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Una historia olvidada

Morteros, restos óseos y cerámicas de pueblos originarios, fueron encontrados a lo largo del valle serrano, señales de una antigua civilización.

Morteros, restos óseos y cerámicas de pueblos originarios, fueron encontrados a lo largo del valle serrano, señales de una antigua civilización.


Por Amira López Giménez | amiralopez@elmilenio.info

Lucía Pereyra, Paloma Galán, Valentino Bellomo. 4°B IMVA

 


[dropcap]P[/dropcap]ueblos originarios puede resultar una designación extraña para ser asociada a las tierras de Sierras Chicas. Poco sabe el conocimiento popular sobre la existencia de ancestros más antiguos a la fundación de las ciudades, pero resulta que otras personas habitaron este corredor años antes a la llegada de la denominada «civilización».

Los últimos descubrimientos de morteros en la región generaron más preguntas sobre los primeros habitantes de Sierras Chicas. Chivilquin para algunos y para otros Comechingones, para no entrar en especificaciones, son los pueblos y parcialidades que existieron en la zona. Su prueba irrefutable son los elementos arqueológicos que pueden hallarse hasta en la vera de los ríos que atraviesan a las viñas serranas.

Hasta el momento, vecinos de ciudades como Salsipuedes, Río Ceballos y Unquillo dieron pruebas de la existencia de que otros pueblos pisaron estas tierras. A cambio de semejantes descubrimientos piden conciencia y respeto, ya que el ser indígena fue un proceso marcado por la extrema discriminación e ignorancia de los nuevos habitantes.

Salsipuedes comenzó siendo noticia con la expropiación de los terrenos que contienen morteros indígenas de 4 metros y que fueron defendidos por los vecinos para su conservación y difusión, como un elemento atractivo para el desarrollo del turismo en la zona. José Tallone -coordinador del grupo- presentó el proyecto en la legislatura de la ciudad y que declaró a los morteros patrimonio cultural, afirmó:

«Son muy importantes todos los registros que podemos encontrar, que en cierta manera atestiguan que en el lugar habitaban pueblos originarios, que eran los dueños de la tierra antes de Cristo. Los foráneos fueron subyugando su cultura y en gran parte los exterminaron y en otra parte se pudieron mestizar. Es importante reconocer la existencia de ellos como dueños de la tierra, no hubo en ningún momento una duda sobre lo que había que hacer que era valorizar esos morteros y darlos a conocer a los turistas».

Además, los defensores de las raíces culturales más profundas en Salsipuedes, entre los cuales se encuentran referentes como Mariana Accornero y Lucy Páez, optaron por desarrollar un parque arqueológico para atraer al turismo y realizar homenajes a la Pachamama.

Morteros 1

→Los morteros no son cosa casual, ya que a los comechingones les llevó días e incluso años realizarlos. Su fin específico no está determinado, pues eran utilizados para hacer mezclas de hierbas medicinales con fines curativos, otros se usaban para machacar alimentos, y algunos, los más especiales, estaban destinados a la exploración de la astronomía. Los cuencos eran colmados de agua y en su reflejo se estudiaba el movimiento de los astros y el curso del tiempo.

En Salsipuedes son denominados como «morteros blancos», ya que son de cuarzo y también son fijos, lo que implica que se trata de una gran piedra inamovible, pero también hay otros: «Hay lo que se conoce como morteros negros, pero esos están en terrenos privados. En ese caso hay que actuar de otra manera, otro modo legal para que se puedan preservar y para que la gente los pueda visitar», sostuvo Tallone sobre las otras evidencias en la zona que aún no vieron la luz.

Sin embargo, hay más descubrimientos arqueológicos. Río Ceballos también estaría incluido entre las zonas predilectas de los grupos originarios. El municipio de la ciudad pasó a estar bajo la lupa de los estudiosos cuando prestó colaboración, con el grupo Tica Hen, en la recuperación del mortero que fue encontrado en el mismo campo de deportes de la ciudad.

«Nosotros ya sabíamos que los morteros existían desde que hicieron el campo de deportes. Le habíamos perdido la pista y apareció una piedra dada vuelta, debajo de un montón de baldosas y pensamos en la posibilidad de que fuese el mortero. Hicimos las gestiones para que lo dieran vuelta con una pala mecánica, porque es una piedra grande y efectivamente así era», sostuvo María Angélica Goldar junto a su hija, ambas integrantes y fundadoras de Tica Hen, asociación que rescata la historia de la ciudad.

