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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Pintar con palabras


Ana María Aldrighetti es escritora de literatura infantil. A lo largo de los años logró combinar la docencia con su pasión por narrar historias. Actualmente lleva producidos tres libros y tiene dos más en proceso.

“Mi deseo es siempre seguir escribiendo, produciendo, poder llegar a las escuelas con mis obras y mis talleres literarios”.

Muchos de los grandes escritores, reconocidos a nivel nacional e incluso internacionalmente, encontraron su vocación siendo apenas unos niños. Quizá, sin darse cuenta en su totalidad  que de eso se trataba, eran capaces de concebir cuentos, poemas o simples relatos de los que les ocurría en su cotidianeidad. Ese placer por la escritura con los años se desarrolla paralelamente y ahí, en algún momento, comienza el deseo de ser leído, valorado, de lograr transmitir algo con las ideas plasmadas en un papel.

Así inició la historia de Ana María Aldrighetti, quién desde muy chica, cuando sus días transcurrían en una pequeña escuela rural de Candelaria Sur, en el departamento Totoral, descubrió su amor por el arte de escribir. “Yo creo que nací escritora y me fui haciendo al mismo tiempo, porque un escritor no siempre se nace, se hace”, comentó.

Un aula con 35 compañeritos, de todas las edades y su profesora, María Olga Bustos, fueron su gran inspiración para algunas de sus obras. Con el pasar del tiempo, de la madurez, de la experiencia, actualmente se encuentra en pleno auge de difusión su libro “Relatos de mi infancia” donde narra, desde una base realista, un recorrido por su niñez en aquel pueblo que la vio crecer hasta cumplir los doce años, cuando tuvo que continuar su camino en otro lado, ya que no tenía ahí la posibilidad de cursar el nivel medio.

Al ingresar a esa etapa, llegó la pasión por la poesía. Aldrighetti destacó su facilidad, desde aquel entonces, para poder escribir de manera clásica, con rima y la invocación de imágenes sensoriales, apuntando siempre a la simpleza, con el fin de que cualquier persona pudiera comprender de lo que se trataba el poema.

Luego llegó la época universitaria. Ana María se inclinó por la medicina e hizo hasta el tercer año de la carrera y, si bien le gustaba, se daba cuenta que eso no era para ella, que quería algo más. Comenzó el Profesorado de Enseñanza Primaria junto a los estudios de Cultura y Lengua Italiana, pero sin relegar lo que amaba: la escritura. Así, como una suerte de casualidad, empezó la participación en concursos literarios. Con perseverancia y entusiasmo, desde abajo, con caídas, hasta que un día lo alcanzó, por primera vez pudo ver sus producciones publicadas en un libro, lo cual fue un incentivo muy grande. Aldrighetti relató cómo eso le llenó el alma y le generó una “adicción a escribir y a participar en los concursos”.

Nutrirse desde lo corriente

El primer libro que publicó Ana María fue “Martina y Stefano, La Aventura” en el año 2007. Esta novela narra la historia de dos amigos y un burrito que recorren las serranías cordobesas y nace a partir de un pedido muy especial. Una colega se acercó a Ana para pedirle algún estímulo para los alumnos de cuarto grado, con el objetivo de que se interesaran por las regiones de Córdoba. Así se inició la búsqueda de un “disparador” que terminó convirtiéndose en una novela de doce capítulos, en parte, gracias al impulso de su hijo, que le advirtió que ese “cuento” daba para más.

Más tarde surge “Poemas y Cuentos Mascoteros”, donde trabajó a la par de un compañero de la facultad de medicina, escribiendo sobre mascotas reales de ellos mismos, de vecinos, compañeros del colegio, entre otros.

Y finalmente, años después, salió a la luz “Relatos de mi infancia”. Pero este libro no fue el único donde Aldrighetti desplegó las memorias de su infancia. Anteriormente, el concurso “300 escritores hacia el año 2000” le permitió publicar cinco poemas, de los cuales uno estaba basado en su “niñez pueblerina”. El libro que se editó a partir de ese concurso, estaba plagado de escritos “maravillosos” de otros escritores también. Al tenerlo en sus manos, Ana María no pudo contener las ganas de contactarse con su mayor inspiración, María Olga Bustos y llevárselo de regalo, generando uno de los momentos más emocionantes que la escritura le ha dado.

A lo largo de su carrera literaria, Aldrighetti continuó desempeñándose como docente en el área de lengua de cuarto, quinto y sexto año, dentro del colegio San Pablo Apóstol, de Barrio Colón. Allí además, dictó talleres literarios, fue coordinadora pedagógica y, por último, se jubiló siendo vicedirectora de la institución.

Luego de la jubilación, hizo una diplomatura Iberoamericana en animación a la lectura que le dio pie a iniciar un recorrido por diferentes escuelas, llevando sus libros e invitando a los chicos a involucrarse en el mundo de la literatura. En ese interín, varias anécdotas nutrieron el proceso tanto de escritura como de propagación de los libros editados. Aldrighetti actualmente inicia la presentación de Poemas y Cuentos Mascoteros, con una introducción sobre cómo es el proceso de edición de un libro. La idea surgió a partir de una alumna que le preguntó de qué manera ella había logrado poner las palabras ahí dentro.

De esta manera, la cotidianeidad atraviesa cada producción que Ana María, más tarde, hace emerger. Una mascota, una tarde de campo, el mar, una escuelita rural, la naturaleza, son sólo algunos de los ingredientes que nutrieron la poesía de una escritora que tiene mucho para dar.

Para no cortar con el tinte infantil que la caracteriza, Ana María se encuentra actualmente en la producción de dos libros más para nivel inicial, que “están listos, pero sin título aún”. La cuestión económica significa un problema importante para que éstos finalmente se encuentren circulando, “sabemos los costos cuando uno hace todo a pulmón”, expresó Aldrighetti. Y agregó lo fundamental del boca en boca en esta industria.

El auge del papel

Aldrighetti es una ferviente creyente del formato papel, aún en estos días cuando su mayor público se encuentra sumamente arraigado a las diferentes pantallas. Ella sostiene: “el contacto con el papel es muy especial, tiene un olor particular, es como abrazar, mientras que lo digital es sólo un estímulo visual”.

Asimismo, contó sobre las diversas maneras en que sus libros han sido tratados “interna y transversalmente”. Debido a que sólo la tapa posee color, varios colegios decidieron decorar el libro por dentro, coloreando con distintas técnicas e incluso agregando música.

“El docente creativo va a saber explotar el libro al límite y los niños ni hablar, jamás hay que subestimar la mente de un niño, nos supera ampliamente, nos dan ideas”, comentó. Además, se mostró conmovida al recordar cómo sus lectores le han ofrecido finales diferentes e incluso, continuidades de sus libros, e hizo hincapié que mucho de esto se debe al auge del papel.


Un gran pilar en la construcción literaria viene de parte Jorge Gustavo Fernández, artista plástico, encargado de las ilustraciones. Aldrighetti recordó en diálogo con El Milenio cómo fue la experiencia en su primer libro, cuando él logró originar exactamente lo que ella le pidió. “Cuando fui a agradecerle por hacer lo que yo quería, tal cual lo quería, Gustavo me dijo: ‘lo que pasa es que yo pinto con crayones, pinceles y vos pintás con palabras’, y la verdad que fue así”, concluyó Ana María.

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