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Alquimia natural

Los beneficios y propiedades que los ingredientes orgánicos aportan a la salud, hacen frente cada vez más a los químicos artificiales de la industria convencional. En el caso de la cosmética, las plantas pueden convertirse en las mejores aliadas para producir alternativas ecológicas de calidad. En esta búsqueda nació Hoja de Monte, un microemprendimiento familiar con quince años de trayectoria que combina salud, belleza y cuidado personal.

En los últimos años, la sustentabilidad y la ecología se han ubicado, paulatinamente, en el centro de la escena. Así, gran parte de la sociedad, que durante mucho tiempo aceptó los productos industriales sin cuestionamiento, comenzó a revisar los conceptos de elaboración que rodean a ciertos artículos de uso cotidiano.

Esta nueva mirada, que se fue nutriendo de hábitos conscientes cada vez más extendidos, propuso cambios a la hora de alimentarse, vestirse y también cuidarse, higienizarse y embellecerse, dando origen a la cosmética natural.

Hace más de 15 años, un matrimonio de Río Ceballos decidió incorporar esta premisa a su día a día. Se trata de Aldo Mariani y Daniela Márquez, un comunicador social y una bioquímica que, mientras aguardaban la llegada de su hija Mora, se aventuraron en la preparación de ungüentos, cremas y geles naturales que hicieran más llevadera la dulce espera. 

“A ambos nos gustan mucho las plantas. En aquel momento casi no se hablaba del tema, pero nosotros leíamos acerca de sus usos curativos, del preparado de extractos y de cómo cultivarlas de manera agroecológica”, recordó Mariani. Tras una primera prueba casera, nació, junto con Mora, la posibilidad de emprender.

Los inicios fueron “rudimentarios”, señaló Aldo, pero gracias a internet y al famoso “de boca en boca”, el negocio fue dando sus primeros pasos. Hoy, Hoja de Monte continúa en ascenso gracias a su jardín permacultural (diseñado para aprovechar la luz del sol y el agua, sin fertilizantes ni pesticidas) y un laboratorio “donde ocurre la magia”. Así, en familia trabajan los extractos vegetales para convertirlos en geles, cremas, tónicos, pomadas, elíxires y ungüentos con fines cosméticos y medicinales.

El Milenio: ¿Cómo se definen los biocosméticos?

Aldo Mariani: Un biocosmético es un producto de acción tópica cuyos efectos se basan en las sustancias beneficiosas de las plantas. Para que sea agroecológico, las mismas deben ser cultivadas de cierta manera, sin agroquímicos, y recolectadas de una zona limpia. Además, el producto en sí debe evitar colorantes, perfumes, conservantes artificiales y demás componentes sintéticos.

EM: ¿Cómo es el proceso de elaboración?

AM: Todo inicia con la selección de determinado órgano de la planta (hoja, fruto, semillas, etc.), la cual debe ser cosechada en un momento puntual del año y secarse de forma particular para que los componentes activos no se pierdan. A partir de esa materia prima, se hacen diferentes extractos, todos artesanales, lo cual es un proceso lento, que a veces lleva un mes o más para que el resultado sea óptimo.

Nosotros hacemos pequeños lotes de producción para que el producto llegue fresco a manos de los clientes. Económicamente sería mucho más fácil hacer una gran producción, ya que implica menos gasto de tiempo y dinero, pero nos gusta entregarlo como si fuera una comida casera.

EM: ¿Con qué criterio eligen los productos que lanzan al mercado?

AM: Las ideas son patrimonio de Daniela, la brujita. Ella siempre está leyendo y cada tanto se le prende la lamparita y empieza a formular. No se trata de mezclar plantas porque sí, hay que ver los componentes activos de cada una y cómo interaccionan.

A partir de lo que se estudia, vamos incorporando nuevas ofertas, siempre apuntando a la salud. A veces lo que se considera un defecto cosmético es en realidad una patología de la piel, por ejemplo, la falta de nutrición celular. Los productos permiten aliviar afecciones del sistema respiratorio, picaduras, hinchazón, inflamaciones y torceduras, entre otros beneficios.

EM: ¿En qué se diferencia su propuesta de otras similares? 

AM: Tratamos de distinguirnos por el producto y por la forma de trabajo, ya que todo el proceso es llevado a cabo por nosotros mismos, incluso cultivamos muchas plantas en nuestro jardín permacultural. Por eso garantizamos el origen natural y la calidad de cada producto.

Además, tenemos una gran fidelidad de nuestros clientes, quien compra una vez generalmente vuelve a hacerlo. Y eso es justamente por los resultados que ofrecemos, a partir de que nos aseguramos desde el primer momento que la materia prima esté en condiciones.

EM: ¿Cómo es el balance de estos años y qué desafíos se proponen a corto y mediano plazo? 

AM: El emprendimiento ha ido creciendo, lo que es obviamente reconfortante. Cuando empezamos había que explicarle a todo el mundo qué era la biocosmética y los conceptos de agroecología o permacultura eran mucho más marginales. El hecho de que la gente vaya conociendo sobre esos temas es bueno para el negocio.

Paradójicamente, la pandemia nos afectó positivamente, porque se complicó el tema de las importaciones y el cambio con el dólar, lo que generó que algunos productos de competencia, hechos en el exterior, fueran muy costosos o difíciles de conseguir. A su vez, el e-commerce explotó y mucha gente se incorporó a las redes.

En cuanto a desafíos, hay un montón. Desde el taller, por ejemplo, queremos sustituir algunas plantas muy reconocidas que no podemos cultivar por ser foráneas. La idea es cambiarlas de a poco por especies autóctonas o asilvestradas, que sean de fácil obtención en la zona. También estamos pensando en armar un canal para compartir contenido vinculado no tanto al producto, sino más bien a la agroecología y la permacultura.

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