11 agosto, 2022

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Cubo Azul: arte en el monte

En medio del bosque rioceballense, un pequeño cubo azul metálico de color azul vibrante alberga más de cien obras pictóricas. El espacio busca consolidarse como punto de exhibición y venta para el arte local. El Milenio compartió una charla con Marcos Sánchez, uno de los autores de la propuesta, para conocer más sobre este nuevo rincón artístico de Sierras Chicas.
  • Por Priscila Carrera. periodico@elmilenio.info  
  • Colaboración: Lautaro Páez y Carolina Etchemendy (4° IENM). Bautista Mancini, Santiago López y Stefano Cagnolo (4° IMVA).

Marcos Sánchez, más conocido como “Siete colores”, es un reconocido artista plástico y muralista oriundo de San Francisco. Ha dejado su huella en diferentes lugares del mundo, pero se estableció en Río Ceballos. Se considera un eterno enamorado de los paisajes naturales y la vida en Sierras Chicas, incluso se describe a sí mismo como “un traductor del paisaje y su naturaleza».

A principios de este año, arrancó un proyecto innovador junto a su amigo, el diseñador gráfico y fotógrafo Santiago Calvo. Se trata de Cubo Azul, una tienda de arte local que actualmente alberga más de cien obras en exposición. Lo llamativo de la propuesta es el formato y el lugar donde se ubica, sobre el Camino del Cuadrado, algo que Sánchez define como “toda una experiencia”.


El Milenio: ¿Qué es Cubo Azul? ¿Cómo surgió este emprendimiento y con qué objetivo?

Marcos Sánchez: Básicamente, es un cubo metálico azul que tiene más de cien obras dentro, acomodadas con un sistema de montaje de tetris, cubriendo toda la superficie de la estructura. 

En esencia, es una tienda de arte. La idea surgió en conjunto con un amigo y artista, al constatar que en Sierras Chicas no hay muchos espacios para adquirir una obra. ¿A dónde irías si quisieras comprar un cuadro? Nos dimos cuenta que no había lugares, mientras que, por el contrario, sí hay muchos colegas pintando y produciendo obras hermosas, sin un sitio para venderlas.

Entonces Cubo Azul es una tienda, donde el objetivo es mostrar y sobre todo vender arte local.

EM: ¿Quiénes producen las piezas que se encuentran en el Cubo? 

MS: En este momento somos nueve artistas, todos de la región, desde Cabana hasta Villa Animí. La idea es que se conozca el trabajo porque realmente hay un nivel muy alto en el arte local. Uno a veces piensa que lo mejor de lo mejor está en un museo importante de París, y realmente es así, pero no es lo único.

Acá en Sierras Chicas hay gente que está haciendo obras de primera calidad, pero por muchas razones, no están en París. Imagino que eso es algo que sucede en muchas disciplinas. Hay grandes artistas en todos lados, hasta en el pueblo más chiquito. Además, en el cubo abrimos las puertas de nuestros ateliers, la gente puede pasar, charlar y ver el proceso de cada pieza. 


EM: ¿De qué se tratan las ferias de arte que han realizado?

SM: Intentamos hacer feria una vez al mes, la verdad que vienen saliendo bastante bien. Hacemos una convocatoria “libre”, aunque yo pido que manden fotos para ver si la obra encaja con nuestra propuesta. 

La feria tiene música en vivo, comida rica y otras actividades. Todo sucede en medio de un bosque de piquillín hermoso, donde cada quien puede sentarse y habitarlo como desee. Aunque estamos sobre la ruta (Camino del Cuadrado) y sentimos pasar los autos, es interesante esa combinación de urbanidad y naturaleza. Es un lugar muy agradable realmente. 

En cada evento conocemos a otros artistas jóvenes que recién están empezando y esos encuentros están muy buenos porque siempre sale algo. Además, el espectador puede charlar con los creadores, cosa que no es posible en un museo. En cambio, en estas ferias sí, los artistas te cuentan su proceso, lo que representa una obra, cómo hace para venderla, sus métodos, todo.

EM: ¿Cómo se integra Cubo Azul con el entorno serrano en donde está inmerso?

MS: Yo estoy seguro que no es lo mismo hacer arte viviendo en el monte que viviendo en la ciudad. Si ves muchas personas y estás enroscado con las cosas de las personas, buenas y malas, vas a pintar personas. 

Y lo mismo sucede con los espectadores. Acá venís a ver obras en un bosquecito de piquillines, es algo atípico, poco común, y esa experiencia también la buscamos deliberadamente, porque podríamos haber alquilado un localcito en el centro, pero decidimos que el contexto tenía que ser otro, para generar una experiencia completa.

Ya el entrar al Cubo con todo ese bosque que te abraza, con esos ruiditos, esa sutileza de la naturaleza, es algo único. Hay cosas muy finitas, inconscientes, pero que son clave. Además, nuestro objetivo es vender y para ello tenemos que emocionar al espectador. Queremos que vea la obra dentro del cubo, algo que tiene un anclaje a lo natural, con todo ese entorno, y piense: “Esto me gusta muchísimo, me lo llevo”. Eso es lo que necesitamos que suceda.


EM: ¿Qué tienen pensado a corto plazo para este proyecto?

MS: Tenemos varias ideas. Hace unos meses, hicimos un encuentro de dibujo. Vinieron 45 personas, cada una llegó y se puso a dibujar. Fue una tarde espectacular y nosotros no hicimos nada, sólo poner mesas y un poco de música. 

Desde ese día tengo la idea de hacer otro encuentro sólo para adolescentes, porque hay muchos chicos que dibujan cosas re lindas y que están creando en sus casas y en el colegio, pero no tienen la oportunidad de mostrarse en ningún lado y este podría ser el espacio. 

También tengo ganas de pintar todo negro y exponer máscaras flotando con una lucecita chiquita en cada una. Saqué la inspiración de una muestra que vi de Escher en España. Me acuerdo que entré y quedé impactado. Las salas eran todas negras, piso, pared y techo. No se entendía la dimensión de la habitación, no le encontraba la forma. Está muy bueno, porque te desdibuja los límites de la sala. Así que voy a intentar hacer algo así, más latinoamericano.

Por otro lado, con Santiago estamos pensando en muralear el cubo porque ya nos aburrió el azul. Somos muy inquietos, ¡por suerte! Nos gusta cambiar cada tanto, que no sea algo estático. Al fin y al cabo, lo que no se mueve está muerto.