26 junio, 2022

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Un hogar para el arte

Casa Roja es un multiespacio artístico con talleres para todos los gustos y todas las edades. El Milenio conversó con Verónica Oyola, una de sus fundadoras, quien contó cómo surgió este proyecto, la propuesta que les ha permitido mantenerse vigentes en la ciudad más de nueve años y cómo han logrado afrontar los tiempos de pandemia.
  • Colaboración: Guadalupe Lovey y Carola Fazio (4to IENM). Lola Sánchez y Joaquín Lencina (4to IMVA).

Verónica Oyola es profesora de Teatro y tallerista hace más de 25 años, mientras su colega, el artista plástico Sebastián Silber, también dicta clases hace varias décadas y condujo por 15 años el histórico espacio Express Arte. 

En el cruce de sus caminos, ambos creadores y formadores de gran trayectoria concibieron un sitio propio que albergara estas y otras tantas disciplinas. Así nació Casa Roja, una casona de Villa Allende devenida en multiespacio cultural que hoy cuenta con diversos talleres educativos de expresión artística para niños, jóvenes y adultos. 


Para contactarse

  • Dirección: Alsina 447 (Villa Allende)
  • Teléfono: 03543 15600804
  • Facebook: @casarojava
  • Instagram: @casaroja_arte

El Milenio: ¿Cómo y con qué finalidad surge Casa Roja?

Verónica Oyola: Sebastián daba clases hacía 15 años en un lugar que se llamaba Express arte, era un espacio propio, ubicado en pleno centro de Villa Allende, pero algo chico. A su vez, yo dictaba clases por mi cuenta y ambos trabajábamos juntos en una escuela, dictando una cátedra que se llama “Proyecto artístico”, donde básicamente hacíamos proyectos juntos.

Un día dijimos, ¿por qué no abrimos un espacio donde podamos fusionar las dos disciplinas y que sea realmente nuestro? Aparte, así también le damos la oportunidad a otros colegas de la zona para que puedan tener su lugar para dar clases. Así surge el proyecto de Casa Roja.

EM: ¿Cuándo una casa deja de ser sólo una casa y pasa a ser un espacio cultural? 

VO: La idea nuestra era justamente que los estudiantes se sintieran como en casa, que la persona que llegara se pudiera hacer un cafecito o un mate y sentarse en el patio a compartir y charlar. Incluso todos los miércoles después de las clases de teatro, solíamos hacer una comida a la canasta, donde cada uno llevaba algo para compartir. 

Con la pandemia todo eso cambió totalmente, las clases se hicieron más cortas, la permanencia en la casa tenía que ser breve y se canceló el uso de la cocina. Hubo un cambio que de a poco se va revirtiendo, pero la idea siempre fue esa, que los estudiantes sintieran que era un espacio propio y lo vivieran como su casa.


EM: ¿Cuál es el punto fuerte de esta propuesta y a quiénes está dirigida? 

VO: A lo que más nos dedicamos es a la formación, diría que los talleres son la propuesta más fuerte de Casa Roja. Hemos hecho muestras fotográficas, algún que otro recital íntimo, obras de teatro, conferencias y charlas, pero fundamentalmente la idea tiene más que ver con crear un espacio de disciplina académica, educativa y artística, con diversos niveles y para todas las edades. 

La propuesta está dirigida a toda la familia, incluso nos sucede que vienen los nietos, los abuelos y las madres o padres en diferentes horarios y espacios. Hoy tenemos artes plásticas para todas las edades, teatro para todas las edades y artes plásticas para personas con discapacidad. Esos son como los pilares del espacio, porque son los talleres con los que se inició la casa. 

También hemos dado talleres de escritura, coro, inglés y guitarra, entre otros, pero la pandemia hizo que un montón de actividades fueran desapareciendo, profesores que se volvieron a sus provincias, artistas que buscaron otro camino.

Durante 2020 tuvimos la casa cerrada todo el año y fue todo un desafío para nosotros ya que somos autogestivos, no tenemos ningún tipo de sponsor ni ayuda económica, entonces fue un año bisagra para la casa.

EM: Desde los comienzos de Casa Roja hasta la actualidad, ¿han tenido que cambiar las propuestas para adaptarse a las necesidades de la sociedad?

VO: Sí, la pandemia nos obligó. Imaginate que empezamos las clases en marzo y a los diez días tuvimos que cerrar las puertas. Durante ese tiempo, se hacían funciones virtuales de teatro, algo impensado para mí porque yo creo que el encuentro personal con el público es algo irremplazable. 

Esa pulsión, esa adrenalina, ese intercambio que te da el vivo es algo que la cámara no transmite, pero sí reconozco que hay nuevas plataformas donde vos podés mostrar tu trabajo y eso sirve para que la gente después vaya efectivamente al teatro a verte. 

Durante 2020, Sebastián dictó cursos de artes plásticas de manera virtual y, al día de hoy, esa propuesta sigue vigente de manera online, para las personas que no quieren/pueden salir de su casa. Además, la modalidad a distancia permite que personas de otras provincias y países puedan acceder a las clases, una variante que no se nos había ocurrido hasta el momento.


EM: ¿Cuál es la impronta propia de este centro cultural?

VO: Creo que la pasión y el amor que le ponemos con Seba, realmente disfrutamos mucho lo que hacemos. Para mí, cada clase es un placer y eso se transmite, nos divertimos, amamos lo que hacemos, yo no me imagino haciendo otra cosa que no sea teatro. 

También el boca en boca, la experiencia, la calidad de lo que proponemos, los proyectos creativos, que todos los años vamos variando. Nuestros estudiantes han hecho muestras en el Buen Pastor, en Carlos Paz, en salas de teatro independientes de Córdoba. La idea es todos los años ir haciendo cosas nuevas y eso también me parece que mantiene el entusiasmo.

EM: ¿Cuáles consideran que son, hasta hoy, los mayores logros que han alcanzado?

VO: Creo que sostenernos en el tiempo ha sido el mayor logro, y no sólo sostenernos, sino ir creciendo, porque las clases están llenas, tenemos lista de espera y creo que también la pandemia hizo que la gente se ponga a pensar: “Siempre quise hacer teatro, ahora es el momento”. Viene mucha gente grande con ese pensamiento y es muy valioso dejar de relegar ese deseo.

También está la necesidad del encuentro. En la casa nos reunimos para hacer otra cosa totalmente diferente a lo que hacemos en nuestra cotidianeidad. Nos sacamos el traje, la corbata, nos sentamos en el suelo, bailamos y nos movemos, jugamos, nos encontramos. Esos espacios me parecen que son super enriquecedores.