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El teatro como experiencia comunitaria

Les Yuyeres es el nombre de una singular propuesta teatral anclada en la tarea itinerante de recoger saberes ancestrales y devolver a los habitantes de los pueblos, escenas de su propia historia.

Les Yuyeres es el nombre de una singular propuesta teatral anclada en la tarea itinerante de recoger saberes ancestrales y devolver a los habitantes de los pueblos, escenas de su propia historia. Lucía Maina cuenta de qué se trata este grupo interdisciplinario que busca traspasar los esquemas del teatro tradicional.

En el Teatro Foro, los espectadores se transforman en “espectactores”, ya que participan de la obra.

De la capacidad para inmiscuirse en lo profundo de la cosmovisión de los pueblos, nace la distintiva propuesta del Teatro Foro. Esta práctica artística se desprende del Teatro del Oprimido, que a su vez encuentra su origen en el reconocido dramaturgo brasileño Augusto Boal, como contraparte teatral de los conceptos pedagógicos del docente Paulo Freire.

La búsqueda nace en el intento de generar un nuevo protagonismo de los pueblos en relación a las artes escénicas. Con ese objetivo, Les Yuyeres encara una propuesta que busca sacar al público de su lugar de mero consumidor, para transformarlo en agente creador.

En ese sentido Lucía Maina, actriz y miembro del grupo, sostiene: “En el Teatro Foro no existe la idea de ‘espectadores’, sino que al público le damos el nombre de ‘espectactores’ y ‘espectactrices’, porque buscamos que participen, que intervengan en la obra”.

La pregunta es entonces: ¿Cómo lo hacen? Su respuesta está en una experiencia nómade que, si bien se define a través de algunos pilares, va mutando en función de su entorno. Para ello, este grupo teatral indaga en el corazón de diferentes comunidades, desde el Valle de Traslasierra hasta el de Calamuchita. Sierras Chicas también ha sido testigo de esta experiencia teatral en la que participan varias vecinas de Unquillo.

Lucía Maina es actriz e integrante del grupo Les Yuyeres, una propuesta teatral que roza lo antropológico.

El Milenio: ¿Cómo surgió la idea de armar este proyecto?

Lucía Maina: Por un lado, por la inquietud de algunas integrantes del grupo que vienen usando los yuyos como medicina y querían trabajar con el tema. Por otro lado, también pesó mucho la experiencia de varias personas que veníamos del Teatro Foro o Teatro del Oprimido.

Nos encontramos espontáneamente y fuimos dándole forma a este proyecto. En mi caso también participé de un taller en Barcelona en el que trabajábamos este tipo de teatro en un grupo intercultural, con inmigrantes de diferentes países. Fue una experiencia distinta y muy determinante para mí.

EM: ¿Cómo se fusionan los yuyos con el teatro?

LM: El tema de los yuyos es el eje que nos guía en cuanto a qué trabajar. La manera en que funciona tiene que ver con nuestro tránsito por comunidades de las sierras de Córdoba, donde producimos durante varios meses. Primero realizamos un profundo trabajo de campo con entrevistas y, a partir de eso, escribimos el guion y organizamos la obra. Los yuyos terminan siendo una excusa para tocar otros temas.

EM: ¿Se va abriendo el juego de construcción de una obra a medida que van conociendo cada comunidad?

LM: De alguna manera, sí. El tema de los yuyos es un disparador. Luego, en cada lugar aparecen aristas que observamos como problemáticas interesantes de abordar desde lo comunitario. En Traslasierra, por ejemplo, el eje central fueron los prejuicios.

Nos encontramos con que la gente estaba muy distanciada una de otra. Entonces, lo de los yuyos pasó a ser secundario en relación al problema de cómo distintos grupos no se comunicaban entre sí a raíz de etiquetas o categorías que los iban definiendo. El objetivo en esos espacios era fortalecer los vínculos dentro de la comunidad, de una manera más amplia.

EM: Ya llevan tres años rodando con esta propuesta, ¿se plantean alguna respuesta en particular o eso también va mutando en el proceso?

LM: La idea es reavivar la historia oral y compartir saberes, eso es lo que nos guía y lo hemos ido logrando. Cuando comenzamos a hacer entrevistas, mucha gente cree que no sabe, que no tiene nada relevante que aportar. Pero a medida que se van soltando, aparecen un montón de ideas que nosotros tratamos de ensamblar, para ponerlas finalmente en escena frente a toda la comunidad.

Hemos logrado recuperar algo valioso en cada pueblo, porque además la primera parte de este camino es poner sobre el tapete saberes que van de generación en generación. Que la gente conozca y reconozca el lugar que habita, que pueda recuperar algo de su propia historia.

EM: Ahí se resignifica el tema de los yuyos.

LM: Exactamente. Los niños y las niñas no saben de yuyos, ni tienen idea de cómo curar a través de ellos. Son conocimientos que se propagan a través de la oralidad.

De la capacidad para inmiscuirse en lo profundo de la cosmovisión de los pueblos, nace la distintiva propuesta del Teatro Foro.

EM: A partir de las experiencias que han tenido, ¿cómo ven la respuesta del público cuando le muestran su propia historia y la dramatización de cuestiones zonales?

LM: La respuesta es muy buena siempre. Es raro, porque nosotros no hacemos una transposición exacta en la obra de lo que surge en el trabajo de campo. Existe un proceso creativo en el medio. Entonces eso llega de vuelta a los vecinos después de haber sido transformado mediante los personajes. Quizás no es exactamente lo que dijeron, pero las personas de la comunidad se reconocen en el relato.

Eso es lo que nos interesa, es como un empoderamiento por parte de los pueblos, de su propio saber. Ya desde ese lugar, la participación activa de los ‘espectactores’ es mucho más fácil de lo que uno se imaginaría. Cuando recién comenzamos con Les Yuyeres teníamos esos temores: ¿Qué va a pasar? ¿Realmente el público va a subir a actuar? La respuesta ha sido un sí rotundo, porque es una propuesta que los interpela y es parte de ellos.