Patricia Nuñez, vecina de Unquillo, comenzó a juntar firmas para conservar los restos de la panadería La Palma, el primer edificio de la ciudad fundado por su abuelo que está siendo demolido por motivos comerciales.

Patricia Nuñez, vecina de Unquillo, comenzó a juntar firmas para conservar los restos de la panadería La Palma, el primer edificio de la ciudad fundado por su abuelo que está siendo demolido por motivos comerciales.

  • Por Amira López Giménez. amiralópez@elmilenio.info
  • Malena Petroli y Francesca Fischer. 4°A IENM

[dropcap]J[/dropcap]osé Greco y Juan Stabio se conocieron durante los años donde, atravesar el mundo en busca de otras oportunidades era moneda corriente. No era nada fácil llegar a las nuevas tierras y en los inmensos buques que supieron surcar el océano, las numerosas familias fueron forjando amistades para el largo viaje.

Así se conocieron José Greco y Juan Stabio, como dos viajantes. Ambos soñaban con las promesas de América y juntos llegaron a Unquillo, cerca del año 1900. Greco ya era uno de los constructores más reconocidos de sus tierras y Stabio que provenía de la pequeña Sicilia, era uno de los mejores comerciantes. Juntos decidieron construir y fundar la primera panadería de Unquillo conocida hasta el día de hoy como “La Palma”, que a su vez se constituye en el primer edificio construido en la ciudad, ubicado sobre la Avenida San Martín 1612.

Numerosas intendencias han destacado a La Palma como parte importante de la historia unquillense, tan es así que los croquis turísticos, para recorrer la ciudad, incluyen como referencia a la panadería entre otras grandes casonas de las primeras familias.

“La panadería es importante porque es un valor para el pueblo de Unquillo, forma parte de su nacimiento como ciudad”. Patricia Nuñez.

Fue construida en 1917, incluso antes de la plaza Alem. No sólo fue destacada por su curiosa historia y por ser uno de los primeros comercios que dio el puntapié inicial para el desarrollo del pueblo, sino también por su arquitectura, de estilo ecléctico e italiano, según apuntan los arquitectos. Un dato curioso es que los ladrillos refractarios de los hornos, que tiene en su interior, fueron traídos especialmente desde Inglaterra y hasta hace poco, se siguieron utilizando en la cocción de los panes más tradicionales de la ciudad.

Hoy día, gran parte de este edificio ha sido tirado abajo para dar lugar a nuevos negocios. Aún, a simple vista, se puede observar parte de su fachada que relata tiempos memorables de aquellas primeras familias que apostaron por este refugio serrano llamado Unquillo. La panadería que ocupa casi una cuadra estaba conformada por distintos ambientes, hoy divididos en tres locales comerciales diferentes. Desde siempre llevó el nombre de Villa Lucía, en honor a la hija de Stabio.

Ahora, los descendientes de los primeros comerciantes, luchan por conservar parte de la historia y la memoria. Así es el caso de Patricia Nuñez, nieta de José Greco. “Un día pasé por el frente de la panadería y vi que la estaban destruyendo. Decidí salvar el edificio construido por mi abuelo, aunque ya habían destrozado la parte de atrás, pero me conformo con mantener la fachada. No estoy en contra del progreso en Unquillo, pero si al menos se conserva la fachada, se puede conservar un vestigio de historia”.

Patrimonio arquitectónico: ordenanzas y contradicciones

Actualmente, Patricia Nuñez se encuentra juntando firmas para frenar la demolición definitiva de la panadería y sostuvo: “Olvídense de mi abuelo, yo sé que lo construyó él.  A mí lo que me interesa es el patrimonio histórico de Unquillo. Así como hay un cartel que dice en la entrada “Unquillo, pueblo de artistas” también es importante cuidar el patrimonio histórico, sino nos olvidamos del valor de los edificios, así como del valor que representa tener tantos artistas y artesanos”.

Como cualquier ciudadano, cuando vio que un patrimonio de la ciudad estaba siendo destruido se dirigió a la intendencia. Luego de numerosos trámites, reuniones canceladas y una larga espera, donde se pudo frenar paulatinamente la demolición, el municipio decidió brindar una respuesta.

  • José Greco no sólo fue el constructor de la Panadería La Palma, su acción comunitaria fue relevante para el pueblo unquillense. Supo ser el dueño de las tierras aledañas al comercio donde actualmente se encuentra la Casa de la Cultura. Además, creó la escuela Nacional 230, que hoy día funciona bajo el nombre de Jorge Newbery y también fue el fundador y el Primer Presidente del Club Unión Unquillo.

Una vez que Nuñez presentó la nota de amparo para el edificio, el municipio conformó la Comisión de Protección Patrimonial de manera espontánea, órgano que decidió no incluir el edificio dentro del patrimonio unquillense. La nueva comisión integrada por Celeste Minetti del área de Planeamiento Municipal, el técnico Germán Chávez de la Dirección de Ambiente y Marita Gahn de la Dirección de Cultura, dedujo: “la fachada del inmueble no contaba con un diseño arquitectónico que ameritara el análisis de la Comisión de Protección Patrimonial para su conservación, ello en los términos del art. 28 Inc. A de la Oz. 764/12”.

Por su parte, Patricia Nuñez sostuvo: “Ellos me dan a entender que el edificio no pasa los 50 años de antigüedad, lo cual no es cierto porque el edificio fue construido en 1917. De todos modos, hay una ordenanza que es la ley 164 vigente desde 2012 que surgió cuando querían destruir la casa de Saúl Taborda para construir locales. El pueblo exigió, se hizo la ordenanza donde decretaron que ciertos edificios antiguos debían protegerse y se estableció que un intendente nuevo, que asciende, debe contar con una comisión de patrimonio histórico, según me informé”.

El futuro dueño ya presentó su proyecto en Obras Públicas del municipio unquillense y su construcción fue autorizada correctamente. A pesar de la aparente negativa, Nuñez sostiene: “En la ordenanza se aclaran los requisitos que debe cumplir un edificio para ser considerado patrimonio, esta panadería cumple con todos ellos: los años, la arquitectura, el material, fue la primera panadería y me responden algo totalmente contradictorio a la ley, que no pueden hacer nada porque no tiene los años arquitectónicos suficientes”, y agregó: “Como ciudadana demostré que ese edificio vale la pena ser protegido, creo que se pueden hacer muchas cosas poniendo un granito de arena cada uno y no pensar tanto con en el bolsillo, porque de todos modos, pueden seguir obteniendo sus beneficios aún si lo aceptan como patrimonio. Mi deseo de todo corazón es que se tome conciencia. ¿De qué vale tener un pueblo de artistas si no se respeta el patrimonio?”.