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Ayudar para ayudar(se)

El merendero Luz de Luna celebró su primer aniversario y necesita más colaboración que nunca. Todas las semanas, Rosa Santucho y su familia trabajan a pulmón para darle un plato de comida a más de 50 familias. Aunque la tarea no es sencilla, la mujer lucha para sostener un espacio que no sólo mejoró la calidad de vida de sus vecinos, sino también la suya propia.

Colaboración: Florencia Gotta Corral y Ezequiel Gallego Vega (4to IENM). Trinidad Belloni y León Martínez Dalke (4to IMVA)


El barrio La Cruz, en Villa Allende, fue testigo de cómo el patio de tierra de Rosa Santucho se convirtió en el comedor y consuelo de muchos vecinos. El merendero Luz de Luna nació en junio del año pasado, mientras el frío y la pandemia golpeaban con fuerza a los sectores más carenciados de la ciudad. 

El gesto solidario se origina en la compleja realidad que atraviesa la propia Rosa, quien padece lupus, artritis reumatoide y fibromialgia. “Mis primas tuvieron la idea de armar esto para ayudar y para que yo pudiera distraerme haciendo otra cosa”, cuenta lo joven que además de ser ama de casa, atiende un negocio de artículos de limpieza.

A pesar de su delicada salud, Rosa asumió feliz el desafío junto a Carolina, Gabriela y Raúl. Manteniendo los cuidados sanitarios como premisa y gracias al aporte solidario de la comunidad, el proyecto (que comenzó con 11 niños y 44 porciones de comida) creció rápidamente y multiplicó el número de asistentes.

Hoy atienden a más de 50 familias, no sólo de barrio La Cruz, sino también de La Amalia, Industrial, Polinesias, Cóndor Bajo y Lomas Sur. Los lunes por la tarde preparan la merienda para casi 100 niños, mientras que los miércoles a la noche entregan 250 viandas con postre y pan incluido. 

Organización y protocolo

La dinámica de trabajo es sencilla pero efectiva. Con guantes, alcohol, barbijos y cofias, las cuatro cabezas del merendero esperan la llega de los vecinos. “La gente viene con su recipiente y, aparte de la comida, les damos frutas, verduras, postre, pan y alguna mercadería, cuando es posible”, señala Rosa. Para mayor seguridad, sólo un miembro de cada familia concurre a retirar las porciones y colocan unas marcas en el suelo para asegurar el distanciamiento.

Además, los organizadores registran la asistencia de cada familia. “Si alguien falta a dos comidas sin avisar es porque no lo necesita tanto, entonces le damos la posibilidad a otra persona que precise nuestra ayuda. Tenemos todo detallado en planillas”, agrega.

Así, llegan a la mesa y al corazón comidas de todo tipo, desde hamburguesas con ensalada hasta guisos, polenta y fideos cuando el clima lo amerita. Además, Luz de Luna recibe ropa y calzado para todas las edades, que se reparten según la necesidad de las familias.

Momento crítico

Cada semana, el grupo pide donaciones “de punta a punta” para sostener el espacio. Rosa agradece profundamente la colaboración de los comercios de Villa Allende y destaca que son alrededor de 20 los negocios que aportan su granito de arena, junto a varios vecinos. “La gente que menos tiene, es la que más da”, reflexiona al respecto.

Sin embargo, admite que la situación es compleja y que cada vez se complica más conseguir los recursos necesarios para seguir adelante con la labor social. Para recaudar más dinero, venden tortillas o bizcochuelos caseros. Así compran algunos elementos que les cuesta conseguir a través de donaciones.

En este marco, la insuficiencia de la ayuda estatal se hace tristemente evidente. Desde el municipio, el apoyo se reduce a cinco bolsones y diez pollos por mes, algo escaso si se tiene en cuenta que tal contribución implica solo cinco cajas de puré de tomate mensuales, por ejemplo, cuando en el merendero se utilizan alrededor de 30 por cada comida, como explica Rosa. 

Por estas razones, el lugar no puede ampliar sus servicios ni aceptar más familias. Santucho lamenta la situación, sobre todo porque reconoce que en los últimos meses “se quiere sumar cada vez más gente”. “Hay muchos esperando un lugar para retirar su comida, pero desgraciadamente no contamos con más ayuda y nos cuesta el triple que al principio”, se lamenta la vecina.

Una sonrisa que vale oro

Aunque las adversidades crecen, quienes sostienen el merendero están lejos de abandonar el compromiso asumido. “Ver a la gente agradecida cuando va a buscar la comida te llena el alma”, cuenta emocionada Rosa y agrega que la felicidad de los niños al recibir comida, ropa o juguetes no tiene precio.

No obstante, es clave aumentar el auxilio comunitario. Santucho apunta que “todo sirve”, “desde un poco de tierra para plantar alguna verdura, hasta ropa de abrigo, lana para tejer y frazadas”. En cuanto a los alimentos, destacó la necesidad de recibir puré de tomate, condimentos y carne.

Las personas detrás del proyecto sostienen la consiga de continuar con el trabajo aun en los días más arduos. Rosa apunta que, si bien en alguna oportunidad no se pudo cocinar, mantuvieron la iniciativa ofreciendo mercadería o “medio pollo para un grupo familiar”. Para ellos, de eso se trata, no dejar de funcionar. 

Finalmente, Rosa subraya: “Aunque yo no tenga nada, ayudar y acompañar a otro que tampoco tiene, es algo que te deja sin palabras. También cansa (y yo particularmente con mis enfermedades siento que me agoto el triple), pero sigue siendo algo hermoso”.


Luz de Luna se ubica en Jerónimo Luis de Cabrera 1061, Barrio La Cruz (Villa Allende), detrás del colegio Nuestra Señora de Luján. Reciben donaciones de todo tipo, pero fundamentalmente necesitan: puré de tomate, caldos, condimentos, carne (de cualquier clase), frutas y verduras, aceite, cacao, golosinas, alimentos no perecederos, pan, lana, ropa de abrigo y frazadas. 
Los elementos también pueden llevarse a Av. Humberto Mariani 476 (Corralón La Villa) de 8:00 a 19:00, comunicándose previamente al 351 6336945. 

Vías de contacto:

  • 3543 559918 (Gabriela)
  • 351 5518482 (Carolina)
  • 351 3914780 (Rosa)
  • Facebook: Merendero Luz de Luna

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