17 abril, 2026

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A partir de las constantes idas y venidas, de los encuentros y las experiencias vividas, Natalia Angriman desarrolló un polifacético perfil artístico.

A partir de las constantes idas y venidas, de los encuentros y las experiencias vividas, Natalia Angriman desarrolló un polifacético perfil artístico.

Por Tomás Vicente. FCC. UNC. periodico@elmilenio.info

Colaboradores: Lucía Ortíz y Carolina Nigro. 4°B IENM

→“De cualquier rama uno puede hacer su propia profesión, pero para ello debe estar convencido”.

[dropcap]M[/dropcap]oronense de 36 años, Natalia Angriman llegó a Córdoba en el 2002. Su estadía no fue constante, ya que vivió en Río Ceballos, volvió a Buenos Aires, vivió en España y se radicó en Perú. Actualmente reside en Unquillo y sus diversos viajes le han permitido desarrollar un variado perfil artístico.

Tras desistir en su camino por conservatorios como el municipal de San Miguel o el Félix T. Garzón, realizó sus estudios en arquitectura, tanto en la Universidad Nacional de Córdoba como en la de Morón.

Fue a partir de sus viajes al exterior y en contacto con otros artistas que comenzó a inclinarse por las artes plásticas. Desarrolló body painting, face painting, muralismo y escultura, entre otras ramas, para luego “entrar al mundo del caballete” y así dar inicio a su actual camino.

“A lo que más me dedico es a la pintura de caballete, trato de hacer obra con eso, tengo un par de esculturas también. Son muy interesantes las cosas que se logran, se puede ir trabajando cada vez más los detalles”, asintió Angriman.

→“El arte me nació trabajando, no en Argentina, pero lo pude traer. Me costó mucho más practicarlo en mi país que en otros, creo que por una cuestión de idiosincrasia. No necesariamente porque esté menos valorado, sino porque la sociedad argentina es muy demandante, muy crítica en todos los rangos. Se espera mucho del artista, y está bien que así sea también”.

De todos modos, no descarta el arte urbano, en el cual se maneja por encuentros. Ha participado en los últimos tres años en los Encuentros de Muralistas de Córdoba y el año pasado organizó el de Río Ceballos.

Además, en 2016 llevó adelante un proyecto que se llamó “Una Mirada de Mujer Sobre la Mujer”. El mismo se dio simultáneamente en casi todas las provincias de Argentina y consistía en trabajar sobre soportes maniquíes. Natalia se encargó de coordinar en Córdoba a un grupo de 70 artistas, con unas 50 obras en exposición.

“Ese proyecto tuvo su exposición el 8 de marzo de 2016 en el Paseo del Buen Pastor y después de una semana abierto al público, se trasladó a la Legislatura. Continuamos con el Museo Iberoamericano de las Artes y finalizamos en Cocina de Cultura, todo esto durante un mes. Además, nos siguieron pidiendo las muestras para exponerlas, como por ejemplo en La Calera”, subrayó la artista.

Con respecto a la música, afirmó que quedó en sus recuerdos: “No me dediqué a la música, soy de tocar la guitarra y de cantar en reuniones sociales. Mi especialidad era el saxofón, estaba yendo por el lado de instrumentista, pero después entré en crisis con el instrumento”.

Amalgama de disciplinas

Con preferencias en los colores sepia, Natalia definió como “muy experimentales” sus diferentes procesos artísticos.

“Voy haciendo una experiencia permanente, dejo que la obra me hable, trato de trabajar desde el inconsciente. Por ejemplo, el ante año pasado desarrollé una técnica que llamo Textura Figurativa Mixta. A partir de un boceto trabajo las texturas generando una imagen figurativa y sobre eso aplico varias capas y veladuras. Esto permite que la misma textura empiece a tener realismo. Es una técnica a la que me dediqué todo un año, probé un montón de cosas, el espesor, las mezclas, hasta que logré entenderla”.

Por otro lado, aseguró que suele trabajar con fondos negros, ya que estos son “atemporales y no espaciales, por lo que no tienen arraigo”. Esto le permitió obtener revelaciones respecto a su persona y a no tener contexto. “Puedo estar en cualquier lugar y de eso hacer mi hogar, con mis obras es un poco lo mismo”.

Angriman resaltó que sus últimas obras se encuentran relacionadas con el cuerpo y la acción. “Me encuentro en una etapa más inconsciente, donde busco liberar un poco lo figurativo como imagen ya preestablecida. Trato de trabajar no desde la postura del cuerpo, sino desde un ejercicio sobre las manchas, a los fines de encontrar diferentes personajes y poder desarrollarlos”.

Un lugar para los artistas

Con respecto a los diferentes espacios o circuitos artísticos, Angriman postuló que “hacen falta espacios más abiertos, más inclusivos. Salir un poco del elitismo y la burocracia, ya que, al navegar el arte por todo ese camino, que es muy cruel, se pierden un montón de oportunidades y de artistas muy interesantes por conocer”.

Como alternativa, desde su casa propone la posibilidad de un espacio “que intenta ser plural, receptor e inclusivo”. “852 Unquillo Casa de Artistas” persigue el objetivo de llegar a realizar lecturas conjuntas y encontrar diversos vínculos entre los artistas y el público a través de las artes plásticas, pasando por la pintura, el dibujo, la escultura y la fotografía.

 


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