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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Cantar para cambiar

“Nos queremos vivas, nos queremos fuertes”, corearon las mujeres del tradicional barrio de Cabana en unos de los vídeos más compartidos en la lucha por los derechos de la mujer.

 

 

 


“Es muy raro escuchar algo que uno hizo voz en voces de otras personas en otros lugares del mundo. También hay mujeres que me han escrito para decirme que se sentían representadas, es muy emocionante para mí, me da esperanza en la humanidad”.

Cecilia Griffa.

Cuatro años transcurrió en la ciudad de Unquillo y Cecilia Griffa explotó su lado artístico. Entre cerros y rodeada de amistades gestó un compromiso netamente femenino a través del arte. Su expresión hecha canción se esparció por el país y la lucha de las mujeres comenzó a ser escuchada de otra manera.

“Canto desde pequeña, siempre me gustó y era como uno de mis juegos favoritos, mis padres siempre me incentivaron”, comenzó relatando Cecilia Griffa, improvisada compositora que escribe desde sus emociones y sentimientos. Cantar siempre le hizo bien, para ella es expresar lo que adentro se ahoga y precisa salir y aquella vez nació bronca de la impotencia y generó una canción viralizada a nivel nacional

“Siento que con las canciones sano cosas, como si fuera una terapia”, recordó y agregó: “Las canciones me salen así, como un brote. Es algo del momento, como una forma de sanar para cuando necesito transformar alguna cosa en algo positivo, algo que me oprime la garganta y me da mucha bronca o también algo lindo, una emoción feliz, de gratitud, es mi manera de sacarlo y ponerlo en una materialidad. Todas las canciones que hice son bastante fáciles en términos musicales, con dos o tres acordes, no son complicadas porque son con pocos recursos”, sostuvo con sencillez Cecilia.


Viral y criticado, pero comprometido con la vida

Eduardo Parrau para El Milenio.

“Estaba atravesada por todo el contexto de violencia. En esa semana en Córdoba habían matado a nueve mujeres, fue un abuso, era demasiado. Además, habían otros relatos que se escuchaban constantemente y no eran tan extremos, pero no dejaban de ser violentos, machistas, opresores. Justo recibí un mensaje de unos chistes que a mí me parecieron totalmente impetuosos y discriminadores, y me nació ese brote. Fue casi un vómito porque la hice con bronca, pensando la transformación. No sabemos qué hacer con esto, bueno, digo esto y grito esto”, contó la compositora.

El vídeo fue visualizado por más de 200 mil personas y viralizado a nivel nacional a través de las redes sociales hasta convertirse en uno de los cantos principales de las marchas feministas, pues es una canción que evidencia la realidad de muchas mujeres víctimas de la violencia, pero también da fuerzas y deja claro que aún faltan muchas conquistas.

“Lo filmamos en Cabana y nos acompañó un montón de gente, también varones que fueron los que filmaron y editaron el trabajo de todas. La decisión fue que solamente aparecieran mujeres, porque era necesario decir nuestra voz en ese momento, y ellos nos acompañaron desde otro lado”, contó y agregó: “Hace poco un grupo de artistas mendocinos hicieron una versión en la que cantan varones y mujeres, muy hermosa. La producción del video la hizo un joven de 17 años que se llama Alejo quien me escribió para preguntarme si estaba de acuerdo, obviamente le dije que sí. Si se multiplica es el mejor regalo para mí. Es muy raro escuchar algo que uno hizo voz en voces de otras personas en otros lugares del mundo. También hay mujeres que me han escrito para decirme que se sentían representadas, es muy emocionante para mí, me da esperanza en la humanidad”.

Asimismo, Cecilia no se considera una referente del feminismo. Su mensaje quedó plasmado en una canción que hoy día muchos corean y otros tararean en algún lugar. Sin embargo, no todas las repercusiones fueron positivas, los cambios son necesarios, pero siempre hay resistencias. “Tuve más comentarios hermosos, pero algunos fueron negativos y no los voy a reproducir. Era obvio que iba a suceder, es una canción que interpela a los varones y al machismo en general. Es un problema cultural más allá de varones o mujeres y se da en todas las clases sociales y credos religiosos y además, es un problema político. No es algo que sucede solamente en el interior de uno, no es algo privado de algunos hogares, es un problema cultural y político, por eso nacen los movimientos feministas y estas luchas que han logrado que se visibilice el problema. A la primera persona que le canté esta canción fue a mi compañero Diego y me dijo ‘esta buenisima, me encanta, pero me parece un poco fuerte la palabra patriarcado’, y dije ‘Sí, es fuerte y es fuerte que maten a una mujer cada 20 horas. Es fuerte, porque algo tan extremo tampoco se puede responder con algodones’. Creo que, en ese sentido, él y un montón de varones se sienten interpelados, sólo que algunos quieren reconstruir ese machismo aprendido y otros no”, resumió la compositora.



Mucho más que un velero

Eduardo Parrau para El Milenio.



Por su parte, se puede sostener que el arte es un medio de expresión para todas las personas sin importar las edades. Para Cecilia Griffa esta idea es aún más significativa, pues es parte de su proyecto Navegar 100 Mundos. Con el objetivo de concretar sus sueños se lanzó a la aventura a bordo de un velero junto a Diego, su compañero de vida. Las costas del caribe serán su hogar donde buscará cambiar el mundo a través de los niños.

“Ahora me estoy despidiendo, me voy con mi compañero a vivir en un velero. La propuesta es hacer experiencias de educación popular (teatro, arte, talleres) en escuelas rurales y costeras de América Latina y el Caribe. Buscamos trabajar con los niños y niñas a partir de su mirada sobre cómo piensan el mundo y cómo quieren cambiarlo. Creemos que ahí está la clave, nos parece que los niños tienen ideas que muchas veces los adultos no valoramos, a veces son ideas simples y a la vez creativas y queremos escucharlos. Saber qué cosas del mundo piensan que deberían cambiar, qué cosas les gustan o no, queremos saber de sus mundos íntimos, de sus escuelas, comunidades y del mundo que ven en la tele y el que les cuentan. Nos estamos despidiendo, estoy muy agradecida porque este lugar me ha hecho aprender un montón y he conocido gente maravillosa”, sostuvo Cecilia Griffa en diálogo con El Milenio.

 

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