Gabriel Romero padece de Síndrome de Stevens-Johnson y necesita de la ayuda de los cordobeses para costear la operación de sus ojos.

  • Por Melina Briñon Paz y Nicolás Fernández Vais
  • 6to Año, Instituto Milenio Villa Allende

Gabriel Romero Álvarez de 36 años, padece del Síndrome de Stevens-Johnson desde los 15 años. Trabaja en auto haciendo servicio de remisero. Estuvo un año internado en estado crítico logrando salir pero con las citadas secuelas en los ojos.

Según comentó a El Milenio, tuvo grandes complicaciones por la pandemia para conseguir la atención que normalmente necesita. Según Gabriel, dado a la situación de cuarentena los hospitales públicos no toman como urgencia su condición por lo que se le está negando un tratamiento en el cual estaría en riesgo de perder la visión.

Yo me hacía operar en el Hospital de Clínicas, pero por esto de la pandemia, no operan al menos que tengan una perforación de córnea o de globo ocular”, se lamentó.

Por lo cual, se tiene que hacer operar en un hospital privado donde requiere el monto aproximado de 240.000 pesos para realizarla, si no se opera hay un riesgo de que pierda la visión.

Los interesados en ayudar a Gabriel, pueden ayudarlo haciendo una donación mediante el CBU 0110152830015253846151.

El Síndrome de Stevens-Johnson


El síndrome de Stevens-Johnson es una urgencia médica que usualmente requiere hospitalización. Recibe su nombre por Albert Mason Stevens y Frank Chambliss Johnson. El tratamiento se centra en eliminar la causa preexistente, controlar los síntomas y minimizar las complicaciones.

Es un trastorno grave, poco frecuente e impredecible en la piel y las membranas mucosas, con de 1 a 7 casos por millón de personas. Suele deberse a una reacción a una infección o un medicamento.

Causa erupciones dolorosas y ampollas, haciendo que la piel se termine desprendiendo. A su vez pueden quedar implicados otros órganos y tiene una elevada tasa de mortalidad.

Puede producir inflamación ocular. En casos leves, esto causa irritación y sequedad en los ojos. En graves, puede provocar un daño tisular extenso y cicatrices que deterioran la visión y pueden causar ceguera.

En niños no existen criterios uniformes de clasificación para severidad de las lesiones, ni para el tratamiento, no obstante recientemente los autores coindicen en mejor evolución de los pacientes con el uso de inmunoglobulina intravenosa” indicó Norberto Sotelo-Cruz, del Departamento de Medicina y Ciencias de la Salud, de la Universidad de Sonora (México).