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La huerta, una tradición renovada

En Sierras Chicas, la ingeniera agrónoma Fátima Varela se encarga de difundir ProHuerta desde hace más de 20 años. Dónde y cuándo se dictan las capacitaciones, cómo opera el programa, cuál es su valor social y mucho más, en esta nota.

Ilustraciones: Franco Bonvino – Fotografía: Eduardo Parrau 

ProHuerta es un programa del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria que fomenta la producción de alimentos a través de un enfoque agroecológico. En Sierras Chicas, la ingeniera agrónoma Fátima Varela se encarga de difundir esta propuesta hace más de veinte años. Dónde y cuándo se dictan las capacitaciones, cómo opera el programa, cuál es su valor social y mucho más, en esta nota.


 

 

 

[dropcap]H[/dropcap]ace un par de décadas, tener una huerta en casa era algo común para muchas familias. La llegada de los grandes supermercados, los cambios en el estilo de vida y el crecimiento de la urbanización fueron dejando en el olvido esta costumbre que hoy en día vuelve con renovado ímpetu, sumando un mensaje en pos de la ecología y la alimentación saludable.

En Argentina, un gran promotor de esta propuesta es el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) que, junto al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, lleva a cabo el programa ProHuerta hace casi treinta años. Se trata de un proyecto que fomenta la autoproducción de verduras, frutas y huevos de forma ecológica, participativa y comunitaria, destinado fundamentalmente a sectores vulnerables, pero abierto a la sociedad en general.

Para conocer más detalles sobre este programa, El Milenio dialogó con Fátima Varela, ingeniera agrónoma egresada de la Universidad Nacional de Córdoba y trabajadora del INTA que, hace más de 20 años, se encarga de llevar adelante el ProHuerta en Sierras Chicas.

→“La huerta tiene un gran valor para el ambiente, la sociedad y la salud”, afirma Fátima Varela, encargada del ProHuerta en Sierras Chicas. @elmileniook.

El Milenio: ¿En qué consiste el programa y cómo surgió?

Fátima Varela: ProHuerta es un proyecto del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria que surge en 1990 para enfrentar la problemática de la desnutrición entre los sectores más vulnerables de la sociedad, brindándoles la posibilidad de acceder a una alimentación más saludable a través del desarrollo de una huerta propia y de la producción de frutas, verduras y huevos.

Es un programa de alcance nacional que se desarrolla exitosamente hace más de treinta años porque no tiene una óptica meramente asistencialista, sino que busca impulsar el desarrollo social a través del trabajo y la capacitación. No se entregan alimentos, se entregan semillas que las personas tienen que sembrar y trabajar para poder cosechar sus verduras. Lo lindo del programa es justamente el aprendizaje, el encuentro, la participación, el trabajo familiar y la creación de lazos comunitarios.

EM: ¿Y cuáles son sus objetivos?

FV: El principal objetivo del ProHuerta es fomentar la producción de alimentos a través de un enfoque agroecológico. Este enfoque no solo implica el no uso de agroquímicos, sino que también conlleva la búsqueda de equidad social, la participación comunitaria, el fomento del comercio justo a través de las ferias, el desarrollo de tecnologías y métodos que se adapten a las características del lugar, etc.

EM: ¿Cómo se implementa esta propuesta?

FV: ProHuerta se concentra en determinadas líneas de acción: la entrega de insumos, la capacitación, los promotores y los proyectos especiales. La entrega de insumos consiste básicamente en brindar las semillas (y, en algunos casos, pollitos) para familias, escuelas, centros vecinales, etc. que quieran hacer su huerta y que tengan un espacio para hacerlo, ya sea en terreno o en cajones.

Después la capacitación la vamos trabajando con instituciones fijas o con los promotores que van a los lugares donde se solicita el programa. Es decir, se pueden hacer tanto talleres periódicos a lo largo del año, como charlas o capacitaciones puntuales, por ahí más intensivas. Yo personalmente estoy de manera fija en Unquillo, Salsipuedes y Argüello una vez por mes.

Por último, la línea de proyectos especiales permite gestionar subsidios para demandas puntuales relacionadas con cuestiones alimentarias. Por ejemplo, se necesita armar un sistema de riego por goteo en tal lugar. Nosotros escribimos el proyecto y desde el ProHuerta mandan los materiales para que los interesados puedan ejecutarlo.

EM: ¿Cuáles son los contenidos de las capacitaciones que actualmente estás dictando en Sierras Chicas?

FV: Las capacitaciones son gratuitas y están divididas en ocho módulos. Arranco con lo básico: la huerta agroecológica y los principios de la agroecología. Después vemos un poco lo que es suelo y tierra, abonos, purines, caldos, elaboración de compost, etc. En junio encaro el tema de frutales (cuidados, poda, cosecha, etc.) y tenía pensado ver el tema de estructuras y coberturas para el frío, invernaderos, mantas anti heladas, etc.

En agosto ya empezamos con la preparación de almácigos (tomate, pimiento, berenjena) y en septiembre largamos con la siembra de cultivos primavera-verano y hacemos la cosecha de semillas. Normalmente cierro el año con el tema insectos y cómo repelerlos con medios naturales.

EM: ¿Estos encuentros son teórico-prácticos?

FV: Las capacitaciones que doy de manera mensual son como clases de aula, porque los espacios no permiten ensuciar mucho. Por esta razón, desde el 2012 empezamos a incorporar visitas a las huertas para hacer la parte práctica (puntear el cantero, sembrar, trabajar el compost, ver las lombrices, etc.). Al cabo de dos años, se suma la universidad y surge el grupo «Sembradores serranos», que hoy tiene casi veinte miembros estables.