Asimismo, este mortero no es el único y probablemente tampoco será el último. No es la primera vez que Tica Hen explora los recovecos de la viña serrana en la búsqueda de nuevos elementos, pues su muestra, conocida como «Rastros y Rostros», revela múltiples lugares donde se han encontrado restos arqueológicos.

Jose Tallone
José Tallone visitó El Milenio.

→»Hay morteros en muchos lugares, cerca de la terminal, en una casa hay un mortero fijo. En Colanchanga, cerca del río hay otros dos, en Los Manantiales, La Estancita, en la zona de las cascadas donde se han encontrado morteros móviles y restos de cerámica», afirmó Goldar y agregó: «También en la zona de la pileta Arco Iris, donde podemos ver que venían como del camino Real, por donde hoy en día es la ruta E-53, estaban en la pileta Arco Iris y después iban a lo que sería la casona de Minetti y ahí subían a Colanchanga y Candonga».

Cada uno de estos detalles están plasmados en el mapa de la muestra, que unifica visualmente la concentración de morteros fijos y móviles e incluso puntas de flechas y restos óseos que orientan a los investigadores sobre las antiguas actividades en la zona.

Una de las características comunes a estos procesos culturales más vinculados a los estudios científicos y antropológicos es la dificultad de llevar a cabo las investigaciones pertinentes. Uno de los motivos, sino el principal, es el costo económico de los datos de laboratorio. Otro causante es la falta de apoyo y compromiso de instituciones vinculadas a la temática. Por ende, acceder a conocimientos específicos puede llevar varios años, lo que puede influir en la elaboración de las legislaciones, panorama poco favorable para los vecinos que se comprometieron con la historia y las raíces de Sierras Chicas.

«Cuando aparecen piezas sueltas es difícil determinar que la zona sea estrictamente arqueológica, como para trabajar en una ordenanza de protección», atestiguó Goldar.

Otro dato fundamental lo brinda, por el año 2010, el Censo Nacional de Población donde varios vecinos del corredor declararon ser descendientes de comechingones. En Salsipuedes 135 personas tienen en su sangre el ADN de la historia más antigua y menos conocida, en Río Ceballos 315 y en Unquillo 205 habitantes todavía registran los antecedentes de una cultura que parecía exterminada, pero que fue pasando de generación en generación.


Algo más que un simple corredor serrano

Chiviquin, es el nombre registrado por investigadores para los pueblos indígenas que habitaron tierras unquillenses. La veracidad de los estudios está comprobado, pero el gran dilema es la falta de inversión para las exploraciones adecuadas.

De todos modos, Unquillo cuenta con una declaración similar a la de Salsipuedes para el predio conocido como El Cometierra en Los Cigarrales, donde se despejó un sendero para ingresar a las reliquias antropológicas. Quien registró los datos era un estudiante interesado en la historia de los molinos cerca del predio y terminó anotando los rastros de los chiviquil.

Sin embargo, eso no fue el último registro de esta historia. «Hubo un asentamiento y está comprobado, se ubicaba donde hoy es la casa de los Sanguinetti. Incluso en el museo de la ciudad hay restos, de los cuales yo hice contextualizaciones, esos restos fueron extraídos de la casa de la familia. Digo que son comechingonas ya que si se hace la comparación con las estatuillas comechingonas son iguales»comenzó relatando Leticia Cáceres Anachuri.

Ella es referencia indiscutible si de pueblos originarios se habla. Como Técnica en lenguas y culturas aborígenes y Profesora de Antropología, afirma la existencia de asentamientos indígenas en Unquillo a través de la recuperación de estatuillas, restos óseos, cerámicas y morteros en la zona que abundan en mayor cantidad. El Barrio Villa Aurora fue donde encontraron el cuerpo envuelto en cuero, cuyo destino fue Buenos Aires.

Como única fundadora a pulmón del museo Tinku Huasi Ruka Xawvn, relata desde la postura científica la historia y los recovecos de los pueblos originarios.

El Milenio: ¿Entonces hay distintos subgrupos dentro de los comechingones?

Leticia Cáceres Anachuri: Parcialidades podemos decir, porque cuando el español llega se encuentra con diferentes parcialidades, sin número específico, en la provincia de Córdoba. Creo que por la pronunciación diferente a todos les pusieron comechingón, pero había distintas parcialidades como los toami, chiviquin, camicosquín, entre otros. Son distintas parcialidades con un solo tronco, que los unifica, pero con sus diferencias. Tenían las mismas estatuillas y restos cerámicos con incisiones realizadas con uñas o algún otro elemento.

EM: ¿Los restos cerámicos encontrados se vinculan a los chiviquin?

