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Un ícono de la doma

EN VÍSPERAS DE LA DOMA MÁS IMPORTANTE DEL PAÍS


Pedro Miguel Imbarrata, ciudadano ilustre de la comunidad de Unquillo, es gaucho y tiene el récord del puntaje más alto en la doma de Jesús María desde el año 78.

“No me enseñó nadie nada, yo sabía andar a caballo, me preguntaban: “¿Vos te animás a montar?”, y les contestaba: “Yo se andar a caballo”. Y bueno cuando vine y tuve la oportunidad esa empecé acá, en la chacra de Beltrán, fue donde me probaron”.

Pedro Miguel Imbarrata es un ícono en el ámbito de la doma y las relaciones con los caballos. Con 82 años de edad ha batido récords y obtenido innumerables premios y reconocimientos.

Miguel vive actualmente en Cabana, Unquillo, junto a su esposa, y cerca de sus hijas y nietos. Su casa cuenta con un corral donde tiene a sus caballos, ya que como él contó, no se imagina estar lejos de los equinos.

Vida temprana y su familia

“Cuando me volví a Córdoba, mi hermano me dijo que si estuviera en Córdoba estaría domando en Jesús María. Y vine, estaba el furor de la doma, y ahí empecé yo, tenía 31 años”.

El Milenio: ¿Siempre vivió aquí en Cabana?

Miguel Imbarrata: Nací acá, en este mismo terreno. Soy el cuarto de los hijos, y toda mi vida estuve acá.

Desde los 8 años viví bien, antes de los ocho pasé frío. A partir de los ocho trabajé afuera, y viví bien, porque sabía lo que era dormir con sábanas, mis hermanos fueron más sufridos. Fui como elegido en la vida para vivir bien.

A esa edad me fui de peoncito, me fui a sacar leche con mi madre.
Después me sacó mi viejo, e iba al colegio, pero fui al colegio dos o tres meses, todos los años hasta los 11, y siempre me sacaban. A los 11 años ya no quise ir más, así que terminé en inferiores no más. Y trabajé de peón de patio, apartaba los terneros, ayudaba a sacar la leche a un señor y una señora, Doña Plácida y Don Jiménez. Y ahí estuve hasta los 10 – 11 años.

Después trabajé cuidando a otra viejita; también trabajé en una fábrica de cuetes; en una carnicería, y de ahí, los domingos en vez de irme a algún lado, me iba al campo de las matreras, donde había muchas yeguas. Y yo me iba, paraba ahí en las chacras de los Piuma, y las traía por el callejón, cerraba la puerta, cuando entraban al callejón, antes de entrar al gringo Dene, enlazaba a algunas chúcaras, y bueno como podía las renegaba y las traía.

Mi vieja me decía: “Miguel vení, deja de renegar con esos animales, te vas a golpear”. Renegaba, renegaba, hasta que las montaba. Algunas pegaban unos saltos, otras no, eran potrillas chicas.

Después cumplí 19 años y trabajé en una obra. Trabajé con un electricista seis, siete meses, en una fábrica de jabones y después hice la colimba.

Cuando terminó la Colimba me vuelvo a Bs. As. para trabajar allá.

Estuve unos meses allá, volví a Córdoba y la conocí a mi mujer. Empecé a salir con ella, tenía 23. Un día, le digo: “¿Por qué no nos vamos a Bs As? Yo te consigo trabajo allá, vos trabajás cama adentro y cuando tengas franco nos vemos”. Me fui, quedó embarazada mi mujer, un día se cae de la escalera y empezó a tener pérdidas, el médico le dijo que no era nada y que se yo. Un día cuando volví al hotel salía sangre por debajo de la puerta, empecé a golpear y no me contestaba nada, bajé corriendo y la llamé a la encargada y subió con las llaves. Ahí le pedí a Dios y a la Virgen, les prometí que me iba a casar con ella. Y bueno después tuve tres hijas.

Después me volví a Córdoba, mi hermano me dijo que si estuviera en Córdoba estaría domando en Jesús María. Y vine, estaba el furor de la doma, y ahí empecé yo, tenía 31 años.

EM: ¿Tiene algún seudónimo?

MI: Fantasma, porque estábamos con un primo mío, acá en Quebrada Honda y había unos hombres que comentaban que salía un fantasma en la noche, eran tres recorredores, y dice: “Yo también vi a alguien que salió”. Entonces mi primo dice: “¿Sabés quién debe ser? Miguel Imbarrata”, y le digo: “Sí”. Eran unos porteños, los tipos agarraron, fueron y pusieron una denuncia, que el fantasma que salía en Quebrada Honda era Miguel Imbarrata.

