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Roxana Serra: una mujer atravesada por el arte

La artista unquillense, exdirectora de Capilla Buffo, cuenta cómo proyecta su percepción de las distintas etapas de la vida en sus esculturas y sus experiencias en este rubro.

La artista unquillense, exdirectora de Capilla Buffo, cuenta cómo proyecta su percepción de las distintas etapas de la vida en sus esculturas y sus experiencias en este rubro.

  • Por Jerusalem Menéndez y Guillermina Grasetti 4°B IENM
  • periodico@elmilenio.info 

“A mis obras las definen… la delicadeza, la sensualidad y el gesto.”

[dropcap]E[/dropcap][dropcap][/dropcap]l Milenio: ¿Cómo llegó al arte y, en particular, a la escultura?

Roxana Serra: Desde que nací. ¿Cómo? Yo me acuerdo estar toda la vida buscando piedritas lindas, de colores, y de estar puliéndolas contra el cemento del piso de entrada de mi casa; agarraba maderitas, les daba forma y las pulía, no pedía ni una lija, me entretenía sola, lijando el cemento. Yo no tuve otro pensamiento, siempre quise ser escultora; y, por supuesto, ya estaba estudiando las figuras de Miguel Ángel, de Da Vinci, de todos ellos que me encantaban. Y nunca tuve dudas de qué carrera seguir; siempre quise ser escultora.

EM: ¿Cuál fue el trabajo más interesante que realizó y cómo lo manejó?

RS: El trabajo más importante fue la tesis, que consistió en una serie de fuentes, que demandaban, además, una exigencia técnica con el agua. Es una fuente grande que tiene como siete caídas de agua. Gracias a Dios, cuando la fuente – que tiene dos metros- estuvo montada, salió todo perfecto: de todos los cañitos salió agua y del centro surgía un lindo borbotón que, mientras iba cayendo, llenaba otros espacios. Eso fue muy interesante, muy trabajoso.

EM: ¿Cómo fue su experiencia dirigiendo Capilla Guido Buffo?

RS: Fue en el 2005 cuando empecé a trabajar allí, y en 2013 terminó mi período.

¡Fue hermoso! ¡Fue un sueño! Yo no sabía que me gustaban tanto los museos… ¡Para mí fue una sorpresa!… Empecé en el museo Spilimbergo y me encantó; trabajábamos con “Boyo” Quintana, quien era excelente compañero; y, aparte, nos divertíamos mucho, porque hacíamos unas comidas raras para las inauguraciones, como una sopa, porque hacía mucho frío ¡Eran muy divertidas esas cosas!

Después, me hice cargo de la Casa Museo Guido Buffo, al principio fue como un poco desesperante, porque no había nada de Guido Buffo, ¡había papeles nada más! Y el museo se tenía que inaugurar en una fecha. Había algunos muebles rotos, entonces me puse a restaurarlos; hubo mucha gente que ayudó a planchar con libros, los papeles que encontramos, luego los encarpeté y los puse arriba ¡Y pedí plantas! Pedí a todo el mundo, porque era un museo vacío… Pero salió todo hermoso, fue una inauguración preciosa.

Y, a partir de entonces, empezamos a recuperar pertenencias de Guido Buffo: empezaron a caer cartas, (me las regalaban, me las donaban) que habían llegado por distintos motivos a estas personas; recuperé cuadros originales de Guido Buffo. Me fui a buscarlos a Buenos Aires, donde también busqué más material; porque la hija de Guido Buffo vivió allá, ellos vivieron un tiempo allá, y también estudiaba en un colegio allí, así que me fui al colegio a buscar las revistas que ella editaba -porque Leonor era multifacética igual que el padre… la Leonorcita – así que me pude traer un poco de material y un cuadro. Y de esa manera empezaron a llegar objetos, incluso muebles. He recuperado también cosas que hasta se habían robado.

Después de un año o dos, éramos tres coordinadores para todos los museos, y con esa coordinación armamos el Museo Rivolta también; muy lindo. Lástima que mucho del material fue regalado; otras cosas se vendieron, como algunas obras pequeñas. Había muchos artículos, de todo tipo. Pero es un museo importante; y lo que tiene Rivolta, que no tienen los otros, es que él vivió toda su vida en Unquillo: mantuvo sus hijos, crió su familia y vivía de sus cuadros. Él era el único pintor en esa época; estaba también Spilimbergo, pero él trabajaba con las puertas para adentro. En cambio, Rivolta tenía sus cuadros colgados en la galería de su casa, a nadie se le ocurría robarle uno, ni nada. Era una persona muy abierta y muy linda; yo pasaba por delante de su casa y siempre me quedaba mirando sus cuadros.

