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Link a vídeo original: https://bit.ly/2L6Eish

A través de Fundación Mil Aves


Documentar y estudiar el comportamiento de las aves es una pasión para muchas personas y felizmente, cada vez, somos más. Pero fotografiar o filmar una especie fuera de su área de distribución y sabiendo que es unos de los pocos registros para la Provincia tiene un sabor especial; la adrenalina aumenta y esto fue lo sucedió el viernes 1 de mayo.

El día anterior, recibo un llamado de Blas, que trabaja en la Estancia La Paz, de Ascochinga. Él, me cuenta que había visto un ave grande que jamás había observado en la zona. Luego de la charla telefónica, Blas me envió una imagen que había tomado con su teléfono y al verla pude identificar el ave en cuestión. Para mi sorpresa, era un Hocó Colorado; se trata de una especie de la cual sabía que eran muy escasos los registros de avistaje en la Provincia y tenía la certeza que éste sería el registro más occidental de su distribución, además del primero en Sierras Chicas.

De inmediato, me brotó el entusiasmo y la adrenalina, y como siempre en estos casos, moverme rápido era la clave por lo que empecé con la logística de inmediato. Al día siguiente, 1 de mayo, me levanté antes que amanezca y preparé el equipo: cámara, lentes, manta camuflada y trípode. Al alba salí.

Al llegar a la estancia, me estaba esperando Mauro, uno de los trabajadores que mejor conoce los rincones de la misma. Después de recorrer algunos kilómetros por varios senderos, llegamos a la zona donde hay una acequia y un gran pajonal. Nos detuvimos y seguimos a pie con total sigilo, ya que estábamos en la zona donde el día anterior había sido observado el Hocó.



Luego de caminar lentamente y revisar el área con binoculares, lo detectamos: estaba inmóvil con el pico hacia arriba intentando pasar desapercibido entre los juncos secos.

Una característica de esta especie es que, en vez de salir volando, prefiere pasar inadvertida entre la vegetación. Incluso, se queda inmóvil permitiendo que sus depredadores y curiosos se acerquen a muy pocos metros de esta, cuando tiene la oportunidad se va alejando lentamente hasta mimetizarse nuevamente con el lugar y como último recurso, levanta vuelo alejándose del peligro.



En este caso, me acerqué lentamente –cuerpo a tierra– y tras una hora, el Hocó comenzó a moverse algo más relajado, incluso empezó a alimentarse.

Permanecí allí todo un día para poder filmar su comportamiento, lo que se me dificultaba por la densa y alta vegetación. El ambiente en el que estaba era dominado por una vertiente que había formado una zona pantanosa, por lo que desde el primer momento me embarré y mojé hasta la cintura.



Entrada la tarde y después de haberme asegurado imágenes para producir una pieza de difusión, lentamente me alejé de la zona con la gran satisfacción de haber puesto mi granito de arena para que el resto del equipo de la Fundación Mil Aves, entre ellos, Guillermo Sferco -biólogo coordinador de Investigación Científica- y Christopher Lanceley -encargado del Área de Comunicación- hagan su trabajo para difundir, en este caso, el quinto registro del Hocó Colorado en Córdoba, con el objetivo de que sirva para que aprendamos más sobre nuestras especies y los ecosistemas que habitan y, de esa manera, protegerlos.

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