20 agosto, 2022

El Milenio

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Sembrando guardianes del monte

Desde la Asamblea del Monte de Unquillo se creó un juego de mesa que busca convertirse en una “herramienta lúdica para encarar el camino de la educación ambiental”. Dirigido a niños, niñas y jóvenes, con una lógica colaborativa, “Sacháyoj” ya fue bien recibido en varias escuelas de Sierras Chicas y sueña con expandirse a otras regiones.
  • Por Matías Candoli. periodico@elmilenio.info
  • Colaboración: Candelaria Staricco y Josefina Ryser (4to IMVA). Delfina Dehaine y Pilar Tello (4to IENM).

La defensa del monte nativo se hace cada vez más difícil ante el avance del extractivismo, el crecimiento inmobiliario y los incendios forestales. Por eso, desde la Asamblea del Monte de Unquillo (AMU), agrupación ambiental nacida en 2017, se creó un juego de mesa que apunta a “generar conciencia” en infancias y juventudes en torno al cuidado de nuestro territorio. 

Sacháyoj, nombre con el que fue bautizado este singular proyecto, es una palabra que proviene de los vocablos quechuas sacha (bosque) y -yuq (“el que tiene”) y hace referencia a un ser mítico del norte argentino que protege el monte.

“Lo que proponemos es un juego colaborativo de cartas en el que participan de dos a cuatro jugadores, con una mecánica compleja pero atrapante. El objetivo es recuperar los amuletos del Sacháyoj para restablecer el equilibrio y convertirnos en guardianes del monte”, contó Misael Montaño, integrante de AMU y parte del grupo creador del juego.


Hoy ingeniero civil, egresado del Instituto Educativo Nuevo Milenio, Montaño explicó que el Sacháyoj apunta a “revalorizar las cosmovisiones de los pueblos originarios, a través de la búsqueda del equilibrio en nuestro vínculo con la naturaleza, reconociendo y respetando la Madre Tierra”.

En este sentido, un elemento clave en la dinámica del juego es la figura de los “pagamentos”, presente en las culturas nativas. “Para alcanzar esta llave del equilibrio, el juego propone realizar pagamentos a través de ofrendas (representadas con cartas), retomando así el concepto de reciprocidad”, explicó Misael.

El proceso que llevó a plasmar esas ideas en un conjunto de cartas, fichas y tableros no fue nada sencillo. “En una primera instancia, uno de los integrantes de AMU propuso tener una herramienta lúdica para encarar lo que es el camino de la educación ambiental. Esta herramienta se tradujo en un prototipo y después conseguimos financiamiento para materializarla”, recordó Montaño.

En este punto aparece un actor clave: el Ministerio de Cultura de la Nación, a través del programa Puntos de Cultura, del cual Sacháyoj fue beneficiario. “La asamblea presentó el proyecto con el fin de obtener un subsidio que permitiese imprimir las cajas, las cartas, las fichas y todo ese material que hace al juego”, refirió Montaño y añadió que la idea siempre fue distribuirlo gratuitamente en las instituciones educativas, como de hecho vienen haciendo.

“Lo que proponemos es un juego colaborativo que revaloriza las cosmovisiones de los pueblos originarios, a través de la búsqueda del equilibrio en nuestro vínculo con la naturaleza”

Misael Montaño

A jugar en las aulas

Así, tras conseguir financiamiento, el Sacháyoj empezó a “moverse” por los colegios de la región. “El año pasado ya comenzamos a trabajar con distintos profesores, a quienes primero les acercamos una serie de actividades que son la introducción a la leyenda de este espíritu guardián”, contó Misael y destacó asimismo los talleres que llegaron a dar en distintas instituciones.

En ese recorrido, el Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo también formó parte. “Fuimos como equipo de trabajo, con varios juegos. Formamos grupos con los chicos (que antes habían escuchado la leyenda) y lo jugamos”, recordó Montaño. “Hicimos cinco talleres en diferentes colegios, trabajando principalmente en primero y segundo año del secundario, pero también en la primaria”, agregó.


Con el fin de “abordar más el significado que trae el juego y explicar bien su mecánica”, actualmente desde el equipo Sacháyoj se dedican a realizar jornadas de formación para los docentes interesados en la propuesta, con el objetivo de que puedan seguir trabajándolo en las aulas.

Así, la etapa de difusión del juego sigue su curso, mientras el entusiasmo de sus creadores crece con cada devolución de los docentes y estudiantes de Sierras Chicas. “La reacción de los chicos y chicas al jugar ha sido muy linda. Recibir esa predisposición es muy bueno, ya que el juego propone una complejidad que, sobre todo al principio, en el proceso de aprendizaje, cuesta un poco superar”, explicó Montaño.

En este sentido, una cualidad distintiva del Sacháyoj es que se trata de un juego colaborativo, es decir que los participantes no compiten entre sí, sino que todos cooperan para alcanzar la victoria. “Una vez que uno entiende cómo funciona, es un juego de bastante estrategia y atrapa mucho la atención de los chicos. Realmente te dan ganas de jugarlo y se quedan entusiasmados”, señaló el integrante de AMU.


Lo cierto es que la creación de Sacháyoj implicó un trabajo intensivo por parte de sus creadores ya que, como ellos mismos cuentan, hacer un juego de mesa desde cero es un proceso que lleva aproximadamente dos años, con mucho tiempo de pruebas y testeos, plazo que para la asamblea sierrachiquense se acortó a uno.

Por razones de tiempo, hubo algunas cuestiones que tuvieron que “dar por hechas”, pero finalmente, como señalaron, los resultados a la hora de probar el juego en los colegios fueron muy buenos. “Igual, cada cosita que vamos viendo la anotamos para sumarla a futuro, ya que el juego tiene la ventaja de ser muy adaptativo, se pueden ir simplificando algunas mecánicas para poder llevarlo a distintos niveles”, agregó Montaño.

Así, con el juego en marcha, el gran objetivo de que cada jugador sea un Sacháyoj, o sea, un “guardián del monte”, no parece tan utópico y menos para Sierras Chicas, cuna e inspiración del proyecto. “Nació con la idea de ser un juego que se difunda en el territorio y que tenga como objetivo esa concientización, esa mirada, ese conocer las problemáticas de nuestro lugar”, destacaron los artífices del proyecto.