algunas miradas o curiosidades iniciales, puede ser que esos casos terminen como una muerte simple, un suicidio, un accidente o un crimen de otro tipo”, explicó la antropóloga y docente.

En este sentido, destacó que existen protocolos y guías para estos casos, cuyo cumplimiento es fundamental, especialmente a partir de la modificación del artículo 80 del Código Penal, en el que se toma en cuenta al femicidio como agravante del homicidio. 

“Yo no hago una supervisión de la Justicia, lo que hago es ver cómo se hace este trabajo: tomo desde el momento que sucede el hecho, quién levantó el cuerpo y analizó la escena del crimen, hasta que eso acaba en la sentencia. No observo solamente a la policía, sino también a los abogados, jueces y fiscales”, explicó Gómez. ¿Cómo trabaja esta persona? ¿Por qué lo hace así y no de otra manera? ¿Está pensando o actúa mecánicamente?, son algunas de las preguntas que disparan su indagación. 

Como parte de su labor, la profesional lleva su investigación a congresos nacionales e internacionales, además de escribir artículos para revistas académicas. Muchas veces es convocada por las Fuerzas de Seguridad para divulgar estos protocolos y que comiencen a aplicarse efectivamente. En definitiva, trabajos como el de Karina ayudan a resaltar la importancia de la investigación y de la antropología para mejorar el sistema de Justicia. 

El Milenio: ¿Tiene nuestro país aportes en este tipo de protocolos?

Karina Gómez: En realidad tiene un protagonismo importante, hay que reconocerlo casi como un orgullo nacional, porque realmente somos uno de los países innovadores en términos de derechos, en materia de género y de diversidad.

Sofía Egaña, mi directora de tesis, es la única en nuestro país y la primera que ha empezado a abordar esto, a tal punto que es una referente no sólo en Latinoamérica, sino que también participa en otros países, junto con distintas organizaciones, en la elaboración del primer “Protocolo latinoamericano», un marco que después cada país va a tomar como modelo y adecuar a su legislación.

EM: ¿Cuál es la importancia de estos protocolos?

KG: Ante una situación de muerte violenta de mujer, lo primero que hay que hacer es pensar que fue un hecho donde hubo una situación previa de violencia de género y, a partir de ahí, ir descartando. Se dice que alguien es inocente hasta que se demuestre lo contrario, en este caso hay que hacer al revés: uno siempre tiene que tener la sospecha de que fue un femicidio y después buscar las pruebas. Si yo no tengo esa premisa por delante, puedo omitir un montón de señales e indicios, y entonces esa muerte no se va a juzgar o no tendrá la sentencia que corresponde, pasando como un simple accidente.

La importancia de que estos protocolos se lleven adelante es que la Justicia investigue de manera correcta y que el femicida no quede suelto. De lo contrario, las personas no reciben justicia, sobre todo los hijos de las víctimas, que hasta pueden terminar viviendo con el femicida. En general, cuando esto sucede, hay indicios y pruebas de violencia, no son hechos aislados. Si no se aplican estos protocolos, la sentencia puede ser incorrecta y no va haber una reparación y un cuidado hacia las víctimas. 

EM: ¿Cómo ves el tratamiento que hacen los medios de comunicación sobre estas situaciones?

KG: Con el caso de femicidios, se espectaculariza mucho, se da información incorrecta, se culpa frecuentemente a la víctima, no se analiza con perspectiva de género, ni se piensa en la familia. Muchas veces se leen notas donde ponen especificaciones de cómo ha sido maltratado ese cuerpo. 

Me parece una irresponsabilidad tremenda, porque al espectacularizar a veces consiguen que las prácticas que llevan adelante sobre las mujeres sean casi un ejemplo a seguir, en lugar de prevenir y acompañar. Entonces creo que hoy por hoy, hay una gran responsabilidad de los medios sobre este tema y es fundamental que apliquen la perspectiva de género.