Se trata de un espacio de encuentro de huerteros, abierto a todo el que se quiera sumar, que se reúne los primeros viernes de cada mes de 9:00 a 13:00 de manera rotativa en distintas huertas que van desde Villa Allende hasta Salsipuedes. Generalmente trabajamos temáticas más específicas que las de las capacitaciones normales como, por ejemplo, enfermedades del tomate o siembra de hongos comestibles. Se puede decir que «Sembradores serranos» complementa el programa ProHuerta en Sierras Chicas.

EM: ¿Quiénes participan del ProHuerta?

FV: El programa estuvo originalmente destinado a familias vulnerables o humildes, pero en los últimos años, con la incorporación del concepto de «soberanía alimentaria» (en tanto derecho de todos los ciudadanos a elegir y acceder a alimentos sanos), se ha ampliado el espectro de beneficiarios de la propuesta.

Aun así, se sigue haciendo foco en los sectores más desprotegidos y permanentemente vamos a barrios como Villa 9 de Julio, donde empezamos una huerta hace poco. En general, son lugares más difíciles, porque hay menos recursos, la gente tiene menos tiempo o no tienen espacio y se suman otros problemas, como la adicción y la inseguridad, que por ahí dejan la huerta en un segundo plano. No obstante, los vecinos se engancharon muchísimo con la propuesta y estuvimos todo el día trabajando. Parece algo chiquito, pero tiene un impacto muy grande.

EM: En este sentido, ¿cuál dirías que es la importancia o el valor social del ProHuerta?

FV: Yo creo que es justamente eso, es decir, no es sólo la posibilidad de comer alimentos frescos y sanos, sino todo lo que se desencadena alrededor de la huerta, el desarrollo comunitario, los vínculos que surgen entre vecinos y familias. Para muchos incluso es una oportunidad de trabajo y terminan convirtiéndose en productores. En Unquillo, muchos de los que empezaron con el ProHuerta hace algunos años, hoy están vendiendo en la feria agroecológica que se hace en la explanada municipal los segundos y cuartos miércoles de cada mes.

Muchas veces, a raíz de la huerta se descubren y remedian otros problemas más graves, como la falta de agua potable. Además, trabajar con la tierra nos permite recuperar un contacto con la naturaleza que hemos perdido, es como volver a la parte primitiva de uno, después de tanta tecnología. Conlleva un esfuerzo físico, pero es sumamente gratificante.

EM: ¿Es posible cubrir la demanda alimentaria de una familia con una huerta hogareña sin tener que recurrir a la verdulería?

FV: Para tener cosecha durante todo el año, se habla una huerta de 50 m² para una familia de cinco personas, aunque no siempre esa superficie alcanza para producir todos los alimentos frescos necesarios y hay cultivos que son más lentos o más difíciles.

No obstante, la huerta es muy rendidora, siempre hay algo que te sobra. Entonces una buena opción es intercambiar y recurrir a las redes de productores agroecológicos. De esta forma, se puede acceder a un alimento de calidad. Igualmente, acá hay gente que produce todas las verduras que consumen en su propia huerta. Una señora de Río Ceballos tiene como 500 metros de huerta y asegura que no compran nada, son una familia de ocho o nueve y trabajan todos juntos. O sea que sí se puede.

Otra opción es producir en forma comunitaria con varios vecinos en espacios más grandes. De todas maneras, la huerta personal, aunque pequeña, siempre sirve como complemento saludable de nuestra alimentación.

EM: ¿Cuál es el alcance del programa ProHuerta en esta región?

FV: La agencia de extensión rural del INTA (de la que soy parte) trabaja en Córdoba y en Gran Córdoba, hasta 40 kilómetros de la capital. Históricamente, nosotros entregábamos 15 mil colecciones de semillas, o sea que se puede hablar de 15 mil huertas por año. En los últimos dos años, el Ministerio de Desarrollo Social ha reducido la cantidad de semillas disponibles a 8 mil.

En Unquillo, el programa alcanza a casi 400 familias. Generalmente aumenta la demanda cuando la situación económica es más acuciante, pero últimamente el clima nos está jugando en contra: meses de sequía, después quince días de lluvia, piedra sorpresiva.

Lamentablemente no hay políticas de fomento a nivel municipal, se podrían conceder descuentos impositivos a quienes tengan huerta o hagan compost en su casa, brindar más lugares para la comercialización de productos agroecológicos, disponer terrenos para huertas comunitarias, etc. Somos muchos los que queremos comer alimentos sanos y frescos, pero para ello es indispensable apoyar a los productores. Todos deberíamos tener la posibilidad de armar y sostener nuestra propia huerta.

EM: Por último, a nivel personal, ¿qué es lo que más te gusta de este trabajo?

FV: Todo. Tengo 46 años y me recibí en 1997, vivo en Córdoba pero hace más de 20 años que trabajo en Sierras Chicas. Me encanta esta región y siempre que vengo me siento agradecida por el trabajo que tengo. El ProHuerta me da la posibilidad de definir cómo quiero trabajar y me permite estar en contacto con la gente y con la naturaleza. En mi trabajo yo no soy la ingeniera, soy «la Fátima», no tengo credo ni bandera política, disfruto poniendo mi conocimiento en común con la sociedad y siempre aprendo algo nuevo.


Cuándo y dónde: el ProHuerta en Sierras Chicas

  • Unquillo. Salón dorado de la Municipalidad, segundo miércoles de cada mes a las 9:30.
  • Salsipuedes. Salón Parque Juan Irós, tercer miércoles de cada mes a las 15:30.
  • Argüello. CPC de Argüello, segundo viernes de cada mes a las 14:30.

Más información: grupo “Sembradores serranos” en Facebook.