Un día -tendría 13,14 años- me hizo entrar a su taller y ¡Me quedé ¡encantada! Porque había pinceles ¡pero muchísimos!: pinceles en frascos con trementina; y ese olorcito que no me voy a olvidar nunca… de la trementina con el óleo, que es perfume para mí. ¡Es muy lindo! Y por supuesto, todas las obras de él colgadas, apiladas, las obras de David su hijo, y obras de Marta; era un taller grande y muchos artistas en él.

EM: ¿Era la primera vez que usted dirigía un museo?

RS: Sí. Mí título es Licenciada en escultura, yo misma me sorprendí de cómo me gustaba. Y, aparte, a mí me encantaba recrear el espíritu de la gente.

En Buffo tuve que hacer unas rejas, porque las ventanas eran muy frágiles, entonces me busqué un diseño original de Guido Buffo; porque él tiene un cuaderno de dibujo perfecto, donde están las clases día a día de todos los cursos; y tiene diseño de todo, de edificios, de iglesias, de copas, de vasos, de botellas, de cajas… y encontré un diseño de rejas. Entonces, se lo mandé a Sabando, que fue el aprendiz de herrero de Guido Buffo.

No es una reja cualquiera y no la hizo cualquiera tampoco. Así que, me encantaba hacer todos esos enganches y darle un sentido más profundo a la cosa. Por ejemplo, yo quería que la foto de Leonor sentada en el sillón estuviera en el lugar que correspondía; armé la cama de “Leonorcita” con cosas antiguas, para que tenga una ambientación.

Siempre recuperaba algo que me traían, me devolvían. La última donación que hicieron, fue cuatro meses antes de dejar de trabajar allí… Yo recuperé tres obras originales de Guido Buffo, muy importantes: dos eran unos murales pequeños, de 90 por 50 centímetros, que habían sido sacados en algún momento de la capilla.

Cuando hacés las cosas con amor, con pasión; es divertido, es lindo. Aparte, tenía un grupo de guías fantásticas, porque por ahí -los primeros días de calor, o los días de frío- no venía nadie; entonces esos días les decía “¿Qué hacemos?” bueno “vamos a buscar cosas en el basural”, empezábamos a revolver, con el pie, con un palo; y siempre encontrábamos algo.

Después presenté el proyecto de un arqueólogo con un físico, para que buscáramos materiales sin pisotear, como lo hacíamos nosotros… pero ahí justo fue cuando me quedé sin trabajo; y eso quedó en la nada. Es una lástima; porque ha quedado como materia pendiente todavía…

EM: ¿Podría contarnos sobre los concursos de arte a los que asistió y va a asistir?

RS: En verdad que me encantan los encuentros de escultores. Más allá de que es un trabajo muy pesado y muy duro, porque se trabajan siete o cinco días en una escultura grande, los troncos son inmensos, algunas veces son duros, otras no, trabajás con máquinas pesadas como moto sierras, amoladoras; pero más allá de ese tremendo trabajo, es hermoso. Es muy divertido trabajar toda una sarta de grandotes juntos, comiendo juntos, después te invitan a otros espacios; entonces, también creas lazos de amistad. Es muy lindo en todo sentido.

EM: ¿Qué proyectos tiene a futuro?

RS: ¡Uy! Tengo tantos, ¡tengo muchísimos! En mi escultura, en el desarrollo de mí trabajo, tengo varios proyectos: uno es, en vez de fundición en bronce que estoy haciendo, es tratar de fundir en otro material, tengo una serie de pájaros que necesito que vayan colgados más livianos, estoy incursionando con los fundidores de aluminio. Por otro lado, me gustaría hacer fuentes de piedra, tenés que tener un lugar, un espacio grande y con un malacate para levantar las cosas, las piedras pesadas, pero ya lo tengo en vista, ojalá pueda hacer la mitad de todo lo que quiero, ¿no? Porque son muchos proyectos… También me gustaría ubicar algunas galerías en el exterior y llevar material, acá el mercado, por lo menos en lo que respecta a mí, es muy mínimo. Yo no soy buena vendedora.

EM: ¿Integra algún grupo de artistas?  ¿Ha realizado proyectos en conjunto?

RS: Hace dos años que estoy yendo a San Martín, en Chaco, y nos hemos hecho un grupo de amigos que es muy lindo. No tenemos proyectos en común por ahora. Por otro lado, tengo mi grupo de artistas, así de amigos de día a día, que son fabulosos. Ahora que estoy por viajar a Francia, a un encuentro en La Bresse.

Sí, tenemos proyectos juntos para salir a otras provincias, de exponer en otros espacios, porque acá ya hemos expuesto mucho y es más limitado, ¿no? Como abrir las fronteras un poco. A mí proyectos no me faltan, es más ¡no sé si tengo tiempo de hacer todo! Creo que tener aspiraciones es importante en la vida y tener objetivos claros, firmes.

