Stefania es una joven de 21 años y oriunda de Villa Allende. En diálogo con El Milenio compartió el camino transitado tras ser adoptada por su familia, recalcando que el sistema de adopción argentino “no funciona como debería”.

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Stefania, una joven de 21 años quien hoy reside en Villa Allende, recordó detalles de sus primeros cinco años de edad, cuando vivía con su abuela en Jesús María, antes de entrar al sistema de adopción y conocer distintas familias que la tuvieron en guarda. En sus memorias está presente su papá biológico, el jardín, paseos con sus primos y hermanos en donde buscaban monedas en las cabinas de teléfonos públicos para poder ir a tomar un helado.

El tránsito de la adopción afecta a los niños y niñas inevitablemente, ya sea para bien o para mal. En el caso de Stefania, ella lo ve como algo bueno. “Mi historia nunca fue un problema para mí, pero si ya de grande empecé a sentir algunos dolores que quedan de la infancia que quizás antes no veía”, contó.

Stefi reconoce que el cambio fue grande, tener que alejarse de sus dos hermanos biológicos y su abuela, mudarse e ir a un nuevo colegio. Sin embargo, resalta que tiene una familia grande, compuesta por un hermano y una hermana, sus padres, abuelos y muchos tíos, tías, primos y primas que la aman.

De chica creo que no me costó nada, solo el tener a mis dos hermanos biológicos un poco lejos. Fue de grande que me empezaron a costar ciertas cosas, como por ejemplo el saber que mis papás biológicos tuvieron sus hijos (cada uno por su lado) y ahí es en donde uno se empieza a hacer preguntas como ‘¿Por qué esos niños pueden vivir con ellos y nosotros no? ¿Qué tengo?‘”, narró la joven de 21 años.



Al consultarle sobre sus primeros recuerdos de su nueva familia, Stefanía compartió: “Todavía me acuerdo del primer día que vi a mis papás y del primer día que estuve en mí casa. La primera vez que vi a mis papás fue en Jesús María, me fueron a buscar con mi abuela biológica a la salida del jardín. Cuando me llevaron a mí nueva casa, me acuerdo que en el viaje les preguntaba todo, a cada rato preguntaba cómo se llamaban mis hermanos”.

Llegue a casa y estaban mis abuelos paternos y mis hermanos. Mi hermana me alzó, y yo todavía no entendía mucho, me acuerdo que le tenía miedo a mí abuelo porque era canoso. Mi abuela y mi mamá me bañaron, fue un día hermoso y todo muy nuevo para mí. Todavía lo recuerdo con muchísimo amor”, agregó.

Stefi aún mantiene relación con sus hermanos biológicos, ya sea a la distancia o con oportunidad de verse personalmente. Asimismo, asegura que su hermano adoptivo es como su cómplice, con quien tiene una gran relación al igual que con su hermana.

Respecto a su opinión sobre el sistema de adopción, ya que lo vivió en carne propia, piensa que “no funciona como debería, está mal organizado y hay muchos niños en la calle, otros que crecen en los hogares y muchas familias en listas de espera”.