Actor y director de teatro, cine y televisión, Ibáñez Menta fue todo un símbolo del terror televisivo en Argentina.

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Hijo del actor Narciso Ibáñez y de la cantante Consuelo Menta, el asturiano nacido en 1912 fue un niño prodigio que debutó en las tablas andaluzas luego de una función que realizaron sus padres estando de gira. Lo llamaban Narcisín, niño prodigio que canta, baila, recita e interpreta.

Dramaturgos de prestigio le escribían obras que se convirtieron en giras por toda España y Portugal. Debutó en Buenos Aires en 1919 a los siete años con la zarzuela Los granujas, en el Teatro de la Comedia. Se quedó en nuestro país hasta 1923. Fundada la Compañía Hispano-argentina Narcisín continuó de gira por ambos continentes. En los Estados Unidos protagonizó Amor y deporte, su primera película, sin llegar a concretar otros dos proyectos debido al régimen de inmigración del gobierno de Hoover.


/ Diario Crítica.


La metamorfosis

Una vez cumplido el ciclo de “Narcisín”, Ibáñez Menta, fan de Lon Chaney, «el hombre de las mil caras», aprendió el arte del maquillaje y la caracterización. Incluso llegó a conocerlo en más de una ocasión.

Su hijo, Chicho Ibáñez Serrador recordaba:

«Debió crear monstruos para matar al niño y convertirse progresivamente en un actor normal. Aprendió a caracterizarse con tanta precisión, que quizás es el último de los actores que dominan a fondo este arte. Al igual que también es uno de los pocos niños-prodigio que ha tenido después una brillante carrera profesional. Los demás han desaparecido; han tenido que abandonar. Mi padre, en cambio, ha conseguido ser el gran actor que hoy es y el único que ha podido vencer esa gran barrera que para todo niño-prodigio significan los dieciséis y diecisiete años». / Cinefania.


Con amplios conocimientos de fotografía, dibujo, escultura y larga práctica, consiguió presentar creaciones impecables. Y para corroborarlo queda «El Fantasma de la Ópera», donde su creación era el fruto de siete horas diarias de trabajo ante el espejo. El público del antiguo teatro Fémina, allá por el año 1934, contemplaba, entre azorado y temeroso, aquel tétrico y funambulesco personaje, hijo natural de crueles pesadillas. (Entrevista a Adolfo R. Avilés, publicada en Leoplán, Nº 119, Buenos Aires, agosto de 1939)

Teatro en Argentina

Desde enero de 1931 hasta diciembre de 1963, Ibáñez se radicó en Argentina, dando así comienzo a la que él mismo consideraría su etapa más importante tanto en lo personal como en lo artístico, llegando a afirmar: «No sólo me siento un actor argentino, sino que me siento un hombre argentino».


/ Radio Belgrano.


En estos años se dedicó de lleno a la puesta de producciones teatrales clásicas como Fausto de Goethe, Muerte de un viajante, de Arthur Miller, Manos sucias, de Jean-Paul Sartre, y Así en la Tierra como en el cielo, de Fritz Hochwalder. Además de éxitos como El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson y El fantasma de la ópera, de Gastón Leroux.

En 1934 se casó con la actriz argentina Josefina «Pepita» Serrador Marí, madre de su único hijo, Narciso Ibáñez Serrador.

Ibáñez intervino en más de cuarenta películas o miniseries de televisión: Una luz en la ventana (1942), La bestia debe morir (1952), Tres citas con el destino (1954), El monstruo no ha muerto (1960). Destacó Obras maestras del terror, que prefiguraba la después mítica Historias para no dormir de Narciso Ibáñez Serrador, en la que realizó diferentes papeles inspirados en cuentos de Edgar Allan Poe.


Pepita Serrador y Chicho Ibáñez en la obra teatral Aprobado en castidad.


El mundo de la televisión

Comenzó en Canal 7, la actual TV Pública, con una programación nunca antes vista que tuvo gran éxito. Destacaron los ciclos Los malditos de la historia (1958) y Obras maestras del terror (1959-1962) junto a su hijo. Llevó a la pantalla El fantasma de la Ópera (1960), Arsenio Lupin (1961) y Mañana puede ser verdad (1962-1964) y El muñeco maldito.