Entonces estaba Miego, que era el policía, y me dice: “¿Que estás haciendo?”, “Nada, me llegó una notificación diciendo que me tenía que presentar hoy”, le digo, “¿Cómo te llamas?” “Pedro Miguel Imbarrata.” Me dice: “¿Vos sos el fantasma?”, entonces agarré y le conté, se reía y me dijo: “Bueno ándate”, y ahí quedó: “El Fantasma”. También un amigo, que en ese tiempo animaba en las domas, me llevaba a mí y me anotaba como “El Fantasma”.

Por esa razón, Bársena le puso al caballo de él El Fantasma; René Fassi le puso Fantasmita primero y creo que Pedro Casas le puso Fantasma a un caballo que se lo vendió a Bársena que una vez me bajó, otra vez me pegó un boleadón acá en Salsipuedes, y pegué con la cabeza en el suelo, cuando me desperté estaba el comisario Pérez y Roberto Gonzáles, y me dice: “Estás bien Fantasma?”, y le digo: “Sí, sí estoy bien”, y me dice: “Lo vas a volver a montar?”. Sí, le digo, lo voy a volver a montar. Me lo tenían que dar de nuevo porque si el caballo se bolea y pica en el palo y toca con las manos en el suelo no te lo dan, pero si el caballo se bolea de una no más, sin tocar con las manos en el suelo, te lo tienen que dar de nuevo. Así que me lo dieron y gané con ese salí primero, y había hecho la monta con el Turco Agüero y salí segundo.

Doma y Jesús María

“Monté hasta los 60 años”.

EM: Ha tenido muchos logros en la doma, ¿Cuáles son los más importantes para usted?

MI: Sí, pero también un montón de golpes. No golpes, boleadas, me han apretado mucho los caballos. Y no pelee a ningún caballo yo, el que me ganaba y me apretaba, lo largaba. El que le ganaba yo, lo torniqueteaba y lo largaba, y se caía solo, no me hacía nada. Pero por ahí no te dan alivio.

Sí, yo lo tengo todo desparramado, me dicen que no rompa tanto la pared, pero después me dejan.

EM: ¿Alguien le enseñó?

MI: No me enseñó nadie nada, yo sabía andar a caballo, me preguntaban: “¿Vos te animás a montar?”, y les contestaba: “Yo se andar a caballo”. Y bueno cuando vine y tuve la oportunidad esa empecé acá, en la chacra de Beltrán, fue donde me probaron. Después empecé a montar de las crinas, anduve en una petisa. Decían: “Vamos a hacer voltear al porteño ese”. Porque andaba de vaquero, no había comprado bombacha. Fui sacando premios así, después me enseñaron a vestir, fui a la final en Escalan en el 69, llevaba unas botas que me habían regalado, no pasaban del talón, las tuve años. Entonces monto un caballo que se llamaba El Yunque, y lo ando al caballo, ya me habían vestido ahí, eran unas bombachas blancas. Cuando llego al alambre, me hace la gambita el caballo, creía que se iba a volver para un lado y se volvió para el otro, y me dejó en el suelo, me descolgó. Y bueno ahí empecé la doma yo.

Monté hasta los 60 años. Fui a Buenos Aires a una competencia y se me va un poquito el caballo a mí, porque si no gano yo ese día y salgo primero.  

De ahí vine, empecé a andar, fui a una doma a ver así no más. Lo dejé sin darme cuenta, cuando me hago acordar, hacia un año que no montaba y dije: “No monto más”. Pero tenía ya 60 años.

Después he andado a caballo, hasta hace dos años, amansé un caballo a don Medina, le amansé un morito puro. Ese en un giro medio me lerdé un poquito y se apuró, cuando volví a llegar se me perdió para abajo, sentí un tirón en la ingle, me dolía mucho. Me vieron los médicos y dijeron que tengo gastado el hueso del fémur de la cadera, si tenés gastado el de arriba te cortan y en el otro te ponen un clavo en el fémur. Ahora me parece que me ha agarrado el otro.

EM: La gente hasta le dice “El encantador de caballos” por las maravillas que hace con ellos. ¿Cómo hace para conseguir eso?

MI: Yo no les pego a los caballos, yo los trato despacio, y la primera vez que los subo los tiraba en la boca. Entonces el caballo no corcoveaba más, donde buscaba corcovear lo levantaba. Lo trataba despacito, y le empezaba a enseñar en las riendas, no lo hacía hacer fuerza. Me le movía mucho arriba del lomo, como avisándole, “cuando yo quiero que vayas para allá, con el cuerpo te amago y ya tenés que girar”, y el caballo va entendiendo. Como esta potranquita que tiene un mes, yo le digo vamos o la silbo y ya sabe que tiene que venir.

