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Tolkien, el hombre mito

Noelia Ferrero es una gran admiradora de JRR Tolkien, y que día a día continúa investigando sobre su obra. El cuento, la fantasía, el mito, los debates que estableció en su vasta obra, son algunos de los temas que se profundizaron en esta entrevista.

Noelia Ferrero durante la charla “Tolkien y los cuentos de hadas”.

Por Florencia  Taddey. periodico@elmilenio.info

Escuchar a Noelia Ferrero esbozar en perfecto élfico la frase perteneciente al clásico El Señor de los Anillos: “Elen síla lúmenn” que significa Una estrella brilla a la hora de nuestro encuentro, es quedar atrapado en su análisis.

Ferrero estudia Letras Clásicas en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional Córdoba. Actualmente, se desempeña como ayudante alumna de distintas cátedras, como la de Investigación Filológica. Es el seminario “Mito y cuentos de hadas en El Señor de los Anillos” lo que la trajo hasta el Instituto Educativo Nuevo Milenio aquel viernes de agosto, en donde con mucha dedicación, pasión y sentido del humor.

Primer Encuentro

Tras la muerte de su padre, Will, uno de los personajes principales del film “El Gran Pez”, esboza lo siguiente: “Un hombre cuenta sus historias tantas veces que él se vuelve sus historias. Lo sobreviven. Y de esa forma, él se vuelve inmortal”. En esta pequeña pero memorable cita, Will define y recuerda a su progenitor Edward Bloom, un eterno cuentista, cuyas historias permanecieron más allá de su presencia física.

¿Acaso no es lo que sucede con Tolkien, uno de los más destacados narradores que nos dio el siglo XX? Miles de personas alrededor del mundo conocen al aventurero hobbit Frodo Bolsón y su larga travesía para destruir el anillo en los fuegos del Monte del Destino. Esta historia se mantiene viva, incluso luego de la muerte de su autor, el inglés JRR Tolkien.

“La fantasía debe estar en el centro, ser todo”.

Noelia Ferrero se topó con los escritos de Tolkien de la misma manera en la que muchos lectores se encuentran con algún libro maravilloso: por casualidad, por los avatares del  destino. “A los 14 – relata- mi hermana compró El Hobbit. Lo leyó, le encantó y quedó guardado en la biblioteca. Un día me dije ‘¿Qué será un hobbit?’. Empecé a leerlo y desde ahí, ya nunca paré”. Luego, continuó con otros de sus clásicos, como El Señor de los Anillos o El Silmarillion. Entrando a la universidad conoció a una profesora de filología griega, quien era miembro de ATA (Asociación de Tolkien Argentina). Desde entonces, se reencontró con los elfos, las hadas y los dragones, convirtiéndose, oficialmente, en estudiosa de uno de los filólogos más prestigiosos del mundo.

Preocupaciones filosóficas

La obra más popular de JRR Tolkien es sin duda El Señor de los Anillos. Los tres volúmenes se publicaron por primera vez entre 1954 y 1955, como una continuación de El Hobbit. Desde los años ’60 se ha mantenido como una de las obras de ficción de mejor venta, adquiriendo mayor popularidad en 2001 con la adaptación para la gran pantalla del director neozelandés Peter Jackson.

El Señor de los Anillos suele ser resumida como la historia de un clásico conflicto entre el bien contra el mal. Noelia Ferrero considera que es un buen primer resumen, aunque un poco simplista, para una historia tan compleja. No se podía negar que Tolkien lo tenía presente, debido a su devoto catolicismo. Sin embargo, también le atraían problemas como la muerte y el poder. “Hay una contraposición de distintos tipos de poderes, poder en cuanto a la habilidad que uno tiene para hacer algo y poder en el sentido negativo en cuanto el deseo de posesión”, explica Ferrero.

Cuento y fantasía

“El Señor de los Anillos es un cuento de hadas”, sentenció John Ronald como le decían sus allegados. Con esta expresión, rompió con los cánones y los preceptos con los que se había fundado la literatura. El Señor de los Anillos ¿Un cuento? ¿Acaso eso era posible?

Noelia Ferrero dice que si tuviéramos que encasillar a El Señor de los Anillos en una tipología clásica, diríamos que es una novela, aunque también reconoce que la obra “se aleja de todo lo convencional”. Tolkien la categoriza como cuentos de hadas, porque él mismo propone una definición que nada tiene que ver con nuestra concepción tradicional. Ferrero sostiene que para establecer esta distinción, JRR consideró los aspectos constitutivos, más que la extensión de la historia.