Regreso a España

En 1963 volvió a España y en enero del año siguiente debutó en la Televisión Española (TVE) en Estudio 3 y participó en Los BulbosEl hombre y la bestiaEl Asfalto¿Es usted el asesino? e Historias para no dormir, serie dirigida también por su hijo, con la que alcanzó gran popularidad. A Ibáñez le interesaba interpretar a personajes particulares envueltos en historias de fantasía.

En los años setenta y ochenta Ibáñez trabajó en películas como Odio mi cuerpo (1974), de León Klimowsky, Lucecita (1976), y en la comedia Yo hice a Roque III (1980), regresando ocasionalmente al cine fantástico en curiosidades como Viaje al más allá (1980), de Sebastián Arbó y El retorno del hombre lobo (1980), de Jacinto Molina.


/ RTVE.


En 1969 en Canal 9 llegó su gran éxito: El hombre que volvió de la muerte. También produjo dos miniseries: Un pacto con los brujos El Sátiro. Al año siguiente personificó a Adolf Hitler en El monstruo no ha muerto. Le siguieronEl cerco alucinanteOtra vez Drácula El Robot.


La voz de la historia.


También Mañana puedo morir (1979, por Canal 13), Historias para no dormir (1982, producidas por TVE) y El pulpo negro (1985, por Canal 9).

En 1974 trabajó en España como protagonista de la serie El Televisor, dirigida por su hijo para televisión, y en 1984 trabajó en el filme Sal gorda, de Fernando Trueba.

Homenajes

En 1995, María Escudero Vera publicó el libro Narciso Ibáñez Menta. Actor.

En 2007 llegó a la pantalla de Canal 13 una remake de la serie El hombre que volvió de la muerte, protagonizada por Diego Peretti, Mario Pasik, Luis Machín y Nancy Dupláa, dirigida por Abel Santa Cruz.

Gustavo Mendoza realizó en 2008 el documental Nadie inquietó más, con testimonios de colegas y trabajadores de teatro y televisión de Ibáñez. Entre ellos, José María Langlais, Beatriz Día Quiroga, Ricardo Passano, Enrique Talión, Lilly Vicet, Juan Carlos Puppo, Manuel Galiana, Paul Naschy, Sebastián D’Arbó, José Martínez Suárez, Chicote Santa Cruz, Ezequiel Pastor, Mario Gallina, Darío Billani, Natán Solans, Liliana Fernández, Jorge Carlos García, Luis Felipe Fotheringham, Peter Pank, Graciela Restelli y Emilio Ruggiero.



En 2010, Gillespi y Leandro D’ Ambrosio publicaron el libro El artesano del miedo, que recopila datos y anécdotas sobre el actor.

Gabriela Restelli pesentó en 2011 el libro Narciso Ibáñez Menta: esencialmente, un hombre de teatro Vol. 1- De «niño Ibañez» a «pibe Narcisín», que abarca los primeros años de Ibáñez como actor.

La figura de Narciso Ibáñez Menta está fijada, en el imaginario popular, a ciclos televisivos de terror y suspenso. Pero el actor reclamaba, y muy especialmente en sus últimos años de actividad artística, que se lo recordase además por su extensa trayectoria teatral.

En 2012, en conmemoración del centenario de su nacimiento, se realizó en su pueblo Sama de Langreo, el ciclo de cine «Narciso Ibáñez, el hombre de las mil caras», en el cine Felgueroso.

En una entrevista, respecto de la desaparición del terror en la televisión y su transformación en el cine, afirmó que al género le hacían falta nuevos temas:

a gente teme a lo que se espera. Una puerta en una casa, no abandonada, pero sí solitaria en la noche. Una puerta que se abre lentamente. Esa puerta que, moviéndose poco a poco, es más impresionante que la presencia de un esqueleto.

Fue uno de los primeros artistas en ganar el Premio Martín Fierro.

En 1981 recibió el diploma al mérito de la Fundación Konex como uno de los cinco mejores actores dramáticos de radio y televisión de la historia argentina.

El actor español falleció en Madrid el 15 de mayo de 2004, a los 91 años, por una enfermedad terminal.


A continuación, algunas de sus obras más icónicas: