29 junio, 2022

El Milenio

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Papel y construcción, dos alternativas para el siempreverde

El Ligustrum lucidum es una de las especies exóticas más invasoras del monte cordobés y desde hace años supone una amenaza para la biodiversidad local. En Río Ceballos, distintas experiencias dan cuenta de posibles usos para el siempreverde, desde la construcción hasta la elaboración artesanal de papel.

El siempreverde o Ligustrum lucidum es una especie arbórea originaria de China de rápido crecimiento que se ha convertido en una problemática delicada para la región, ya que modifica el ecosistema en el que se introduce, quitando espacio y recursos a la flora nativa. Además, consume gran cantidad de agua, alterando el orden hidrológico local.

Un estudio realizado por investigadores de la UNC en las sierras de Córdoba, bajo la dirección de Laura Bellis, reveló que, hasta 2009, el siempreverde llegó a ocupar un 20% de la superficie del monte nativo de la provincia, cifra que ha aumentado en la última década. 

“Cuando uno ve un bosque de siempreverde, no hay nada abajo, o lo poco que hay crece muy asfixiado”, ilustró Gabriel Rodríguez, guardaparque de la Reserva Municipal Los Manantiales de Río Ceballos. 

Como explicó Gabriel, las raíces de los árboles exóticos modifican la composición del suelo, repercutiendo en su riqueza y diversidad. Sin embargo, la tarea de controlarlos es, asimismo, delicada; ya que no es conveniente hacer una extracción total y dejar la tierra al descubierto.

“Aunque es preferible un suelo cubierto de nativas antes que de siempreverdes, siempre va a ser mejor que esté cubierto de esta especie exótica antes que nada, ya que la prioridad es conservar el suelo”, indicó.

Por esta razón, el guardaparque explicó que la técnica de anillado es la más eficiente para controlarlos. Se trata de realizar un corte en una parte baja del tronco y sacar la corteza para que el árbol no intercambie fluidos entre raíz y copa, con lo cual se termina secando. El proceso, que es paulatino, implica también vigilar posibles rebrotes y reforestar con especies autóctonas.


Del monte al hogar

La bioconstrucción es una disciplina que busca integrar la obra con el entorno, fomentando el uso de materiales naturales sobre los industriales, la sustentabilidad de los recursos y el trabajo colaborativo. En Río Ceballos, Constanza Angiolini y su pareja, Eduardo Linares, de la Cooperativa de Trabajo Artístico y Permacultural «Reciclando Utopías», se especializan en este tipo de construcción hace nueve años.

Aunque ya desde chica ayudaba a su padre constructor, a través de talleres, capacitaciones y mingas (reuniones comunitarias en las que amigos o conocidos colaboran para construir un hogar), Constanza fue adquiriendo los conocimientos y herramientas que la llevaron a la bioconstrucción. “Es otra forma de construir, te hace comprender, conectarte con los materiales”, comentó.

A sabiendas de la invasión que supone en la zona, la vecina de Río Ceballos comenzó a utilizar el siempreverde en su trabajo, destacando que la bioconstrucción busca aprovechar los recursos presentes en el territorio.

Con experiencias muy buenas y otras no tanto, Angiolini apuntó que, como todo material, es necesario conocerlo para poder utilizarlo. “La madera del siempreverde puede ser alucinante para construir, siempre y cuando esté bien trabajada”, indicó.

Un detalle importante es cuándo recogerlo: en otoño, toda la savia del árbol está abajo, por lo que es el momento óptimo para cortarlo. Luego es necesario dejar que se seque por varios meses. Respecto a sus usos, Angiolini explicó que es óptimo para interior, aunque si está bien cubierto de barro, por ejemplo, también puede funcionar para exteriores. 

“Hace falta un poco más de ajuste en la profesionalización del uso de este material”, expresó. Por su parte, Constanza adelantó que planea cosechar siempreverde este otoño para dejarlos secar un año y así realizar un laboratorio de construcción en su propio hogar, buscando conocer más sobre sus propiedades.

Por suerte no es la única, ya que desde el CEVE (Centro Experimental de la Vivienda Económica) del Conicet, un equipo conformado por ingenieros, arquitectos, carpinteros y técnicos también se dedica a investigar las propiedades del siempreverde como recurso constructivo.


Del monte al papel 

En marzo de este año, de la mano de la Universidad Popular de Río Ceballos, la Reserva Los Manantiales y el maestro papelero Héctor Rodríguez, surgió un taller que propone la elaboración de papel con fibras naturales, específicamente del siempreverde.

A partir de su interés en probar la técnica de papel amate (donde se machacan las fibras) en otro tipo de árbol presente localmente, y considerando lo invasivo de esta especie foránea, se dio el cruce que permitió el nacimiento del taller. El mismo se basó en la hipótesis de que las fibras del siempreverde (en su estado joven), al ser bastante blandas, podrían convertirse en papel.

Para Rodríguez, el primer resultado obtenido fue excelente, considerando que el objetivo no era conseguir un papel industrial, sino más bien artesanal. Aunque los primeros productos presentaban mucha textura, el maestro explicó que si se muele bien la fibra y el proceso se hace más refinado, se puede obtener una hoja A4 común.

A lo largo del taller, los participantes pudieron vivenciar el proceso de hacer papel desde cero: sacando la corteza del árbol, rescatando sus fibras, cocinándolas y triturándolas para finalmente armar las hojas con ayuda de un bastidor. 

“La propuesta surgió con la idea de lograr un desarrollo territorial, que aunque sea un grupo pequeño de personas se entusiasme y formar una cooperativa”, reveló el maestro papelero. “Es hermosa la experiencia de ver cómo esas tiras largas que salen del árbol se transforman en un papel donde se puede escribir, imprimir e incluso hacer un packaging”, apuntó Rodríguez.

Así, aunque aún está en una etapa de experimentación, el papel de siempreverde ya es un hecho y se suma como alternativa de uso para este árbol tan dañinamente extendido en la región.