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Desde afuera el boxeo aparenta ser adrenalina pura. Un cruce de impactos bestiales entre dos oponentes. Parece aleatorio, confuso y definido sólo por la fuerza. Su dureza y agresividad suelen quitar el foco de lo importante, que es el control mental dentro del cuadrilátero.

Sí, las luces suele llevárselas el noqueador, con un golpe soberbio ante un rival que cae desarmado al piso. Por eso, los pegadores natos como Joe Frazier, Julio César Chávez o Mike Tyson han tenido semejante peso en el deporte.

Pero el box es más que eso y muchos de los grandes campeones han completado enormes carreras en base a otros recursos. Se pelea con las manos, pero también con los pies, con movimientos efectivos y cambios de paso. Los tiempos son cruciales, así como el desgaste paulatino, el conocimiento del cuerpo propio y de las aptitudes del rival.

Sol Guzmán, de Villa Allende, tiene apenas 17 años, pero entiende la lógica necesaria para ganar en un deporte tan exigente. El boxeo es parte de su vida cotidiana desde muy pequeña. Criada en una familia de pugilistas, su tío y su padre acumularon victorias de manera constante.

Su tía, Anabel Guzmán, fue la primera boxeadora federada de Córdoba. Pionera en la provincia, se enfrentó a deportistas del calibre de Marcela “La Tigresa” Acuña y Carolina “Chapita” Gutiérrez, a quien le quitó el invicto en el amateurismo.


Sin competencia suficiente en Córdoba, Sol Guzmán afronta la dificultad de buscar rivales constantemente y sueña con llegar a la Selección Argentina de boxeo.


Desde el comienzo de sus recuerdos, Sol acompañaba a su padre a los entrenamientos, midiendo el tiempo que tardaba en realizar diferentes ejercicios. “Siempre me llamó la atención, veía las fotos de él peleando y disfrutaba de sus anécdotas en el ring”, cuenta la joven boxeadora.

Con su padre como entrenador, a los diez años decidió “hacer un click” y tomarse la tarea con mayor seriedad, entrenar con objetivos ambiciosos. A los 14, edad mínima requerida para subirse al cuadrilátero, Guzmán comenzó a competir. Desde entonces acumula 15 combates, con 13 victorias y apenas dos derrotas. Su historial también la coloca como medalla de plata en los Juegos Nacionales Evita, disputados en el año 2018.

Es meticulosa en su modo de encarar el entrenamiento y sostiene que admira el estilo del puertorriqueño Miguel Cotto, con su impronta agresiva y frenética para presionar al oponente. Entre las mujeres, su favorita es Lucía Rijker, una potente holandesa que derribó a “La Tigresa” Acuña allá por 1998 y dejó su huella en el cine con su papel antagónico en la multipremiada Million Dollar Baby.



El Milenio: ¿Cómo es ser mujer en el boxeo?

Sol Guzmán: Yo lo vivo de una manera muy natural, no siento una diferencia por mi género. Siempre están los comentarios de “cómo te vas a exponer a eso, fijate como te puede llegar a quedar la cara”, pero no les presto mucha atención. Si bien antes no se veía con buenos ojos que una mujer boxeara, hoy sucede todo lo contrario. Muchas veces, las peleas femeninas incluso se vuelven más espectaculares que las masculinas.

EM: ¿Cómo te llevás con otras mujeres de tu disciplina?

SG: Me llevo bastante bien con todas las boxeadoras que conozco, pero somos pocas. Me cuesta encontrar rivales en Córdoba. En mi gimnasio, soy la única mujer; entreno con los chicos, que son como mis hermanos.

EM: ¿Qué cambió en tu manera de enfrentar una pelea desde la primera vez que competiste hasta ahora?

SG: En mi primera pelea estaba muy nerviosa. En 2018 y 2019 participé en los Juegos Nacionales Evita. Ese momento fue muy importante para mí. Además de la medalla y las victorias, obtuve una gran experiencia.

Aprendí a mantenerme en el peso necesario peleando todos los días, durante cuatro días, y a competir sabiendo convivir con los dolores. En un certamen así, terminás de boxear y al otro día ya tenés un nuevo desafío. Por lo tanto, no podés relajarte ni bajar el ritmo. También me hizo crecer a nivel mental, en cuanto a la preparación. Eso cambia tu forma de trabajar y pelear a futuro.

EM: ¿Qué sentís que tenés que mejorar para seguir elevando tu nivel?

SG: Necesito trabajar aún más duro. Mejorar la posición de las manos, el ajuste de los codos. Soy de enfocarme mucho en el aspecto técnico y la concentración. Si bajás la mano apenas un poco de más en un movimiento, podés perder la pelea.


“Creo que soy una boxeadora técnica, pienso que el nocaut viene solo, es una consecuencia de un largo trabajo previo. No lo busco, simplemente sucederá en algún momento”


EM: ¿Cómo definirías tu estilo como boxeadora?

SG: Como dije, creo que soy una boxeadora técnica, pienso que el nocaut viene solo, es la consecuencia de un largo trabajo previo. No lo busco, simplemente sucederá en algún momento. Hasta ahora nunca noquee a nadie y, sin embargo, me siento una buena boxeadora. Desde el primer round busco darle mucho ritmo a la pelea. Esa es un arma que tengo a mi favor, no me canso de moverme o tirar golpes.

EM: ¿Cuál es tu golpe más desequilibrante?

SG: Hostigo mucho a mis oponentes con el gancho al hígado. Pegar constantemente en esa zona genera que la rival se vaya quedando sin respiración, sin piernas y comience a bajar la guardia. Es de los golpes más eficaces que tengo.

EM: ¿Qué significa para vos tener a tu papá como entrenador?

SG: Me suma un montón. Tenerlo a él en el rincón me da un plus de confianza, porque me conoce, sabe qué necesito para estar tranquila. Estoy muy agradecida por eso, y es un ida y vuelta porque también intento estar tranquila para darle tranquilidad a él. Todos los padres sufren al ver a sus hijas pelear.

EM: ¿Cómo llevás el encierro de estos días? ¿Seguís entrenando?

SG: En la cuarentena hacemos lo que podemos. Por suerte tengo el gimnasio al fondo de mi casa, pero el problema es que generalmente entreno sola. Me estiro, salto la soga, hago cardio, le pego a la bolsa, uso las manoplas con mi papá y fortalezco mis abdominales.

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