La pandemia ocasionada por el nuevo coronavirus Sars-Cov 2, vino a cambiar la vida de muchas personas. Uno de los grupos que más vio afectada sus rutinas fueron los jóvenes. Por medio de cuatro relatos, estudiantes del Instituto Milenio de Villa Allende cuentan sus experiencias de cómo vivieron y continúan viviendo este suceso histórico.

  • Por Melina Briñon Paz y Nicolás Fernández Vais.
  • 6to Año, Instituto Milenio Villa Allende

El nuevo coronavirus Sars-Cov 2 tomó desprevenido al mundo. Nadie esperaba una pandemia mundial, aún menos la duración de la cuarentena. Las familias volvían de vacaciones, los alumnos regresaban al colegio y la Covid-19 parecía un suceso absolutamente ajeno.

Un viernes de mediados de marzo, los estudiantes retornaron a sus hogares desde la escuela y no regresaron más. El Gobierno Nacional anunció el estado de cuarentena, y ahí fue cuando la extrañez de este 2020 comenzó. No salir, evitar el contagio, los barbijos, entre otras cosas. Todo alejándonos de la normalidad. Sin embargo, hay mucha gente que continúa viviendo su vida con calma.

Desde elmilenio.info dialogamos con cuatro alumnos que compartieron sus experiencias a través de distintos momentos en este atípico año que, sin lugar a dudas, quedará en los libros de la historia mundial moderna.

El virus llega a Argentina. “No puedo salir demasiado de mi casa, porque estoy dentro del grupo de riesgo”


Joaco: Antes de que llegase el virus a la Argentina, yo ya estaba informado sobre el tema y sabía que existían un montón de noticias falsas. Apenas llegó y se anunció la cuarentena realmente estaba tranquilo y calmado. Si tenía alguna duda le podía preguntar a mi padre que, al trabajar en el hospital, claramente está al tanto de la información.

Las primeras semanas fueron “normales” dentro de lo que cabe, a mi familia no le costó adaptarse a la situación, y empezamos por respetar las reglas para evitar el contagio (que hasta el día de hoy seguimos haciendo).

Más adelante, ya con las clases no presenciales, se me empezaron a complicar las cosas porque no lograba acostumbrarme del todo, además con el tema del Internet saturado por la cantidad de personas usándolo, me era casi imposible poder asistir a muchas clases o enviar trabajos a tiempo, pero después pude hacerlo tranquilamente.

Los meses siguientes todo fue más “normal”, con muchos de los problemas que teníamos en mi casa solucionándose. Mi familia ya podía hacer varias de las cosas que hacían antes de que sucediera todo esto (siempre siguiendo las normas de salud).

Lo que me apena mucho es que yo no puedo salir demasiado de mi casa porque estoy dentro del grupo de riesgo, por mis enfermedades respiratorias y defensas bajas, lamentablemente esto ha hecho que a veces me pierda de actividades o juntadas.

La primera semana. “Como la mayoría, pensé que serían tres o cuatro semanas”


Anita: Mi primera semana de cuarentena fue muy tranquila, no me tomé muy a pecho lo que era la situación. Como la mayoría, pensé que serían tres o cuatro semanas y que después volveríamos a la vida normal. Pasaban los días y solo podía estar encerrada en casa esperando que todo terminase.

En general, todos mis familiares, conocidos y yo estuvimos tranquilos. Las actividades que he realizado son entrenar físicamente y técnicamente en el hockey (deporte que realizo desde hace bastantes años), pasar muchos momentos en familia, tener tiempo para hacer tareas de la casa, cocinar postres y sobre todo ver series y películas. Trato de salir a tomar aire siempre que puedo, claramente tomando todas las medidas que pueda para no contagiarme, ya que estar encerrada en casa por muchos días puede ser agobiante.

Si bien la cosa se alargó, considero que es para un bien general y, aunque extraño a mis amigos y la rutina anterior, pienso que todo va a estar bien y pronto nos vamos a poder ver.

Las vacaciones de invierno. “Aproveché esta oportunidad para conocer a más gente por Internet”


Fran: Siendo honesto, la pase muy tranquilo. No hice muchas cosas distintas a los demás días de la cuarentena, pero sí que hablé mucho más con mis amigos. Armábamos juntadas virtuales mediante la aplicación Discord todos los días, a jugar videojuegos juntos y conversar.

También, aproveché esta oportunidad para conocer a más gente por Internet. Uno de ellos es un brasileño, con quien suelo jugar juegos, pero siempre hablando inglés, dado a que no coincidimos con el idioma.

Otra de mis actividades usuales fue ordenar mi cuarto casi a diario, además de meditar, dibujar, cocinar, hacer karate y demás cosas calmadas para mantenerme tranquilo.

Los cambios. “Nos la tuvimos que rebuscar para intentar hacer las cosas más calmas y parecidas a lo que era normal antes”


Lucas: En lo que respecta a la cuarentena, cambio bastante el movimiento de la casa. Sobre todo en el tema de horarios y eso, como con todos. En lo que es actividades nos las tuvimos que rebuscar para intentar hacer las cosas más calmas y parecidas a lo que era normal antes.

Por ejemplo, en mi caso aprendí a hacer helado y cocinar muchas cosas, y mi vieja a bordar. Básicamente, para no aburrirnos con la nueva rutina.

Lo que sí fue un quilombo al principio fue la escuela, ya que ni los profes ni los estudiantes entendían nada sobre el Zoom y enviaban tonelada y media de trabajos. Entonces, 90% de la semana era hacer trabajos hasta la noche, comer, dormir y nada más.

Otra cosa que hay siempre es esa sensación rara de cuando salís afuera, todo está como con miedo y raro, «gris» como le dicen algunos. Supongo que es porque sabés que si te sacás el barbijo y pasás por el lado de alguien con el virus te terminás enfermando.

Mi familia lo está llevando bastante bien. Ninguno está solo en la casa, por lo que charlar pueden charlar, que es lo que más falta en este rato. Pero los ancianos, ya que la mayoría del tiempo están solos, la están pasando muy mal.

Gran parte de ellos llevan desde el inicio de la cuarenta sin salir más allá del patio, y después de tantos meses, se están hartando un poco, y poniéndose nerviosos, por lo que lo mejor es llamarlos diariamente para charlar y ayudarlos.

*NOTA: Todas las ilustraciones que acompañan esta nota son gracias a Melina Briñon Paz.