"La población estaba totalmente desinformada", dijo Helena Conrero, una docente de Villa Allende que compartió de primera mano, su dramática experiencia durante las trágicas explosiones que sorprendieron a Río Tercero en 1995.

  • Por Augusto Widmer
  • 6to Año, Instituto Milenio Villa Allende

El pasado domingo 3 de noviembre, se cumplieron 24 años de la voladura de los polvorines de la Fábrica Militar de Río Tercero.  Sin lugar a dudas, se trató de uno de los sucesos más trágicos del país y la provincia de Córdoba desde la vuelta a la Democracia.

Para rememorar ese trágico suceso para los cordobeses, El Milenio dialogó con Helena Conrero, docente de Villa Allende y que en el momento que comenzaron las explosiones, estaba cursando su último año del secundario, en el Colegio Superior de Comercio, ubicado en la denominada «zona roja» del conflicto.

Conrero compartió cómo fue vivir de primera mano esa experiencia que marcó a todo un país, a mediados de los 90′.

La mañana que lo cambió todo


A las 8:30 de aquel trágico 3 de noviembre de 1995, iniciaron en la Fábrica Militar de Armas de Río Tercero, una serie de explosiones que se extendieron a lo largo de toda la jornada.

La fábrica estaba ubicada a doscientos metros del límite del área urbana, razón por la cual las explosiones afectaron directamente a la ciudad: decenas de viviendas quedaron en ruinas y cientos fueron seriamente dañadas, al igual que los automóviles.

Atendiendo que la información sobre lo que estaba sucediendo se suministraba a cuenta gotas y recién durante el transcurso de esa mañana, la población pudo saber con algo de certeza que había explotado la fábrica militar.

En ese momento, Helena se encontraba en el colegio junto a sus demás compañeros, cuando empezaron a escucharse los primeros estallidos.

Nosotros pensábamos que habían puesto una bomba en el cole

«La onda expansiva rompió muchos vidrios y las personas comenzaron a desesperar, algunas querían tirase por la ventana en busca de una huida más rápida y otras mantenían la calma«, continuó relatando la docente.

En ese momento, la mayoría de los estudiantes habían decidido salir del colegio para regresar a sus hogares. Pero cuando salieron de dicha institución, vieron cómo todo estaba destruido, había gente herida y casas completamente rotas.

Cuando nos alejamos del colegio, comenzamos a escuchar gritos de la gente que decían que estaba explotando la fábrica militar”.

La gente comenzó a huir en auto y a pie. Las hacían principalmente a una localidad cercana llamada Tancacha, donde podían comenzar a buscar a sus familiares.

No teníamos conocimiento de cómo huir 

El siniestro causó también lesiones a más de trescientas personas, la mayoría de las cuales se encontraban fuera del radio de la planta.

Fue un momento que no se olvida en la vida de uno, inclusive no se olvida para todos los habitantes de Río Tercero y es muy bueno que se recuerde esta fecha”, continúa relatando Helena.

La unión de los vecinos hizo la fuerza


No obstante, la docente destaca que pese a la falta de información y al miedo reinante por no comprender que estaba pasando, fue positivo como el pueblo se solidarizó en las tareas de evacuación y como eso ayudó a que las víctimas fatales fueran tan bajas.

Creo que dentro del horror que fue, fueron muy pocas las víctimas. Casi nadie sabía que se fabricaban armas en esa fábrica”, continuó. Y agregó: “Creo que esta tragedia nos tiene que servir de aprendizaje para que esto no vuelva a pasar”.

Los medios masivos cumplen un rol trascendental en esto porque nos brindan información y deben buscar siempre la veracidad de los hechos, mostrando todas las miradas de una misma situación”, finalizó.