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Colaboración: Diego Tachella

Licenciado en psicología (MP: 3257)


Entre el 12 y el 29 de diciembre se produjeron las primeras infecciones reportadas el 31 de diciembre de 2019 por el COVID-19, en la región China de Wuhan. Desde ese momento hasta hoy, 15 de marzo de 2020, ya hay más de 150.000 casos de infectados en el mundo, en más de 140 países y más de 5.000 decesos (se actualiza a diario el reporte oficial).

La Organización Mundial de la Salud ha declarado la pandemia de Covid-19, pero también hay una desinfodemia, propagación de una enfermedad facilitada por desinformación viral, que ya ha superado nuestra capacidad de respuesta ante la alarma mundial.

La saturación en los medios de comunicación y en las redes sociales mediadas por Internet, ha sido un de las que mayor alcance han tenido en la última década, los noticieros, las radios, los diarios, las redes sociales mediadas por Internet, los grupos de mensajería directa en los celulares están rebalsados de información.


Mucha de esa comunicación es falsa, poco precisa o alarmista, y la que circula con mayor frecuencia es la que potencia el miedo, la ansiedad o la percepción del riesgo. Así, ya no estamos informados de lo que está pasando y de lo que necesitamos hacer para prevenir. Se la denomina también Infodemia, la difusión incontrolada de información errónea, que termina perjudicando a las acciones realizadas para prevenir y asistir a quienes presentan síntomas.

El miedo que nos invade

Por lo general, en toda situación el miedo que podemos sentir las personas es la diferencia entre la amenaza percibida y los recursos que creemos tener para enfrentar esa amenaza. Es una emoción más, no es “malo” sentir miedo, es una respuesta ante ciertas situaciones habituales que es adecuado sentir. El bombardeo constante de información aumenta la percepción de la amenaza sobre la infección del Coronavirus Covid-19, la sensación de alarma es permanente y la intensidad de la emoción que sentimos hace que las respuestas y decisiones que tomemos no estén basadas en un análisis racional, percibimos una amenaza tan grande que puede terminar al mundo como lo conocemos.

Así quedamos ante una situación de incertidumbre, de no saber qué va a pasar y cómo prepararnos. Una de las definiciones de ansiedad es que se trata de una anticipación, una preparación para mejorar nuestras oportunidades de supervivencia como especie, anticipar una sequía, un ataque de animales salvajes, ayudó a que podamos sobrevivir. También nos permite planificar un fin de semana, ordenar las tareas escolares, decidir qué elementos llevarnos al salir de casa y preparar una reunión. Hoy, con una pandemia declarada a nivel mundial puede desbordarse esa sensación y transformarse en un trastorno para las personas, que afecta el modo de tomar las decisiones diarias para la vida cotidiana.

Ese mecanismo de anticipación que en casos como el actual se ve potenciado por las alarmas permanentes en los medios de comunicación y en las conversaciones cotidianas, hasta el punto de disparar las respuestas ante el miedo (ya aumentado hasta el nivel de pánico en algunos casos) clásicas que todos tenemos.

Ante una incertidumbre tan grande, parecería que vamos a pasar por un apocalipsis zombi en pocos días. Salimos a buscar certezas que nos permitan mantener la tranquilidad y la calma, encontramos más mensajes de alerta y relatos en primera persona de supuestos profesionales que ven en Europa como termina la civilización. De esta manera, las decisiones que necesitamos tomar para planificar nuestra vida cotidiana se vuelven de vida o muerte, y cualquier respuesta que nos parezca una salida se contagia por imitación y compramos alcohol en gel, barbijos y vamos a acopiar mercadería para una cuarentena.

Qué debemos hacer ante esta situación

Las recomendaciones para éste tipo de casos tienen que ver con: mantener la calma, ver y escuchar menos las noticias que mantienen el estado de alerta, sólo consultar fuentes oficiales, desconfiar de los mensajes que se viralizan en los grupos de WhatsApp, no compartir información que no sea chequeada de los organismos oficiales, recuperar qué podemos hacer en el momento presente para la situación de pandemia de Covid-19, y si no podemos hacerlo ahora agendar cuándo. Así ordenamos los recursos de que disponemos y lo que sí podemos hacer para prevenir el contagio.

Decidir es procesar información y distinguir lo urgente, lo importante de lo superfluo y de la emergencia. La saturación de información, la alerta permanente lleva a dificultar el proceso de toma de decisiones y a aumentar la ansiedad y el estado de alerta ante la incertidumbre externa.

Recomendaciones para evitar el contagio del virus; lavarse las manos con agua y jabón, acatar las indicaciones de autoridades de salud y de gobierno, sólo confiar en fuentes oficiales, no transmitir alarmas, mantener la calma y ante una idea de ansiedad sobre las alarmas que nos llegan debemos filtrar la información y tomar decisiones.

Controlar la incertidumbre propia a niveles admisibles (esto es que no genere ansiedad excesiva o paralización), la del entorno es inmanejable de manera individual, retrotraer las dudas a preguntas del tipo “qué puedo hacer yo respecto de lo que dicen las noticias”, y si lo puedo hacer ahora o si lo agendo para otro momento.

Evitar compartir y transmitir información redundante (si ya está circulando en los grupos o redes sociales, seguro ya lo han visto casi todos) para evitar la saturación; tampoco difundir información falsa, para eso chequear las fuentes y pensar a quién podría perjudicar si es falsa o a quién beneficia esa información, en caso de pensar que es muy importante compartirlo, tomarse un momento para verificar en las redes oficiales la misma.

Pensar de manera colectiva al momento de hacer compras, lo que yo me llevo que no necesito y que otros pueden necesitar es en perjuicio de todos.

La pandemia nos afecta a todos y todas, aun los que no pertenecen a los grupos de riesgo pueden transmitir el virus sin enfermarse, y así contribuir a la expansión del mismo.

Pensemos que el tiempo en casa en caso de una cuarentena es para preservarnos como conjunto, y veamos la oportunidad que nos pueda dar de aprender nuevos modos de relacionarnos, no solo lo que dejamos de hacer.

Y si sabemos de alguien aislado, veamos cómo podemos colaborar o contribuir a su bienestar, sin ponernos en riesgo.

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