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De la tragedia a la solidaridad

Tras perder a su hijo, Bibiana Lencina encontró en la alegría de los niños de su barrio el consuelo que le permitió volver a sonreír. “Si vienen hacia mí, es porque Dios me está dando la vocación de ayudarlos”, se dijo a sí misma. Este fue el origen de “Ángel de amor”, un merendero que funciona en su hogar de barrio Lomas y asiste a más de 80 personas.

Colaboración: Ona Greco y Justina Cuervo (4to IENM). Gastón Mignone y Rebeca Chini (4to IMVA).


En 2018, Bibiana Lencina perdió a su pequeño hijo, Aarón, producto de una neumonía. A pesar del dolor, la madre de Villa Allende trató de darle sentido a esa tragedia y volver a sonreír.

En su corazón sentía que su “angelito” no hubiera querido verla triste y que debía seguir adelante de alguna manera. “Qué feo quedarse sola y no tener a quién darle algo, a quién ayudar”, reflexionó en aquel momento la mujer que se desempeñaba como florista en un negocio local.

Sin embargo, pronto se dio cuenta que no era así. En su barrio (Lomas Sur) era muy común que los niños se acercaran tímidamente a su casa buscando algún alimento o golosina para disfrazar el hambre. “¡Tía! ¿No tenés pan?” o “¡Tía! ¿No tenés fruta?”, le gritaban desde la calle y ella los ayudaba como podía. “Si vienen hacia mí, es porque Dios me está dando la vocación de ayudarlos”, pensó en ese momento la mujer.

De esta forma, empezó su cruzada por atender las necesidades básicas de los niños, niñas y adolescentes ofreciendo una copa de leche por las tardes en su humilde hogar. Con el tiempo, la iniciativa se convirtió oficialmente en el merendero “Ángel de amor”, nombrado en honor a su propio hijo.

“Empecé en 2017 con 25 chicos, pero después se unieron 50 y así llegué a 80 niños y niñas, aunque la verdad es que aparte vienen muchas personas a buscar alimentos o calzado”, comentó la entrevistada. “Me gusta estar al lado de los niños, me gusta verlos felices y complacerlos al menos con un alimento, una ropita o un juguete. Verlos sonreír me hace bien”, afirmó.

Un regalo para todos


El merendero se ubicó históricamente sobre la calle Barcelona 2038 de Villa Allende Lomas, donde desde un principio Bibiana atendió a los pequeños huéspedes en su propia casa. De esa época, recuerda que todo fue posible gracias a la ayuda inconmensurable de sus hijas y de varios vecinos del barrio, quienes solían donarle pan o algún que otro alimento que estuviera a su alcance. Incluso recibió mercadería del exboxeador Fabio “la Mole” Moli.

“Me parece más justo que coman en mi casa porque así sé que se lo están comiendo. Si se lo llevan, no sé si se lo comen o si se lo dan a otro. Es decir, me gusta que coman en mi casa, que repitan el plato y todo si quieren”, explicó la mujer.

Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo y se sumaban los comensales, se hacía cada vez más evidente que su pequeña vivienda no sería suficiente espacio para todos. La llegada del año 2020, con la pandemia y la cuarentena, obligó a Bibiana a extender su búsqueda de donaciones, recurriendo a las redes sociales y los medios locales para sostener el espacio.

En medio de la tormenta, ocurrió lo que para la mujer fue “un milagro”: en mayo, la empresa constructora Márquez y Asociados se acercó a Bibiana para informarle que pondrían a su disposición una casa a estrenar para que oficie como nueva sede del merendero.

La obra, que finalmente fue construida y entregada el 17 de abril de este año, cuenta con todas las comodidades para funcionar, además, como un hogar para Bibiana, ya que su casa se encontraba en muy precarias condiciones y con riesgo de derrumbe. 

“Me hicieron mi casita nueva y ahora estoy más que feliz, imagínate que mi anterior vivienda era muy humilde y estaba bastante destruida”, expresó con sincera emoción. “Gracias a Dios la gente me ayuda, para que yo pueda seguir ayudando a los niños”, añadió.

Alimento para el alma


Gracias a este nuevo espacio, el sueño de Bibiana de proteger las sonrisas de los chicos del barrio está cada vez más cerca de volverse realidad. No obstante, la responsable del merendero es consciente de que alimentar a los pequeños es sólo una parte del problema, porque la necesidad más grande que tienen los chicos es la educación.

Según mencionó a este medio, otra parte de su sueño es que “Ángel de amor” también cuente con una biblioteca donde los más pequeños puedan acceder a todo tipo de lecturas, desde cuentos hasta textos sobre ciencia. “Amo los libros, me encantan”, explicó. “Tengo muchísimos libros guardados en cajas, solamente me falta hacer los muebles para colocarlos. La idea es que los chicos puedan llevárselos, leerlos y volverlos a traer”, comentó la entrevistada.

De esta forma, si las condiciones sanitarias lo permiten, la esperanza es que puedan aprovechar las nuevas instalaciones para brindar apoyo escolar o incluso talleres sobre artes u oficios. “Les van a enseñar inglés porque hay una profesora que ya se ha ofrecido, y también música. Les daremos todo el apoyo escolar que necesiten”, manifestó orgullosa la vecina de Villa Allende y destacó la importancia de aprender a valerse por sí mismos: “Hoy uno tiene, mañana no lo sabemos”.

Un nuevo hogar


La empresa desarrollista Márquez y Asociados construyó y donó la nueva sede para Ángel de Amor tras enterarse de la situación crítica que atravesaba el merendero durante el momento más crudo de la pandemia el año pasado.

El terreno donado es parte del área Proyecto 4 de la firma desarrollista y se trata de un espacio de 64 metros cuadrados que cuenta con un amplio comedor con cocina integrada, un baño y una habitación para Bibiana.

“En épocas donde todo se torna difícil, estamos felices de poder colaborar con este tipo de acciones. Nos pone muy contentos haber construido este espacio en el que los niños podrán merendar y también disfrutar de la lectura. Felicitamos a su creadora por tan noble causa”, declararon desde la empresa.

Mientras tanto, Bibiana espera con ansias que el nuevo espacio pueda comenzar a funcionar una vez que las medidas sanitarias así lo permitan.

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