LCA: Sin lugar a dudas. Además los restos fueron encontrados en las canchas de Nalbandián, después de las tormentas, cuando empezó a aflorar todo de abajo. Fui a inspeccionar y me encontré con que eran yacimientos. Por ende, la zona alta, donde se encuentran las canchas, también se trata de un yacimiento comechingón.

EM: ¿Por qué tenemos tan poco conocimiento sobre esto?

LCA: Creo que hay una falta de interés en el tema, a pesar que hay muchos historiadores interesados, a la historia oficial no le importa. Es como si lo aborigen fuera todo a la misma bolsa, sin hacer estas distinciones que son más ricas para conocer a los pueblos del lugar.

EM: ¿Qué pasó con toda esa parte de la historia que no está registrada?

LCA: Tiene que ver el tema de la escolarización, cuando te meten vergüenza sobre el ser aborigen, porque eso está asociado con ser pobre, sucio, paupérrimo, entonces te meten cierta vergüenza para no querer ser aborigen. Pero cuando uno va creciendo y encontrándose así mismo entiende que esto es lo que somos y estamos ligados a una historia. Nadie quiere ser discriminado. Yo soy descendiente de los pueblos originarios Ocloyas del norte argentino.

EM: ¿Quiénes descubrieron estos elementos en Unquillo?

LCA: Otras personas, solamente que yo las empecé a reflotar. La zona de Sanguinetti, las canchas, la zona de Cabana que es muy rica en cuanto a cerámicos, son zonas con elementos arqueológicos. En cuanto a los morteros sé que se los han llevado a casas privadas, que los usan de elementos decorativos. Sé de las personas en la zona que los tienen, los encontraron en su terreno y  fui a hablarles no para que me los regalen sino para que me lo presten para exponer y se negaron. Ahora están ahí con plantitas en su interior. Tampoco es obligación de ellos dar lo que está en su terreno que es privado, pero sí sé que hay morteros y conanas, nada más que están dentro de las casas.

EM: Los estudios necesarios y específicos sobre pueblos originarios son caros?

LCA: Carbono 14 es lo que se utiliza para determinar la antigüedad de las piezas y es caro. No se hace en Córdoba, hay que mandar todo a Buenos Aires. Es muy difícil, tanto para las chicas de Tica Hen como para mí llegar a determinar la antigüedad de las piezas y de los pueblos, si eran pre-cerámicos o contemporáneo al comechingón. De todos modos, más allá de lo que uno no puede acceder se pueden determinar algunas cosas. Por ejemplo, por la fractura del cerámico uno puede llegar a determinar un aproximado de la edad.

EM: ¿Se habla de unos diez mil años?

LCA: En esta zona había un corredor muy grande que abarcaba toda la zona de las Sierras Grandes. En los museos de La Quebrada (Jujuy) hay un mapeo que abarcaba toda esta región y que denominaba al territorio comechingón con horizonte en Pitín. Había un corredor muy grande que englobaba a varios pueblos, esto fue durante la era de piedra o pre-cerámica y después viene a constituirse el pueblo comechingón.


«Por más que seamos descendientes de españoles o italianos, debemos reconocer a esto como un ingrediente fundamental de nuestra historia», sostuvo María Angélica Goldar sobre su experiencia en la reconstrucción de la historia.

El encuentro de señales de elementos de pueblos originarios en Sierras Chicas se remonta a 1953 cuando el etnólogo y antropólogo Salvador Canals Frau registró en su libro «Las Poblaciones Indígenas en Argentina» las descripciones del encuentro de un cuerpo comechingón envuelto en cuero y acompañado de recipientes de barro ubicados en una pequeña cámara sepulcral en Unquillo. 

La cultura comechingona tenía influjos andinos y eran expertos en textiles y en cerámicos. Su pueblo puede llegar a tener una antigüedad de 10 mil años en la región, evidentemente muchos años atrás a lo que se conoce como Sierras Chicas. Desarrollaron la caza, la cría de animales y la recolección de bayas. Se cree que sus creencias estaban vinculadas a los astros, los equinoccios y los solticios, ceremonia de luna llena y de saludo al sol. También se sabe que adoraban en particular a la luna y poseían varios santuarios ubicados en la cima de cerros o en lo profundo de manantiales, grutas y quebradas.

Por su parte los morteros encontrados eran acompañados con una manito o piedra alargada con lo que machacaban los ingredientes. Podían ser fijos o móviles y tenían distintas profundidades ya sea para introducir un puño, un antebrazo o un brazo entero.

 

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