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Del juego a la composición

En los últimos años, el jazz ha tomado gran protagonismo en los bares y escenarios de Córdoba capital, pero también en Sierras Chicas. Para el compositor y bajista Milton Arias, acercarse al cordón serrano para compartir su repertorio es más sencillo que cruzar la ciudad. Su música, una mezcla de creaciones propias y reversiones de grandes clásicos, reflejan la escena de este género en la región.

Colaboración: Máximo Contigiani y Agustín Guzmán (4to IMVA). Octavio Bottarelli y Bruno De Santis (4to IENM).

Foto de portada: Sole Segurado


Para Milton Arias, hacer música no fue una decisión consciente, sino más bien algo que fue surgiendo inevitablemente con el transcurso del tiempo. Siendo un niño, los instrumentos ya formaban parte de su propio “cajón” de juguetes. Tenía un piano, una guitarra y un bajo eléctrico (que le había dejado un tío), a los cuales recurría para “hacer ruido”.

“La posibilidad de tener acceso a instrumentos me definió un montón. De chico me la pasaba tocando, me sentía muy extasiado cuando podía hacer sonar algo”, recuerda el músico charlando con El Milenio. 

De grande, luego de un tiempo a puro rock, se reencontró con un género cuyas raíces también venían de su infancia, tantas veces musicalizada por John Coltrane, Charles Mingus y Miles Davis. Los sonidos de unos discos que le acercaron sus amigos, despertaron el lenguaje del jazz en la memoria de Milton, que se propuso volver a estudiar y desmenuzar esa música tan magnética y desafiante.

Allí empezó una camino que lo llevó a recorrer festivales y ciclos de jazz en todo el país, formando parte de distintas bandas. Una de las más relevantes fue Tórax, conducida por el reconocido Titi Rivarola, guitarrista, creador y alma máter de infinidad de proyectos musicales en la provincia.

Su paso por la Universidad de Villa María le dejó herramientas para llevar la música a otro nivel y una serie de conocimientos que luego siguió nutriendo con los Jazz Camp. En el recuerdo de Milton brillan los nombres de muchos maestros, como Osvaldo Brizuela, Alejandro Demogli, John Stowell y Tim Collins, por nombrar algunos. Hoy, vuelca su agradecimiento por esas enseñanzas en la docencia, tratando de transmitir a los más jóvenes el amor por la música.

El 20 de marzo, el bajista se presentó en el Cine Teatro Municipal Rivadavia como parte del 12° Córdoba Jazz Festival. Foto José Valle/Municipalidad de Unquillo.

El Milenio: ¿Cuál es la importancia de la composición en el jazz?  

Milton Arias: La composición y la improvisación son dos aspectos diferentes del mismo proceso creativo en el jazz. Componer es como improvisar, pero con todo el tiempo del mundo para decidir qué nota tocar, cuál acorde, en qué ritmo y a qué velocidad. A su vez, improvisar es como componer, pero en tiempo real, una composición vertiginosa donde no se puede corregir nada. Lo que suena, sonó y ya está.

En este género es tan importante una cosa como la otra. En mi caso, me fascinan las dos por igual. Siempre me gustó componer, de hecho, mi formación está más relacionada a la composición. Pero, aunque escribo mucho la música, también dejo espacios para la libre interacción entre los músicos cuando la estemos ejecutando.

«He tenido maestros muy generosos y pacientes a los cuales estoy súper agradecido. Para mí la docencia es una forma de hacer que siga girando esa rueda que tanto amor me dio a mí»

EM: ¿Cuáles considerás que son los mayores hitos en tu carrera? 

MA: Fuera de mis proyectos, un hito importante para mí fue participar en la banda Tórax de Titi Rivarola, un importante guitarrista de Córdoba que falleció en 2013. Fue una experiencia increíble y un aprendizaje muy lindo.

También incluyo entre esos hitos mis tres trabajos personales. Mi primer disco fue “Milton Arias Trío” (2011), una sesión grabada en vivo sin muchas pretensiones por 1961 Audio Estudio que publiqué en YouTube y otras redes. Fue más como una especie de experimento para ver qué pasaba si grababa mi música.

Yo mismo edité los otros dos discos. Uno se llama “64. Antes del fin” (2014), que lo grabamos con Martín Dellavedova (saxo tenor), Lucas Acuña (guitarra), Martín Barroso (piano) y Lucas Ramírez (batería). Y el segundo es “50. El Caldero” (2019) que lo hice junto al mismo trío del primer disco, pero sumando otros integrantes como Fabricio Amaya (guitarra), Ismael Avecilla (saxo tenor), Martín Barroso (piano), Renato Borghi (trompeta), Luciano Cuviello (batería), Malu Maldonado (voz) y Lucas Ramírez (percusión). Cuando presentamos ese disco éramos ocho en el escenario. 

Los nombres de los últimos dos discos de Arias están inspirados en el I Ching chino, conocido como “el libro de las mutaciones”. Foto Marcos Allende.

EM: ¿Qué lugar ocupa la docencia en tu vida?

MA: Uno muy importante. No tengo formación pedagógica, pero hace muchos años que doy clases y me pasa que he aprendido más cosas por haberlas enseñado que por haberlas estudiado. Como me dijo una vez un profesor muy picante: “Enseñar algo es aprenderlo dos veces”. 

También he tenido maestros muy generosos con los cuales estoy muy agradecido. En algún momento sentí la necesidad de devolverles el amor que me habían brindado y la paciencia que me habían tenido, aunque me frustraba ese sentimiento de que nunca iba a poder enseñarle algo a mi profesor de bajo, por algo era “el profesor”. 

Es muy difícil que les pueda devolver todo eso que me dieron mis maestros enseñándoles cosas a ellos, pero encontré otra salida para ese bagaje de aprendizajes que había adquirido y fue ofrecérselo a los chicos que están empezando. Enseñar es como una forma de hacer que siga rodando esa rueda que tanto amor me dio a mí.

El compositor y bajista participó del Festival Nacional de Jazz de Salta y San Luis, el Ciclo Disco es Cultura y el Festival Internacional de Jazz de Córdoba, entre otros.

EM: Por último, ¿qué proyecto ocupa tu mente últimamente? 

MA: En este momento el proyecto es mi música, que siempre la tengo ahí como latente. Recientemente tocamos en Unquillo como parte de 12° Festival Internacional de Jazz de Córdoba. Sierras Chicas tiene el privilegio de tener muy buenos músicos, algunos nacieron ahí y otros llegan huyendo de la ciudad. Son artistas maravillosos, muy interesantes de escuchar.

También estoy formando parte de dos tríos distintos. Uno con Fabricio Amaya (guitarrista) y Julián Zaneti (baterista), donde tocamos algunas cositas nuestras y hacemos versiones de grandes compositores que admiramos.

En el otro comparto con Julián Gómez Cuello (pianista) y Mateo Marengo (batería), dos grandes amigos con quienes hacemos música un poco más bailable, onda funk, y canciones de rock o pop adaptadas al jazz. Tomamos las composiciones y las arreglamos a la estética más moderna que estamos perfilando, aunque también tenemos algunos clásicos como Herbie Hancock, Joshua Redman y Francisco Fattoruso.


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