Estos aspectos, explica, apelan a la correcta construcción de la fantasía, provocando tres efectos en el lector: la recuperación, el escape y el consuelo. Este último apela a la noción de “final feliz”, lo que nos permite el verdadero gozo en la lectura, el efecto de asombro. “El verdadero poder de la fantasía está en el encantamiento”, afirmó Ferrero.


Autor sin edad, tiempo o espacio.

Tolkien, nació en Sudáfrica, vivió en Inglaterra. Dedicó gran parte de su vida a completar el hueco mitológico inglés, a partir de la creación de seres y criaturas, genealogías e idiomas, componiendo un extenso marco para después contar sus historias, denominado Legendarium.

Pero al reconstruir las carencias inglesas terminó por resultar universal. Dice Noelia Ferrero: “Él siempre consideró que las cosas que escribía eran para todo el mundo. No eran ni cuentos para chicos porque había magos y hobbits, tampoco quiso hacer algo estrictamente filosófico, sino que quiso crear una historia que le gustara a él y a todos por igual”.


¿Por qué leer a JRR?

Pese a ser un autor para todos, existen algunos lectores que se niegan a leerlo. Al igual que Borges, Tolkien también integra el grupo de “los escritores difíciles de leer”.  “La lectura de Tolkien – narra Ferrero-  puede ser tan difícil como uno la quiera hacer.” Destaca que se puede realizar una lectura muy simple de sus textos y entenderlos a la perfección, aunque eso implique correr el riesgo de pasar por alto algunas cosas, pero eso no quiere decir que no pueda ser disfrutado de igual manera. Sin embargo, ella reconoce que textos como Hoja de Niggle u otros más filosóficos, disponibles en la compilación de Christopher Tolkien, si bien no son incomprensibles necesitan un trabajo extra.

En este sentido, deberíamos romper con los prejuicios respecto a él y a su obra.  Una cuestión de “justicia”, es la razón que plantea Ferrero, al explicar por qué todos deberíamos leer a JRR Tolkien. “Tenemos tantos prejuicios respecto a lo que es el cuento fantástico que agarramos a uno de los mejores filólogos germanos del siglo XX y lo reducimos al pibito que escribió un cuento”, explicó.

Dicen que una persona no puede crear una mitología, y eso es verdad. Pero, en su vasta producción, JRR Tolkien abarcó una mitología que hoy podría estudiarse casi como la de cualquier pueblo de la antigüedad. Es por esto, que la parte académica de Tolkien es a la que más el respeto se le ha faltado y con la cual debemos involucrarnos.  Leer sus cuentos, su obra narrativa es una gran forma de descubrir esa otra faceta, la del hombre que al escribir sobre mitos se convirtió él mismo en uno.


John Ronald Reuel Tolkien

– conocido mundialmente como JRR Tolkien – nació el 3 de enero de 1892 en Sudáfrica. Dedicó gran parte de su vida a la educación, enseñando lengua y literatura inglesa en la Universidad de Oxford, así como al desarrollo de su vasta carrera literaria. Su primera publicación fue El Hobbit, escrita para sus hijos. Su continuación, la trilogía El Señor de los Anillos, fue nombrada como una de las mejores obras literaria del siglo XX.

Otros textos de su autoría, como El Silmarillion o Cuentos inconclusos de Númenor y la Tierra Media, fueron publicados tras su fallecimiento, por su hijo el editor Christopher Tolkien.

Durante su vida, recibió diversos reconocimientos, como ser nombrado doctor Honoris Causa por varias universidades. Además fue miembro de la Royal Society of Literature y recibió el título de Comendador de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II.

JRR Tolkien estuvo casado con Edith Mary Bratt por 55 años. Tuvieron cuatro hijos: John, Michael, Christopher y Priscilla.

Falleció el 2 de septiembre de 1973, a la edad de 81 años. Fue enterrado junto a su esposa en Oxford. En su tumba pueden leerse los nombres de “Beren” y “Lúthien” para Ronald y Edith, respectivamente, extraídos de la leyenda incluida en El Silmarillion acerca del amor entre dos seres de diferente naturaleza.

 

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