EM: ¿Qué descubre usted con estas relaciones con los caballos?

MI: Me entristece mucho saber que no voy a andar a caballo, el otro día le decía a mi hija: “Y pensar que no voy a andar más a caballo. Yo pensé que iba andar toda la vida”. Porque monto a caballo y hasta que me subo me duele una barbaridad la cadera. Y bueno, será el destino.

Muchos me dicen: “Pero fijate la lucidez que tenés, tenés memoria” y todo lo que vos quieras, pero si no puedo hacer lo que quiero, que es andar a caballo…

EM: Usted es un ícono en el ámbito de la doma, ¿Cómo se siente con eso?

IM: Yo pienso que nada vale haber tenido si el tener ya se acabó, lo que vale es el tener, el haber tenido no.

EM: ¿Alguna vez le pasó de tener un caballo o yegua del que no pudiera despegarse?

MI: Sí, acá había un hombre llamado Meloti, que me dijo que le venda mi yegua, que le ponga precio y se la venda. Le dije que no la iba a vender ni por mil pesos, me dijo que él me daba los mil pesos. Cuando se la llevé le dije: “Pensar que vale más el capricho de un hombre con plata que de un pobre.” Y se la dejé a la yegua. Esa yegua sentía, era buena, mansita, andaba cualquiera. Se llamaba la Gringa, me la amansó el gringo Gigena, me la regaló mi padre cuando volví. Cuando la vi me volví loco, era tostada con la cara blanca. Era bonita, bonita.

EM: ¿Qué nos puede decir de sus logros en JesúsMaría?

MI: Desde el 78 tengo el puntaje más alto de todos los años, hasta el momento. El domingo en las carreras un hombre me dice: “Qué jinete este hombre, usted no sabe el jinete que ha sido”.

Después de dejar de montar estuve 8 años de jurado en el festival.

EM: ¿Y usted qué siente con esto de tener el record más alto? ¿Saber que nadie lo ha podido superar?

MI: Nada, lo único que digo es gracias a Dios que me ha dado esta satisfacción. De chico tuve la suerte de vivir bien, mi vida fue linda, fui muy querido por mis padres, yo sentía que me quería más a mí que a todos.

Actualmente

EM: Y los caballos que tiene ahora ¿los está amansando para alguien o son suyos?

MI: Hay dos que los estoy cuidando a alguien más, los otros son míos. A mí me gustan las cuadreras, esos tienen que ser ligeros, los amanso para eso. Acá tengo un petiso que amansé, a ese lo presté y lo desgarraron. Les dije que no lo llevaran a las carreras porque estaba gordo, tenía que adelgazar, no tienen que correr así pesados. Lo tuvieron una semana y ahí no más lo echaron a la cancha y lo desgarraron. Es un petiso bueno. Se llama Gregorio, es cuarto de milla puro.

Toda la parte del cuello la tiene reventada, se lo presté a otro de acá de Unquillo y le pusieron inyecciones, se la pusieron intramuscular pero era intravenosa. Lo tuvieron 10 meses curándole todas las porquerías que le habían puesto. Gane 6 carreras con este.  

EM: Hoy en día hay mucha controversia con la doma porque lo consideran maltrato animal, ¿usted qué piensa de eso?

MI: Ahí están equivocados, maltrato animal hay en las carreras cuadreras, porque les hacen un tratamiento, hay tipos que les ponen esteroides.

EM: ¿Tiene alguna tradición?

MI: Dios y la Virgen, después voy mucho a las carreras, por ahí me dicen vamos a las domas y voy.

EM: ¿Algún recuerdo gaucho?

MI: Bársena hacía la doma en Ojo de Agua, e invitaba a todos, le pagaba viáticos a los que no ganaban nada. Una vez estábamos comiendo con don Torres, y estábamos meta comer carne con cuero, y digo: “Debe ser embarroso, porque mirá los pelos”, y pasa el Vichi Quintera y me dice: “¡Eh Fantasma, no te comas todo el burro!”. Era un burro lo que estábamos comiendo, y lo miro a Ernesto, y le digo: “Me parece que es cierto”, y ya no lo comimos.

Después me acuerdo de muchas domas lindas y la cantidad de gente que conocí. Yo voy a Jesús María y pasan y me dicen: “No te acordás más de mí.” Y le digo: “La verdad que no”. “Soy tal”, me decían, pero son muchos más jóvenes que yo, si yo montaba con chicos de 18-20 y yo tenía 30.

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