fbpx

Un 18 marzo de 1929 en plena Ciudad de Córdoba, el por entonces director de La Voz del Interior, José María Carceglia recibía la visita del secretario de hacienda cordobés, José Aguirre Cámara debido a que encontró molesto un artículo periodístico que criticaba su gestión.

Ante la negativa del periodista de retractarse, el político lo terminaría retando a un duelo que se celebró el mismo día, pero en la vecina provincia de San Luis, a las cinco de la tarde. Las armas elegidas: sables de doble filo y punta. Las condiciones de triunfo definían que el duelista que estuviera en peores condiciones físicas luego de tres rondas, se consideraría derrotado.

Las actas de esa época detallaron que Caceglía fue el ganador, aunque ninguno de los dos retadores se arrepintió de sus dichos. Tres años después, Aguirre Cámara se enfrentaría nuevamente en otro duelo, pero esta vez con un compañero de su mismo partido político.

El duelo fue el comportamiento necesario para fijar distinciones y jerarquías en un momento de recomposición de la clase alta y de modificaciones estructurales de la sociedad de principios el siglo XX”, comentaba la historiadora Sandra Gayol, en la sinopsis de su libro “Honor y duelo en la Argentina moderna”.

Según la historiadora, el honor funcionaba como un ordenador del espacio social y político de la época. Tan extendida estaba la práctica del insulto y del duelo, que era raro encontrar una personalidad pública, un parlamentario, un hombre de letras o un acaudalado, que no se hubiera visto involucrado por lo menos una vez en las denominadas “cuestiones de honor”.

Se trata de una tradición tan arraigada a la cultura argentina, que aún hoy en pleno siglo XXI, continúa vigente en el Código Penal en su artículo 97, donde se reglamentan las formas que deben respetar los duelistas. Cabe aclarar que, si bien los que participaren de un duelo no están exentos de pena, son muchísimo menos severas que si se tratase de un simple homicidio simple.

Mientras que la pena por homicidio simple puede llegar hasta los 25 años de prisión en el caso de los duelos donde se respeten todos los protocolos (elección de padrinos, tipo de armas, ser mayores de edad), la pena máxima alcanza solamente los cuatro años de prisión.

Según la opinión de muchos juristas, se consuma el delito de duelo cuando el combate se inicia, sin la necesidad de que se produzca daño alguno. Los padrinos no son punibles, salvo que actuaran con alevosía (art. 102) o que arreglen las condiciones de victoria de tal forma que el resultado letal sea el único esperable.

Por su parte, también está penada la instigación a batirse a duelo, comprendiendo la provocación a que alguien rete a otro a duelo o a que los acepte, o desacredite a quien no aceptó, en forma pública.

Los duelos en la historia argentina


En 1968 se celebró el último duelo público en el país. Los duelistas eran el periodista Yoliván Biglieri (de negro) y el militar Benigno Varela (de blanco).

Según comenta Gayol en su libro, los duelos llegaron al país a principios del siglo XIX, pero debido a los constantes vaivenes políticos y militares de la reciente nación argentina, los mismos no fueron masivos.

Popularizándose recién alrededor de 1870, donde “el espectacular crecimiento económico y poblacional, con el consiguiente trastrocamiento de las jerarquías y prioridades, fue la principal condición de posibilidad del duelo. Lejos de ser un hecho aislado, la posibilidad de duelar se convirtió en un rasgo intrínseco de las relaciones mantenidas entre quienes pertenecían y entre quienes aspiraban a pertenecer a las elites”, afirmó Gayol.

Según los datos de su investigación, hasta 1970 se contabilizaron un total de 2417 duelos. La mayoría se daba entre miembros de la casta política, militares e incluso periodistas.

El duelo más importante del que se tiene registro fue entre dos miembros de la Unión Cívica Radical: Hipólito Yrigoyen y Lisandro de la Torre. El duelo se concretó el 6 de septiembre de 1897, siendo la victoria para el primero, pese a nunca haber practicado esgrima y doblarle la edad a su retador.

En cambio, el último duelo registrado por los medios se realizó en 1968, durante el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, y tuvo como combatientes al periodista Yoliván Biglieri y el militar Benigno Varela. Nuevamente, el problema había surgido a raíz de una nota periodística que no gustó al representante de la cúpula militar.

Una cuestión anacrónica


Hasta la fecha, son muchos los juristas y políticos que se expresaron por la idea de actualizar o incluso eliminar dicha figura penal, debido a que corresponde a necesidades de otros tiempos y que su permanencia actual en nuestro sistema penal, permite que los mismos sigan en la virtualidad, legítimamente vigente.

Tal es la opinión del senador entrerriano Pedro G. Guastavino, quién por medio de un proyecto de ley presentado hace un par de años señaló que el duelo “pudo haber tenido algún tipo de justificativo en una sociedad con otros conceptos de justicia y protección del honor. Recordemos que nuestro Código Penal tiene ya 90 años y conserva resabios de una sociedad que hoy ya no es la misma. Es por lo tanto necesario derogar esta figura tanto por su desuso, como por su reproche a una conducta inviable en una sociedad civilizada”.

Por su parte, otro proyecto de ley, esta vez presentado por la diputada de San Luis, Liliana T. Negre de Alonso sostiene que “la doctrina mayoritaria, entiende que independientemente de que el consentimiento sea válido, el bien jurídico debe ser susceptible de disposición y en el este caso el bien jurídico vida humana es irrenunciable”, por lo que no se trataría de un decisión que podría quedar a la libre disposición de las partes, en opinión de Negre de Alonso.

La justicia debe adecuar su rol y evitar que los conflictos interpersonales se privaticen y para ello debe tener las herramientas legales necesarias para adecuar a la figura que más se relacione. En el caso en cuestión existe una aceptación voluntaria de combate, no contemplada como tal en nuestro ordenamiento jurídico con una escala adecuada”, concluyó.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: