Aunque exitoso a nivel sanitario, la otra cara del confinamiento se vislumbra en la cantidad de negocios que cerraron sus puertas a raíz de las dificultades económicas. Gustavo Leimgruber, Analía Vega y Rodolfo Gallardo son vecinos de Sierras Chicas y relataron a El Milenio cómo les afectó el aislamiento social, que paulatinamente se va abriendo.

Aunque exitoso a nivel sanitario, la otra cara del confinamiento se vislumbra en la cantidad de negocios que cerraron sus puertas a raíz de las dificultades económicas. Gustavo Leimgruber, Analía Vega y Rodolfo Gallardo son vecinos de Sierras Chicas y relataron a El Milenio cómo les afectó el aislamiento social, que paulatinamente se va abriendo.

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A partir del próximo miércoles 1 de julio, Córdoba ingresará a la fase 5 de la cuarentena, denominada “nueva normalidad”. Esto significa la vuelta definitiva a rubros comerciales que se vieron afectados profundamente durante los más de 100 días de confinamiento. No obstante, muchos de los negocios no pudieron resistir y no volverán a abrir sus puertas a pesar del retorno a las actividades.


Otros tantos tuvieron la suerte de mutar de sector para subsistir el tiempo necesario hasta este momento. La crisis que se extiende a lo largo del territorio nacional, no es excepción en Sierras Chicas y los casos de Gustavo Leimgruber, Rodolfo Gallardo y Analía Vega dan cuenta de la situación crítica que atraviesa económicamente el corredor.

Los comerciantes coincidieron que lo más complejo de sortear fueron los “gastos fijos” que un local implica, como el alquiler, los servicios y los empleados. Leimgruber es dueño de la clásica parrilla “Los Troncos” en Río Ceballos que se convirtió en una verdulería, al menos temporalmente.


En Río Ceballos cerraron gran cantidad de negocios céntricos y otros cambiaron de rubro o disminuyeron sus instalaciones, como el caso de «La Roka».

Aunque la apertura gastronómica rige desde el pasado 11 de junio, Leimgruber señaló que la vuelta “no fue como se esperaba” y, en su caso, el público ávido es proveniente de Capital y alrededores, por lo que aguardan mejores condiciones para volver a su área de cabecera.

Asimismo, también destacó otra problemática: “mucha gente se ha quedado sin trabajo en este periodo y han cocinado en casa, todo el mundo lo hace sin pagar impuestos y quieras o no eso también saca ventas a quien viene pagando el comercio; no juzgo, la gente tiene necesidad y se la está rebuscando, pero es un momento complejo”.

Rodolfo Gallardo era propietario del bar “Alterna” en la misma localidad. Su historia es similar a la de Leimguber, ya que hoy está a cargo de una verdulería y pollería. “Cuando visualicé que la cuarentena se iba a extender más allá de los 15 días iniciales, me di cuenta que no quedaba otra opción que cerrar”, relató y reconoció: “no teníamos antigüedad, nos faltó espalda económica para aguantar”.


Vega, Leimgruber y Gallardo señalaron que la mayor complejidad fueron los «gastos fijos» como alquileres, servicios y empleados.


Sin embargo, no descartó la posibilidad de restituir el sitio nocturno. “Nos reinventamos y cambiamos de rubro aprovechando que tenemos el local y buena ubicación, si bien no es de nuestro agrado, ayuda a pagar las cuentas”, finalizó su testimonio.

Por su parte, Analía Vega, vecina de Unquillo, se dedicó al alquiler de vajillas para eventos por más de 12 años, en la capital cordobesa. Recientemente, tras su arribo en la región serrana, comenzaba a extender su ámbito laboral también a su lugar de residencia. Pero la pandemia dio un vuelco a sus planes.

Vega afirmó encontrarse en un “impasse”. “Al negocio no lo cerré, si bien el año está perdido, tengo la esperanza de retomar quizá el año que viene”, lamentó y admitió: “el año ya empezó bastante mal y esto remató”.

Por causa de la cuarentena, Analía trabajó por última vez el 14 de marzo y desde entonces se vio obligada a parar. Abandonó el galpón rentado donde guardaba los elementos de trabajo, para “no seguir acumulando deudas” y tuvo que “rebuscárselas” tanto para seguir pagando a sus empleados, como para sobrevivir.

Actualmente, su nuevo fuerte es la cocina y vende pastas, a la par que ofrece lana a domicilio. “Comencé a buscar una entrada económica porque mi rubro será de los últimos en volver”, indicó y cerró: “no sé ni cuándo ni cómo va a arrancar mi ámbito después de todo esto, si a pequeña, mediana o gran escala, pero es mucho lo que se necesita trabajar”.