A los 39 años, José Meolans, hombre récord de la natación argentina, no se detiene a mirar el espejo retrovisor. En cambio, el “Tiburón”, afronta el desafío de formar a las nuevas generaciones.
Por Redacción El Milenio | periodico@elmilenio.info
Colaboración: Julián Daniele y Lucas Méndez. 4°A IMVA
Ilustración + fotografía: Franco Bonvino
[dropcap]L[/dropcap]a metódica y anti horaria vida del nadador amateur ya no se hace carne en el cotidiano de José Meolans, como lo hizo en el pasado. El atleta acuático argentino más prolífico de las últimas décadas se encuentra ahora adentrado en un nuevo personaje: el de profesor.
Los niños, en su fantástica inocencia no lo reconocen como un ídolo, hasta que se lanza en la pileta, y de a poco va quedando en claro por qué se trata del dueño de récords argentinos memorables como los 50, 100 y 200 metros libres, logrados en Moscú y Berlín.
A casi una década de su retiro, aún suena extraña la travesía de un deportista que se enfrentó a los mejores desde el amateurismo más profundo. Mientras el implacable Michael Phelps gozaba de las grandes comodidades en los centros de alto rendimiento, Meolans llegó a entrenar en piletas rodeadas de cocodrilos inflables, mientras la gente le pedía por favor que no salpique.
Aquel campeón mundial en Moscú 2002 realizó sus primeras brazadas coordinadas, con apenas cinco años. “Básicamente me inicie por iniciativa de mis padres, ellos consideraban que era importante aprender a nadar, porque mis abuelos tenían una pileta y también teníamos una casa que estaba enfrente de un río. Entonces, por cuestiones de precaución decidieron llevarme a aprender, a manejarme en el lugar que terminó siendo mi medio”, admite José.
Ni más ni menos, el agua se convirtió en aire para el atleta, que participó de cuatro Juegos Olímpicos, (Atlanta 1996, Sidney 2000, Atenas 2004 y Beijing 2008) renovando sueños en un contexto de poca y nula competencia y preparación local.
Meolans definió alguna vez a la natación en el alto rendimiento como parte de un camino que “te lleva a ser individualista”, y ahora, fuera de la burbuja, recuerda con claridad las grandes victorias que lo pusieron en el eje mundial. Sin embargo, tampoco deja de lado las derrotas, como aquellos fatídicos Juegos Olímpicos de Atenas 2004, cuando cedió ante la absurda presión de demostrar en segundos, el trabajo de años.
El Milenio: ¿Cómo fue el proceso en el que te fuiste dando cuenta que te querías dedicar a esto, y que tenías condiciones para hacerlo?
José Meolans: Uno se guía por los tiempos que va logrando y después, con el correr del tiempo, se va proponiendo metas. A partir de eso, te das cuenta de que estás a la altura de los objetivos y te insertás, paulatinamente, en la alta competencia. En mi caso, si bien me atraía mucho la natación, lo que más me gustó siempre fue competir, entonces creo que ahí estuvo la clave para mantenerme en carrera y darle continuidad a mi trabajo en la pileta.
EM: ¿Cuáles son las claves para destacarse como nadador? ¿El aspecto físico es determinante o predomina el trabajo técnico?
JM: Yo pienso que son cuestiones que se complementan. Existe una sumatoria de factores que definen a un atleta diferente o destacado sobre el resto. Pienso que no se trata únicamente de la técnica o la coordinación, sino que también pesa el esfuerzo, la conducta y la perseverancia. Me parece que para ser un atleta de élite, influye mucho la calidad de tu entrenador y el respaldo de tu familia.

→“Me gusta la docencia, descubrí una faceta mía en la que ni siquiera pensaba y me terminó atrapando”, remarcó José Meolans a El Milenio.
EM: ¿Cómo se siente representar a tu país en un Juego Olímpico?
JM: Es sumamente gratificante, de hecho considero que es la aspiración máxima para un deportista amateur. Llegar ahí es alcanzar un anhelo personal increíble y supongo que cualquier atleta siente lo mismo.
EM: ¿Qué recuerdo te quedó grabado de esa experiencia tan distinta al resto?
JM: Yo creo que puntualmente lo más lindo es la convivencia. Son dos semanas o más pasando el tiempo al lado de los mejores deportistas del planeta. Estamos hablando de gente que uno admira desde una revista o la televisión y, en un Juego Olímpico, de la nada terminás compartiendo una cena con ellos. Estaba Roger Federer, Kobe Bryant, y sin embargo esa competencia tan particular pone una vara que nos iguala a todos y ellos, que son estrellas ultra reconocidas, se sienten uno más y lo disfrutan. Pienso que eso es súper valorable y fue fantástico vivirlo.
EM ¿Qué factores desencadenaron tu retiro?
JM: Haber cumplido un ciclo, tener completamente asumido que mi etapa en la competencia había finalizado. Tenía ganas de empezar mi vida, desde otro lado, ligado a la natación pero con otro enfoque. Hoy hago clínicas de natación, vengo a entrenar chicos dentro de un equipo y puntualmente mi idea era formar una familia y dedicarle el tiempo que merece, lo cual sucedió a partir de mi alejamiento de la competencia.
EM: ¿Disfrutás de tu nueva labor como docente tanto como lo hacías cuando eras protagonista?
JM: Sí, totalmente. Descubrí una faceta mía en la que ni siquiera pensaba y me terminó atrapando. Desde un primer momento me sentí muy cómodo y lo que hago es tratar de bajar, cada día, los conocimientos de todo lo que pude aprender a lo largo de mi carrera. Busco ser útil a los chicos que vienen a tomar clases.
EM: ¿Qué perdiste por involucrarte en el deporte de élite?
JM: No sé si me sacó mucho. Siempre digo que son tiempos que te va dando la vida. Hubo algunos momentos en los que me tocó estar dedicado de lleno al deporte y enfocarme sólo en que me vaya bien en la pileta. Son procesos, que uno tiene que afrontar sí o sí, cuando busca superarse y evolucionar. A lo mejor perdí algunos momentos con gente querida, pero hoy los estoy recuperando. Si pongo las cosas en la balanza, gané mucho más de lo que perdí.
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