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Buscando el dial

Del under a lo mainstream, del blog a la radio y de la radio al streaming, Santiago Ramos refleja en su trabajo la avidez por seguir preguntando. En diálogo con El Milenio, repasa sus primeras incursiones en el periodismo y analiza las mutaciones en la forma de generar contenidos culturales que vivió a lo largo de sus quince años de trayectoria.

Colaboración: Catalina del Píccolo y Renata Linale (4to IENM). Constantino Martínez y Tiago Napolitano (4to IMVA).

Quizás Santiago Ramos no pertenezca a las generaciones que se sentaban en la galería a escuchar la radio conectada a una batería de auto. Más bien es parte de la dinámica del entretenimiento actual, enlazada a una transformación digital casi total y a la generación de contenidos para nuevos públicos, bajo una lógica multimedial cada vez más dominante.

Sin embargo, conserva la atracción por un medio que logró captar su atención desde la adolescencia y lo inclinó hacia el objetivo de ser periodista. Si bien la radio aparece como su lugar predilecto, lo que en realidad define a Ramos es su inmensa curiosidad por temas y sucesos de todo tipo. 

“En mi adolescencia me atraía mucho el fútbol, la música, la política, el cine. Había una paleta enorme de intereses que podía desarrollar desde la comunicación y el periodismo. Eso fue lo que me inclinó a armar el bolso y venirme a estudiar a Córdoba, más precisamente a la actual Facultad de Ciencias de la Comunicación (FCC), que en ese momento era la Escuela de Ciencias de la Información”, comenta una de las voces más reconocibles de la radio cordobesa.

Desde su trabajo en Gamba, Santiago ha entrevistado a músicos y bandas reconocidas como Nathy Peluso, Louta, Ciro, Las Pelotas, Abel Pintos o Andrés Calamaro.

El actual gestor de contenidos de Gamba FM nació en la pequeña localidad de Tilisarao, San Luis, y pasó por diversos medios de comunicación, desde los grandes conglomerados hasta los pequeños medios independientes. En su recorrido aparecen experiencias en La Voz del Interior, Radio Gen y otras vinculadas a instituciones universitarias como la Universidad Tecnológica Nacional y la Radio Revés de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, entre otras.

El Milenio: ¿Hubo algún evento clave que haya marcado tu orientación hacia la comunicación?

Santiago Ramos: Creo que me inspiraron muchos eventos relacionados con la cultura y con la música, como así también el trabajo de algunos periodistas que miraba de chico. No digo que quería ser como ellos, porque los considero inalcanzables, pero sentía que, si podía ejercer su oficio, me iba a gustar mucho. Estaba convencido de que era algo que realmente podía disfrutar.

Cuestiones como tener cara a cara en una entrevista a un músico importante del país, era algo que soñaba. Cuando escuchaba una canción de algún disco en particular, me imaginaba un montón de preguntas para hacerle a los artistas. Quería saber cómo se hacían las cosas, me moría de ganas de preguntar.

A veces la gente piensa que un periodista es aquel que habla de política en los grandes medios. Pero también existe el periodismo cultural, el periodismo de espectáculos, el científico, el deportivo, etcétera. Bueno, yo quería un poco de todo eso.

“Cuando escuchaba una canción, ya me imaginaba un montón de preguntas para hacerle a los artistas”, revela Ramos

EM: ¿Y cómo fueron tus comienzos generando contenidos escritos?

SR: En la época en la que arranqué era muy difícil publicar de manera independiente. Tenías que gastar mucha plata en un diseñador gráfico y en la imprenta. Yo me junté con un grupo de compañeros de la facultad para producir contenido. No teníamos suficiente dinero, pero siempre mantuvimos la idea de editar una revista, así que empezamos a hacer entrevistas y la primera fue a Ricardo Mollo, el líder de Divididos. 

EM: ¿Cómo se gestó ese encuentro?

SR: Se podría decir que de un modo muy artesanal. Nosotros salimos con un grabador a pila a la calle a buscarlo. Justo estaba en medio de una gira y supimos que iba a parar en un hotel en particular, incluso había una trafic de la producción en la puerta, lo cual terminó de confirmar nuestra teoría. 

Entramos al hotel, ubicado en La Cañada, y ahí estaba. Le preguntamos directamente si podíamos hacerle una entrevista. Nos contestó que sí, muy amablemente, y nos convocó a tal hora en el salón del hotel. Así que terminamos haciendo una nota muy rica. En esa época trabajamos arduamente para conseguir entrevistas a artistas muy reconocidos de la escena nacional. Afortunadamente lo logramos.

EM: ¿Dónde terminó publicándose todo ese material?

SR: Ese material fue a parar a la web, cuando internet se volvió una herramienta más universal y accesible, promediando el año 2007. Comenzamos a nutrir un blog, que luego se convirtió en una página web. Yo empecé a hacer algunas colaboraciones para otros espacios como La Voz del Interior y a partir de ese punto inicié mi vínculo con los medios, tanto independientes, como medios ya establecidos y grandes.

EM: ¿Qué cambió en el contenido de los programas que hacías en ese entonces con respecto a lo que producís hoy en día?

SR: Si bien hay muchas diferencias en cuanto al formato, el contenido en sí es donde más mutó lo que hago. Con mi amigo Augusto Ochoa armábamos programas bajo una escuela mucho más under, como El Invisible. El eje estaba puesto en la cultura local, tenía una base mucho más importante en las palabras y entrevistábamos a bandas alternativas. En Gamba la propuesta está más inclinada a lo mainstream, de más impacto, más de fórmula.

Otra cosa que se modificó durante los últimos tiempos es que, desde la llegada de la pandemia, se empezó a usar mucho el zoom como herramienta audiovisual, para luego reflejar los contenidos en YouTube y darles otro vuelo. 

EM: ¿Cuál fue tu mejor experiencia como periodista?

SR: La mejor experiencia ha sido poder entrevistar a personas que yo tenía como ídolos cuando era chico. Pude conocer a artistas de la talla de Luis Alberto Spinetta, estuve en la casa de Charly García, dialogué con Andrés Calamaro y con Gustavo Cerati. Son lujos que justifican tantas horas de trabajo.

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