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Brigadas Forestales: cuando la voluntad combate al fuego

Tras un trágico 2020 en materia de incendios, hombres y mujeres de Sierras Chicas decidieron transformarse en combatientes de las llamas. La emergente formación de brigadas forestales en la región revela la existencia de numerosas personas dispuestas a capacitarse y a defender el ecosistema y su biodiversidad, en un trabajo autogestivo, voluntario y de alto riesgo.

  • Colaboración: Lucía Argüello.

Los incendios de 2020 marcaron un penoso récord en los registros provinciales de las últimas dos décadas. Según un informe presentado por la Secretaría de Ambiente, entre mayo y noviembre se quemaron 321.688 hectáreas, pero si se suman los focos de los meses no contemplados, la cifra total asciende a 340 mil hectáreas arrasadas por el fuego.

A estos números se agrega otro dato preocupante: la mayor proporción de los incendios tuvieron lugar en el área serrana y el noroeste provincial, zona que contiene la mayor reserva forestal de la provincia. Siguiendo el informe de Ambiente, un 80% del total afectado corresponde a “pastizales, arbustales, monte natural y bosque implantado”. Para el escaso bosque nativo cordobés, esto se traduce en 39.071 hectáreas convertidas en ceniza, entre montes abiertos y cerrados.

Donde hay monte, hay una brigada


Cada año, cuando los focos de incendio se multiplican, los bomberos concentran sus esfuerzos en salvar las vidas humanas y los hogares amenazados por las llamas en las zonas de interfase. Mientras tanto, son los combatientes de incendios forestales, popularmente llamados “brigadistas”, quienes conforman la primera línea en defensa de los bosques. 

En 2020, en un trabajo voluntario y autogestivo, cientos de hombres y mujeres de Sierras Chicas se armaron con tanques de agua, vehículos propios y mochilas hidrantes para intentar salvar al monte de las llamas. Hoy realizan campañas para conseguir mangueras, chicotes, látigos, botas y cascos, entre tantos otros elementos necesarios para combatir el fuego. No sólo eso, también se capacitan en cartografía, navegación terrestre, manejo de grupos y GPS.

«A la brigada la definiría como un grupo de personas interesadas en el cuidado de los recursos naturales, el ambiente y toda su biodiversidad. Tratamos de concientizar y prevenir, además de colaborar ante los incendios», indicó Martín Pipen Pizzi, integrante de la brigada Colibrí (La Granja), una de las formaciones más recientes de la región que ya cuenta con 24 integrantes.

“Es un trabajo durísimo, hay mucho desgaste físico y mental, se necesita resistencia y mantener la cabeza fría para manejar situaciones límite. Pero sobre todo se requiere mucha entrega, porque después de poner el cuerpo en un incendio dos o tres días seguidos, el cansancio es enorme”, sostuvo Pipen Pizzi.

Con el apoyo de la Municipalidad de La Granja, Colibrí trabaja en conjunto con los bomberos de dicha localidad, así como con otras brigadas que están naciendo en la región: Chavascate (Agua de Oro y Cerro Azul), Inchín (Saldán), Chiviquín (Unquillo) e Isquitipe (Río Ceballos), entre otras. 

“Me da mucha esperanza y alegría el movimiento de brigadas que se está formando en la provincia. Donde el Estado no llega, podemos actuar y organizarnos con la fuerza de los movimientos comunitarios y autogestivos”, señaló con optimismo.

En las últimas semanas de incendios del 2020 más de 100 civiles participaron apagando el fuego en colaboración con bomberos voluntarios.

La seguridad, ante todo


Para Pablo Vidal, ex bombero y jefe de la Asociación Civil Defensa Verde, la brigada forestal más antigua de Córdoba, el apoyo también se presta con capacitaciones para los combatientes regionales. “En 2020, ante la gran multiplicidad de actores con distintas técnicas y roles, sin coordinación, que aparecieron, surgió la necesidad de brindar un curso sobre ‘conducta segura’ frente a incendios”, indicó el brigadista certificado a nivel nacional.

“El individuo que se encuentra en el fuego debe reunir tres características: capacitación, equipamiento y conducta segura. Sin esos elementos, su tarea no va a tener éxito. El curso apunta a desarrollar esas destrezas”, aseveró Vidal.

Para el instructor, un brigadista es un “agente ambiental”, a diferencia del bombero, cuyo trabajo se enfoca en la comunidad. “La tarea del brigadista es combatir los incendios forestales, nos preparamos para trabajar en el monte, para proteger la integridad de la cuenca. Es un rol específico que requiere formación, experiencia, entrenamiento y organización para ser parte de la solución y no del problema. En el país hay apenas 800 brigadistas certificados”, comentó.

«Para que una brigada se conforme como una respuesta al fuego, debe tener recursos y una potencia de respuesta o extinción equivalente a la de los bomberos. Hoy en día las brigadas no son una solución, sino un parche. Se necesita una política ambiental integral», aclaró Vidal sobre este trabajo netamente voluntario, cuyas estructuras no son contempladas por las legislaciones provinciales. «La brigada no es una respuesta de los vecinos ante los incendios, es una respuesta hacia el medioambiente que nos queda», remarcó.

“La brigada no es una respuesta de los vecinos ante los incendios. Es una respuesta hacia el medioambiente que nos queda, es un intento de salvar nuestro monte”.

Pablo Vidal, Defensa Verde.

Ambiente y política, una agenda a media tinta


En noviembre de 2020, el proyecto que reformó la Ley de Manejo del Fuego (26.815) para limitar el uso privado y comercial de tierras incendiadas, alcanzó su sanción. Se prohibió durante 30 años el uso comercial o inmobiliario de las tierras afectadas por las llamas. En el caso del monte nativo de propiedad privada, la prohibición se extiende a 60 años. 

La idea es garantizar las condiciones necesarias para la restauración natural de las áreas afectadas. Sin embargo, hace años que los ciudadanos advierten sobre la falta de control gubernamental en el cumplimiento de las leyes ambientales.

Para Pablo Vidal, la política ambiental no es integral y sólo reacciona ante lo emergente. “Los actores políticos no han tenido el tino de innovar y traer cosas que funcionan en otros lugares. Ahí están los resultados: medio millón de hectáreas perdidas, después de que todos los cordobeses pusieran plata durante veinte años a un sistema que, no es que no respondió, sino que dio su máximo, se llevó al límite y, aun así, se quemó todo. Eso quiere decir que algo no funciona”, denunció el brigadista.

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