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“Para ser bombero te tiene que gustar”

Walter Armendari es bombero de la Policía de Córdoba desde hace casi 25 años y trabaja actualmente en Villa Allende. En entrevista con El Milenio, el profesional de la lucha contra el fuego habló sobre el entrenamiento recibido, la vida en el cuartel, las principales problemáticas de las que se ocupan diariamente y los desafíos que marcaron su carrera.

Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

Jerónimo Palacini y Lucía Cardozo. 4° IMVA

Walter Armendari tiene 50 años y ha dedicado la mitad de su vida a una de las profesiones que más valor y vocación demandan hoy en día: la de ser bombero. Aunque vive en Unquillo, actualmente presta servicio como suboficial principal de los Bomberos de la Policía de la Provincia de Córdoba en el cuartel número seis de Villa Allende. Incendios, inundaciones y accidentes de tránsito son parte de los desafíos que ha enfrentado día a día a lo largo de su carrera y, aunque su propia vida ha corrido riesgo, mantiene firme la elección que hizo hace casi 25 años, cuando se unió al cuerpo.

El Milenio: ¿Qué se necesita para ser bombero?

Walter Armendari: Fundamentalmente te tiene que gustar. Muchas personas pasan por bomberos pero no se quedan, porque realmente no encajan con el tipo de persona que se necesita o no les gusta, es un trabajo duro y a veces se ven cosas bastante feas.

EM: ¿Qué diferencia hay entre un bombero voluntario y un bombero de la Policía de la Provincia, como usted?

WA: Nosotros entramos primero a la Escuela de Policías y después, si querés y hay vacantes, hacés el curso para bomberos. Es decir, nosotros somos policías y bomberos, cumplimos ambas funciones y podemos actuar como policías si lo solicitan. Además, los requisitos que cumplimos son diferentes con respecto a los de un bombero voluntario, que es una persona que tiene un trabajo común y corriente y aparte elige ser bombero.

EM: ¿Cómo es ese curso?

WA: Primero tenés un período de adaptación y después una serie de cursos intensivos sobre bomberotecnia. Una vez formado el bombero propiamente dicho, es decir, la guardia contra incendios, tenés la posibilidad de seguir ampliando tus horizontes en grupos especiales como el Grupo Especial de Salvamento (GES), la Brigada de Materiales Peligrosos (BRIMAP) y la Brigada de Búsqueda y Rastreo (BBR).

EM: ¿Y cómo es la preparación?

WA: Nuestro entrenamiento dista un poco del que reciben los bomberos voluntarios, ya que, al ser una fuerza policial, estamos en una escuela bajo instrucción de orden cerrado. Aparte de las materias académicas, tenemos mucha actividad física y un perfeccionamiento constante en la parte áulica, ya que continuamente avanza la tecnología tanto de los equipamientos que usamos como de los materiales que se usan para construcción, etc.

Además, hay que tener en cuenta que los bomberos no solamente apagamos incendios: acudimos a accidentes de tránsito, rescatamos animales en peligro, hacemos salvamento de personas, incluso en Villa Allende hasta hace poco, nos llamaban mucho por la presencia de enjambres de abejas.

EM: Hablando de Villa Allende, ¿cuáles son las problemáticas más frecuentes en la ciudad?

WA: Nuestra jurisdicción no sólo incluye Villa Allende, sino que llegamos hasta el límite de Mendiolaza y, del otro lado, desde Villa Warcalde hasta el CPC de Argüello. De acuerdo con la época, van variando las problemáticas. Ahora en julio, que empieza el tiempo de sequía, siempre aparece todo lo que son incendios en descampados, en las sierras, así que estamos particularmente atentos a eso. Aparte tenemos dos rutas importantes, así que nos tocan muchos accidentes de tránsito, y también lo que es incendios estructurales, fundamentalmente en casas de familia.

EM: ¿Cómo es el día a día del cuartel?

WA: El cuartel está dividido en tres compañías que se turnan para montar guardia. Nuestras guardias son de 24 horas. Durante ese tiempo hacemos diferentes actividades. Desayunamos, se hace un control de materiales, izamos la bandera en formación y hacemos una limpieza general del lugar. Tenemos una parte áulica y después almorzamos. A la tarde hacemos un poco de acondicionamiento físico y realizamos prácticas específicas de bomberos, según la orden interna de la jefatura para ese día, puede ser usando las líneas de incendio, los grupos de rescate, los equipos de respiración autónoma, etc.

EM: ¿Articulan su trabajo con el municipio?

WA: Por supuesto, estamos en contacto permanente, sobre todo con Seguridad Ciudadana. De hecho, en el cuartel tenemos un equipo base de radio, que es el policial nuestro y otro equipo de base con el cual nos comunicamos con Seguridad Ciudadana, ya que muchos llamados de emergencia nos entran a través de ellos. Además, trabajamos muy en conjunto con los demás cuarteles de Sierras Chicas, sobre todo con los de Mendiolaza y Saldán.

EM: ¿Y cómo se trabaja en el caso de inundaciones?

WA: Después de los hechos del 2015, en nuestro cuartel, apenas vemos que las lluvias son superiores a lo normal, salimos con la autobomba y empezamos a patrullar los vados y los ríos. Además, comenzamos a comunicarnos con los cuarteles vecinos. Los de Río Ceballos nos van pasando las mediciones del Dique La Quebrada y los de Unquillo, las de la zona de Los Quebrachitos, que es la parte de la cuenca más difícil de controlar. A eso se suman los sistemas de alerta temprana que han puesto en Villa Allende, que apenas sube un poco el caudal de los arroyos nos ponen sobre aviso.

EM: ¿Cuál fue la situación más riesgosa que le tocó enfrentar?

WA: A mí, personalmente, las explosiones de la Fábrica Militar de Río Tercero y después el incendio de la Torre Garden, en el 2005, que se me cayó un techo encima. Yo estaba saliendo del área porque nos venían a relevar, me saco el casco para tomar agua y ahí ya no me acuerdo más nada. Me desperté en el hospital. A raíz de ese accidente tengo reconstruida la columna con clavos y alambres y perdí el 20% del ojo derecho.

EM: ¿Cómo se hace para sobrellevar el día a día de la profesión sabiendo que, como bombero, a veces te jugás la vida?

WA: Un poco te acostumbrás. No es que no tengamos miedo, miedo tenemos todos, lo que pasa es que aprendés a no ser impulsivo en tu trabajo, a actuar con cautela. De nada sirve ir a solucionar un problema y volverse parte del problema. Controlar esos impulsos sólo se logra a través de años de práctica y entrenamiento.

 

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