La neuropedagoga Marilina Rotger conversó con El Milenio sobre la importancia de las emociones en la educación. Además, se expresó sobre la neurociencia y cómo puede ser un buen instrumento para el aprendizaje de los estudiantes.

  • Por Florencia Taddey.

Nuestro cerebro es maleable, plástico y puede modificarse ante cada nueva experiencia. De esta manera puede modelar su estructura, formar nuevas redes neuronales, y eliminar aquellas que se encuentran en desuso.

Durante el aprendizaje, el cerebro se organiza y reorganiza. Y si bien cada cerebro es único, particular y aprende diferente, siempre será atravesado por su entorno, por lo que el cuerpo y la mente influirán en el proceso de aprender”, señala Marilina Rotger, autora, profesora, neuropsicoeducadora y neuropedagoga.

El cerebro humano es racional, nos concede el razonamiento y activa el poder del pensamiento. Allí, donde se encuentran todas las funciones ejecutivas, es donde se asienta nuestro “cerebro emocional”.

La toma de decisiones, el desempeño, la manera en que nos relacionamos en diferentes entornos y los propios pensamientos, están atravesados por las emociones. Nos brindan información de lo que está ocurriendo manifestándose en el cuerpo, a modo de conciencia física de la emoción y son ellas quienes marcan el rumbo y nos conducen hacia una acción”, señaló.

¿Qué es la neurociencia?


La neurociencia es una disciplina que se encarga de estudiar el cerebro”, explica Marilina, destacando que, gracias a los avances tecnológicos y a la posibilidad de estudiar cerebros vivos, hoy se sabe más de este maravilloso órgano que en décadas anteriores.  

Los conocimientos y aportes que arroja la neurociencia constituyen una valiosa y fundamental herramienta en el ámbito educativo, ya que nos enseña sobre la plasticidad del sistema nervioso.  “Uno de los principales avances en el campo de la neurociencia es que la base del aprendizaje es la neuroplasticidad, es decir la capacidad que tiene nuestro cerebro de reestructurarse y cambiar constantemente”, señala la profesional.

Neurociencia y Aprendizaje


En el sistema educativo, las instituciones de formación docente se encuentran alejadas de la concepción neuro. En ese sentido, Marilina señala: “Seguimos con modelos educativos de enseñanza con clases magistrales, con duraciones que no respetan los tiempos atencionales a nivel cerebral, priorizamos habilidades cognitivas por sobre las emocionales, sabiendo que emoción y cognición son procesos que deben caminar juntos, apoyarse uno en el otro”.

Para aplicar la neurociencia en la escuela es necesario formar al responsable de la enseñanza: “el docente”, quien debe saber y entender cómo aprende y qué necesita el cerebro, el órgano del aprendizaje. Además, explica, se deben modificar modelos sobre la construcción del saber e incorporar modelos que giren sobre el aprendizaje a nivel cerebral.

Son muchas y variadas las herramientas que la neurociencia pone a disposición y, como destaca, es importante comenzar a implementarlas. “Estoy convencida de que todo educador que aplique en sus prácticas diarias, aspectos que giran en torno a la neurociencia, tendrá por resultado clases más efectivas y afectivas, logrando un aprendizaje significativo, tanto para su estudiante como también para él”.

Aprendizaje y Emociones


Existen un sinnúmero de debates y constantemente se busca una explicación sobre el papel que las emociones cumplen en la vida de una persona y cómo influyen en el aprendizaje. En este sentido, aparece otra disciplina, la neuroeducación, que es el punto de encuentro entre la neurociencia, la psicologíay  la pedagogía.

En sus aportes destaca algo que la escuela no debe olvidar: la educación de las emociones. “Somos seres emocionales con capacidad de pensar. La emoción antecede al intelecto y tiene un gran peso en el valor de la supervivencia humana”, destaca Rotger.

“Nivelar estados emocionales en el aula, enseñar en entornos libres de amenazas, fomentar el desarrollo de habilidades emocionales con el fin que los estudiantes puedan nombrar, identificar, reconocer y gestionar asertivamente estados emocionales favorece, en forma directa y resonante, al aprendizaje”, resalta.

En este sentido, destaca Marilina, la enseñanza de las emociones no debe faltar en la escuela, ya que ésta ayuda a que un estudiante, en esta situación o en otras similares, aplique habilidades emocionales desarrolladas para hacer consciente su estado emocional y logre autorregularse, gestionado asertivamente la emoción.

Responsabilidades académicas


“La escuela, no debe prestarle atención a la neurociencia, la escuela debe ser motivada por la neurociencia y por todos los aportes que esta ciencia está ofreciendo para mejorar la enseñanza”, expresa Marilina.

Esta responsabilidad no le compete a la escuela, le compete al sistema educativo, quien debe modificar planes y diseños de enseñanza dándole protagonismo a la neurociencia cognitiva.

Finalmente, señala Marilina, que el gran desafío que tiene la educación actual es lograr que los estudiantes tengan el deseo de ir a la escuela y que no sientan la obligación de asistir, sentir el colegio como un espacio de aprendizaje y no sólo de calificación.

Marilina Rotger


Es autora, capacitadora, profesora, neuropsicoeducadora, neuropedagoga y acompañante terapéutica. Es diplomada en neuroaprendizaje, neurolingüística, gestión educativa e inteligencia emocional.

Integra el cuerpo docente de educación a distancia de la Universidad Blas Pascal en la diplomatura de Integración Educativa.  

Ha escrito artículos para el diario La Voz del Interior y en revistas de la editorial Ediba. Además, publicó “Neurociencia Neuroaprendizaje: Las emociones y el aprendizaje”.

En el 2017, recibió un premio de la Universidad Nacional de Córdoba por sus aportes a la educación.

Actualmente trabaja dictando cursos, talleres, capacitaciones y conferencias sobre temáticas relacionadas a la neurociencia cognitiva y la educación emocional. Al mismo tiempo, se encuentra preparando su segundo libro.