Superhéroes de la vida

Superhéroes de la vida

En 1998, Julio Laciar fue diagnosticado con cáncer de pulmón. El joven comerciante no solo tuvo que recibir un difícil tratamiento de quimioterapia por varios meses, sino que pasó tres días en coma y posteriormente siete meses de recuperación en silla de ruedas.

Afortunadamente, gracias al apoyo de su esposa Patricia, sus amigos y su inquebrantable fe cristiana, Julio logró una asombrosa recuperación que impresionó a más de un médico. A partir de esta experiencia, la pareja decidió dejar las comodidades de su vida anterior para intentar, de alguna manera, devolverle al universo el milagro que fue la recuperación de Julio. 

“Pensamos que nuestra misión en esta tierra iba más allá de los planes que habíamos trazado cuando nos casamos, por ello decidimos devolver a Dios, a la vida y a nuestros semejantes, un poco de todo lo que habíamos recibido en ese tiempo tan difícil de la enfermedad”, resume Patricia.

Así, para el año 2000, nace en San Marcos Sierras la Fundación Sierra Dorada, con el objetivo de brindar un espacio de contención, protección y crianza para niños y niñas de toda la provincia que se encontrasen en situación de vulnerabilidad social.

Con el tiempo, y gracias al reconocimiento de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de Córdoba (SeNAF), la institución creció tanto que fundaron dos hogares más. Primero uno en Embalse de Río Tercero, exclusivo para niñas, y el más reciente en 2017, conocido como Hogar Sierras Chicas, que se instaló en la localidad de Salsipuedes, casi al frente de la terminal.

El año pasado, varios meses de permanecer todos juntos sin salir de la vivienda a causa de la pandemia, les hizo reflexionar sobre lo pequeño del espacio. Por esa razón, en octubre de 2020 se mudaron a su actual espacio, ubicado en barrio El Algodonal.

“Parecíamos un batallón con la policía escoltándonos todo el tiempo, pero gracias a la comunidad de Agua de Oro, que nos recibió con los brazos abiertos, pudimos lograr la mudanza”, recordó Daniel Aluen, actual coordinador de la sede de Sierras Chicas. “Gracias a Dios, en la escuela recibieron a todos los chicos en la misma burbuja, por lo que fue un alivio este año comenzar las clases de manera presencial”, comentó.

Una gran familia


Para Daniel, el Hogar Sierras Chicas nació ante la necesidad no sólo de albergar, sino principalmente de contener, escuchar y brindar cariño a niños, niñas y adolescentes que atraviesan situaciones complejas, ya sea por abandono o por problemas judiciales de sus padres. “Nuestra tarea es criarlos, amarlos y que sientan que están dentro de una gran familia”, explicó en diálogo con El Milenio.

Actualmente, son 23 los menores que residen en el hogar. La huésped más pequeña tiene solo 4 años, mientras que la más grande llega a los 16. “Al ser muchos, a veces se institucionaliza el movimiento dentro del espacio, pero tratamos de jugar, divertirnos y socializar con cada uno de ellos”, comentó el coordinador de la institución, quién lleva adelante el establecimiento junto a su esposa y un reducido grupo de voluntarios.

“Siempre estamos trabajando para que encuentren, dentro de su propia identidad, aquello que les gusta y a lo que quieran dedicarse en la vida”, comentó. “Para lograrlo es necesario que vuelvan a creer en ellos mismos, que confíen en la persona que tienen al lado y en el hecho de que pueden amar otra vez”, explicó Daniel, recordando que son menores que vienen de atravesar situaciones muy difíciles, descreídos de la bondad del prójimo. “Arreglar esa desconfianza es una tarea que se hace todos los días”, añadió.

Labor que nunca termina


Desde la fundación saben que, en la práctica, sería mejor que los institutos de guarda no fueran necesarios, ya que ningún niño debería crecer fuera de una familia. Por eso, diariamente luchan con el objetivo de cambiar esa realidad.

“El hogar es hermoso, pero lo ideal es que los chicos no estén acá”, expresó Daniel e indicó que desde Sierra Dorada colaboran en todo lo que pueden con SeNAF para que se agilicen los procesos de adopción, principalmente de adolescentes. “La idea es que estén con nosotros ese breve tiempo que existe mientras la SeNAF realiza todos los trámites para que regresen con sus familias biológicas o puedan ser finalmente adoptados”, destacó. 

Sin embargo, el escenario de las adopciones en Argentina es complejo. Según los datos de la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (DNRUA), de un total de 4580 legajos vigentes en 2019, 89% manifestaban la voluntad de adoptar niñas o niños de un año de edad, pero el porcentaje caía a 17% cuando la edad subía a ocho años y se derrumbaba al 1% cuando se trataba de mayores de doce.

“La mayoría de las personas que están anotadas en el Registro Único de Adopción buscan niños pequeños”, se lamentó el coordinador del hogar. “Hay muy pocas familias que se animen a adoptar menores de más de 10 años. Queremos que la sociedad entienda que estos niños necesitan un hogar donde pueden sentirse abrazados y queridos”, declaró el coordinador.

“El bien mayor es darles otra oportunidad a niños que merecen reintegrarse a la sociedad. Son superhéroes de la vida, porque día a día nos enseñan a salir adelante después de haber pasado lo peor”

Daniel Aluen

“Vivimos en una gran burbuja, nos preocupan los chicos que llegan a los 18 y ya no pueden estar con nosotros, porque se los considera adultos y después pasan a estar prácticamente en la calle”, explicó el entrevistado.

En este sentido, comentó que, si bien empatiza con las personas que buscan en la adopción una solución a problemas de fertilidad o de otra índole, es necesario que sepan que “el bien mayor aquí está en darles otra oportunidad a niños y niñas que atravesaron situaciones muy feas y que merecen reintegrarse a la sociedad”. “Ellos son realmente superhéroes de la vida, porque día a día nos enseñan a salir adelante después de haber sobrevivido a lo peor”, cerró Daniel.

Carlos Romero

Periodista y docente de Periódico El Milenio y elmilenio.info. Jefe de pasantías web Fundación Josefina Valli de Risso.

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