5 julio, 2022

El Milenio

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Sol, “la de los caballos”

En un deporte dominado por hombres, Sol Beltramone llegó a convertirse en una de las pocas jugadoras de polo cordobesas con proyección nacional. Desde pequeña, su vida ha estado vinculada a los equinos. Y su futuro, como médica veterinaria, también. En diálogo con El Milenio, la joven habla de su pasión por los caballos y las particularidades de una disciplina no tan difundida.
  • Colaboración: Lautaro Páez y Carolina Etchemendy (4to IENM). Bautista Mancini, Santiago López y Stéfano Cagnolo (4to IMVA).

Es muy difícil hablar de María Sol Beltramone sin vincularla a sus caballos. Es que, con 24 años, prácticamente lleva toda su vida relacionada a los equinos, tanto que no solo practicó equitación desde muy pequeña, sino que hoy en día es una de las pocas mujeres que juegan al polo en Córdoba. 

Además, está a punto de recibirse como médica veterinaria, carrera que escogió para seguir ligada a esa pasión y a esos nobles animales a los que dedica muchas horas por día, cuidándolos, curándolos y mimándolos para que, cuando salgan a la cancha, se encuentren en las mejores condiciones posibles.

En su charla con El Milenio, la emoción se notaba desde lejos. “Los caballos son mi vida, mi esencia y mi pasión”, afirmó la joven, haciendo un breve repaso por su historia: “Desde que soy chiquita me he relacionado con ellos, principalmente por el lado deportivo. Cuando tenía dos o tres años, iba a cabalgata con mi papá. A los cinco ya empecé a hacer equitación y a los 16 estaba jugando al polo. Cuando terminé el colegio, decidí estudiar Medicina Veterinaria para dedicarme a la parte sanitaria y clínica de los caballos”. Y resumió con simpleza: “De eso se trata mi vida, caballos todo el día”.

La actual jugadora del Caburé Polo School de Villa Allende comparte cancha con sus colegas y juega en equipos femeninos y mixtos. Cuando juega con sus compañeros, lo hace de delantera y, cuando juega con otras mujeres, su puesto es más defensivo.

Como en todo deporte en equipo, la suma de las individualidades hace la real diferencia. Y Beltramone lo ratificó: “Es muy importante que cada uno dé lo mejor y trabajar juntos, porque jugar en forma individual no sirve. Es un deporte en equipo, algo que me gusta y que justamente no tenía cuando hacía saltos, por ejemplo. Por eso siempre termino disfrutando más del polo”.

«Los caballos son mi vida, mi esencia y mi pasión. Se genera una conexión muy única con el animal. En el polo, necesitás por lo menos cuatro, así que cuando voy a jugar, ellos son mi equipo»

María Sol Beltramone

Bendita tu eres…

El polo es un deporte históricamente masculino. Pero las mujeres, como en todos los ámbitos, se van haciendo lugar en los equipos de Argentina, uno de los países que son potencia a nivel mundial. Y Sol Beltramone es una de las que luchan por ganarse la consideración de propios y extraños. 

“Es una gran presión jugar con hombres, porque implica otro ritmo, otro nivel. Y por supuesto yo quiero estar a la altura, así que físicamente me tengo que exigir el doble”, dijo la polista, aunque también reconoció que existen muchas ventajas en los equipos mixtos. “Es lindo cuando los compañeros o colegas te valoran, cuando te felicitan. Eso es muy gratificante. Quiero jugar bien y si llego a destacarme, mejor, siento mucho más mérito”, indicó la joven de Mendiolaza.

Así, mientras cada día pone su granito de arena para que haya más chicas practicando polo, Sol sigue apostando a crecer jugando con varones. “No es tan frecuente ver equipos mixtos. Somos pocas las mujeres que practicamos polo y más pocas las que juegan con hombres. En los últimos torneos fuimos tres o cuatro las que estábamos en los equipos mixtos”, contó la deportista.


Aunque la escena sigue siendo predominantemente masculina, Sol advierte que año tras año se modifica más, en consonancia con lo que ocurre en toda la sociedad. “Se están empezando a ver muchas mujeres a nivel mundial, ya hay polo femenino profesional. Falta, como todo, pero sí ha habido cambios. Las chicas se están animando más y reciben más incentivo también. Hay muchas jovencitas y seguro que ese número va a seguir creciendo en los próximos años”, aventuró.

Sol ya pasó por la “catedral del polo” que es Palermo, en Buenos Aires, uno de los mejores campos del mundo. Y se anima a soñar: “Siempre voy a seguir jugando, quiero avanzar, aprender y crecer. Me encantaría jugar en el extranjero, obviamente. Si no me voy como polista, me iré como veterinaria, que quizás tengo más oportunidad”.

Aunque consciente de las dificultades, la joven no pierde la esperanza. “Quizás estando afuera pueda surgir alguna oportunidad de jugar. Arrancar desde acá es bastante complicado. Tenés que estar activo, tener una buena caballada, jugar todos los partidos para que te vean y te reconozcan. Eso implica un dinero que por ahí es lo que más te limita”, explicó.

Para Sol Beltramone, la necesidad de mantenerse unida al deporte y a los caballos parece ir en aumento, ya sea adentro de la cancha, como jugadora de polo, o afuera, como veterinaria. Por eso se entusiasma cuando habla de su futuro: “Es la pasión por los caballos, quien no lo vive no lo va a entender. Es estar loca por el animal, podés estar las 24 horas del día con los caballos o hablando de ellos y realmente no te cansás. Es mi vida, disfrutar del animal, jugar y compartir con gente que le gusta lo mismo. Y ahora, empezar a tratar sus enfermedades. Cualquiera que me conozca de chiquita dice que yo soy Sol, la de los caballos”.


Cabalgando a la cancha

El polo es un deporte que se juega a caballo, con cuatro jugadores por equipo en una cancha de 270 por 150 metros. Los jugadores llevan tacos para pegarle a una pelota de madera e introducirla entre dos postes de mimbre que se encuentran a 7,3 metros de distancia entre sí. 

Se utilizan cuatro caballos por jugador, uno por chukker (tiempos de siete minutos aproximadamente). Sol Beltramone explicó: “Es una conexión que se genera y sentís con el caballo, no te pasa con cualquiera. Vos entrás a la cancha y sos un equipo. En el caso del polo, es necesario tener más de un caballo para jugar el partido. De hecho, sí o sí necesitás por lo menos cuatro, porque son varios tiempos. Yo siento que cuando voy a jugar, los caballos son mi equipo”.