EM: ¿Puede contarnos sobre las esculturas que expuso en el Museo Spilimbergo?

RS: Expuse en marzo. Por un lado, una serie de adolescentes que está basado en la observación y en el encanto que me producía ver a mi hija y a mis sobrinas; a un grupo de chiquillas de la misma edad pinturrajearse, bailar, mirarse en el espejo, hacer todas las mímicas que hacen las chicas desde chiquitas, pero que van a empezar ya prontito a ser grandes. Eso a mí me encantaba; yo las observaba y era un lujo verlas y sacarles bocetitos, de ahí salen. Tengo también un grupo de adolescentes varones para hacer, por eso te digo que tengo muchos proyectos.

Por otro lado, las sirenas de bronce y cristal, las maternidades; yo no puedo dejar de hacer maternidades porque para mí fue un estado hermosísimo, fue una cosa preciosa estar embarazada. Entonces, no puedo dejar de hacer maternidades de pancitas de cristal y bronce.

Y después, la serie de las sirenas que me encantan; me evoca un poco a los sueños, a los mundos fantásticos, a los mundos insondables como es el mundo del mar, adentro del mar profundo. Y me encanta esa idea de la mujer femenina con su cabellera nadando en el mar; me la imagino con familia, es como volver a la niñez, se puede decir que es infantil y me encanta.

EM: ¿Cuál es su mayor inspiración a la hora de realizar una escultura y por qué?

RS: Yo creo que son las maternidades, yo me identifico muchísimo con eso. También hago peces, la cuestión del mar también me atrapa muchísimo. Caballos; el caballo tiene como una mística muy grande, muy linda, los movimientos son muy elegantes. Pero las maternidades creo que me identifican.

EM: ¿Por qué se inspira tanto en las maternidades?

RS: Porque es un momento en el que se lleva el futuro adentro. Y las panzas son cristalinas, yo a lo cristalino, lo veo como puro y divino. Y cuando una está embarazada no puede tener (yo por lo menos) pensamientos negativos y feos. Era todo hermoso, transparente y divino, como ese hijo que traía en la panza; era como la bola del futuro. Mi hijo es el futuro, mis hijos son el futuro, de este país y de este mundo.

EM: ¿Alguna vez dio algún curso o clase referido a su profesión?

RS: Sí. Yo estuve cinco años dando cátedra en la facultad, como profesora inscripta. Daba clases de dibujo con modelo vivo, con un excelente maestro que es Miguel Carlucchi y después estuve un año con Amalia Bett, que daba escultura. Estar con Miguel me enseñó a ser docente, pero no el docente que fulmina a los alumnos, que se queja y los deja estampados en el piso. No, el docente que saca de cada alumno lo mejor que tiene. Y yo lo aprendí porque cuando dejé la facultad empecé a dar clases en mi propio taller con modelo vivo, y sin darme cuenta aplicaba el método de Miguel; que era eso, encontrar en cada trabajo un lugarcito por donde seguir. Fue muy lindo trabajar en la facultad.

EM: ¿Influye el lugar donde vive en su arte?

RS: Sí, yo estoy encantada con que Unquillo sea un pueblo de artistas, me encanta. Me gustaría hacer más cosas, pero no a todos los artistas les gusta trabajar en grupo; hay algunos que son muy solitarios. Cuando entré en el Museo Spilimbergo yo quise formar un grupo de escultores y tener un taller grande, donde trabajar todos juntos. Y me miraron como si fuera un bicho, yo decía: “¡va a ser divertido, va a ser divertido!” Pero con algunas personas sí se puede trabajar y con otras no, porque ellos tienen otra forma ¿no? A mí me gusta trabajar con gente, me encanta.

EM: ¿Nos regalaría tres palabras que definan la concepción de arte en su vida?

RS: Mis obras de arte más grandes son: Luz, José y Diego, que son mis hijos… esas son las mejores… Y el arte, creo que es una forma de vida, algo hermoso que te regala Dios y que no podés safar. Si se intenta hacer otra cosa, me ha pasado, y no me ha salido; por más que uno quiera pintar, suponte, matecitos bonitos, y demás, no es lo mío, no me hizo feliz y, encima, no me salió. Ahí quedó. Creo que hay que apostarle, aunque sea un camino difícil, como el del arte, y seguir adelante. Para mí, el arte es el despertarme todos los días con ideas nuevas… Te guía en la vida, es lo que yo debo hacer.

Respondiendo lo anterior, mis obras las definen… la delicadeza, la sensualidad y el gesto, podríamos decir, de la escultura. Vos ves que esta obra no tiene los ojitos, la nariz, pero el gesto total se entiende, eso es lo que llega: es el espíritu de la obra, que creo que lo puedo llevar adelante bien.