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Enseñar desde la literatura

Natalia Costantino y Patricia Reinoso son docentes, escritoras y amigas. A pesar de sus diferentes estilos, decidieron unirse para escribir «Historias para convivir con grandes niños», un libro orientado hacia la modalidad de aula taller cuyos cuentos llaman a reflexionar sobre los valores y contravalores que atraviesan la adolescencia y la sociedad actual. Además de ser las autoras de este proyecto, Natalia y Patricia son sus propias editoras y distribuidoras. En entrevista con El Milenio, hablaron sobre los orígenes de esta propuesta y la experiencia de llevarla a cabo.


Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

Colaboradores: Sofía Bobbiesi, Valentina Sastre y Janet Luján (4to IENM).


[dropcap]P[/dropcap]atricia Reinoso nació en Buenos Aires, aunque actualmente vive en Villa Allende. Natalia Costantino es nativa de Río Ceballos, ciudad en la que reside hasta el día de hoy. Patricia se recibió de Licenciada en Letras en la Universidad de Buenos Aires. Natalia se licenció en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba. Durante sus años facultativos, Patricia fundó una revista de divulgación de la literatura y el pensamiento latinoamericano llamada «El Polígrafo». En sus tiempos de estudiante de Filosofía, Natalia cofundó la revista de filosofía y literatura «Alto…».

Patricia escribe cuentos, es dramaturga y actualmente prepara una novela. Natalia es una amante de la poesía y ha publicado varios libros de ese género. Ambas son docentes de Lengua y Literatura en el nivel secundario. Y, fundamentalmente, son amigas.

Al final del día, las coincidencias pesaron más que las diferencias y Natalia y Patricia decidieron hacer un libro juntas. Así nació «Historias para convivir con grandes niños», casi como una prolongación de su amor y compromiso con la docencia, profesión que va mucho más allá de las cuatro paredes del aula.

El libro cuenta la historia de «Polígrafo», un viejo linyera que recorre las vías del tren buscando la partitura que conforme los sonidos del mundo. En su búsqueda, serán los niños quienes le traerán diferentes historias narradas en la estación del ferrocarril, transformando un andén en el escenario ideal para reflexionar sobre aquellos valores, buenos y no tanto, que atraviesan la niñez, la adolescencia y la sociedad actual.

Se trata de una propuesta con intenciones didácticas, que no sólo incluye los cuentos (que a su vez abarcan varios géneros y estilos literarios), sino también actividades para trabajar en clase, orientadas al análisis, la interpretación y la producción textual.

Además, «Polígrafo» no sólo es el nombre del protagonista del libro y de la revista que supo fundar Patricia en su paso por la UBA, sino que también es el título que encabeza un espacio de creación literaria y autogestión editorial que las autoras sostienen como emprendimiento independiente desde el 2010, lo cual las ha convertido en las propias editoras y distribuidoras de su gesta.

Sin duda, se trata de un proyecto de lo más completo y El Milenio no perdió la oportunidad de indagar sobre sus orígenes y motivaciones, así como sobre la historia de sus productoras.


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El Milenio: ¿Por qué titularon el libro «Historias para convivir con grandes niños»?

Natalia Costantino: Nuestra intención es reflejar, en la literatura, valores y contravalores que tienen que ver con la convivencia que tenemos como sociedad. Con la expresión «grandes niños» nos referimos a esta contradicción aparente de pequeños que, sin embargo, son grandes. Intentamos volcar esas historias que tienen los niños y de las que muchas veces tenemos que aprender.

EM: ¿De dónde proviene la temática del libro?

Patricia Reinoso: Es una experiencia que no surgió desde lo intelectual sino desde nuestro trabajo en las aulas, de ver los problemas y las injusticias que hay entre los niños y adolescentes, por copiar lo que ven que hacen sus modelos. Por eso decidimos abordar esta temática desde la ficción, para trabajar en el aula, no bajándoles línea, sino con actividades para que ellos construyan y debatan. Son diez cuentos en los que se tratan diversas problemáticas como los celos entre amigas, la discriminación, la violencia, etc.


«Lo que gestó este trabajo fue el deseo de hacer. La docencia es un lugar fundamental para colaborar y contribuir. Nosotras amamos nuestro trabajo, amamos a los adolescentes, nuestro material es humano y eso es lo que nos motiva».


EM: ¿Y a qué lector apuntan?

PR: El libro está dedicado a los jóvenes, aunque lo lee un adulto y también lo disfruta. Nosotras pensamos en un público comprendido entre los últimos grados del primario y los primeros años del secundario. El libro está dispuesto en un formato de aula taller, en el que la maestra o el profesor lee el cuento y después se plantean una serie de actividades que dan pie al debate y la reflexión por parte de los estudiantes. En realidad, nosotras proponemos las actividades y el docente elije de qué forma darlas. El libro tiene un enfoque exocéntrico, no endocéntrico, para que trascienda lo exclusivamente literario y avance hacia un análisis de la realidad. También hay referencias a contextos históricos diversos, con lo cual los chicos tienen que investigar desde los pueblos originarios hasta el genocidio nazi o la dictadura argentina.

NC: Son actividades que escapan al análisis típico de quién es el bueno y quién es el malo para ir más allá.

EM: ¿Cómo fue el proceso de publicación?

PR: Nosotras somos promotoras de nuestra propia editorial, El Polígrafo Ediciones, no es el primer producto que sacamos. En el 2011 llevamos a cabo el proyecto de calendario anual de Pueblos Originarios Generación Maíz, sacamos tres ediciones. Este es nuestro primer libro y digamos que, al tener conocimientos de lo que se requiere para editar legal y formalmente un trabajo así, optamos por la autogestión editorial, además también porque somos nuestras propias distribuidoras. No buscamos competir en ningún mercado, lo único que queremos es que el mensaje llegue.

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EM: ¿Cómo resumirían sus trayectorias literarias en particular?

NC: A mí personalmente siempre me llamó la poesía, desde muy chica. Asistí a varios talleres literarios y finalmente, empecé la carrera de Letras. Nos hacían escribir muchísimo, en tiempos en los que no existía Internet ni computadora, por eso también hice muchos ensayos. En mi caso, era muy solitario el trabajo de la escritura, hasta que la conocí a Patri. Ahí empecé a encontrar el sentido a lo que es escribir desde la no soledad, compartiendo y disfrutando. Además, son mis primeras excursiones en la narrativa, un género nuevo para mí.

PR: Yo siempre estuve entre estudiar periodismo o literatura. Hoy me doy cuenta que hice una mezcla de las dos cosas. La verdad que no publiqué mucho porque no me interesaba publicar. Cuando era chica escribía, pero luego en la facultad, al contrario de lo que le pasó a Nati, no nos hacían escribir. Eran monografías sobre lo que había escrito fulano en relación a mengano, todo lleno de citas, siempre escribiendo sobre los otros y perdiendo la propia identidad. Eso me llevó a pensar que yo no tenía nada para decir, que ya tanto se había dicho y escrito que no había nada que yo pudiese aportar. Fueron mis padres los que me impulsaron.

Con el tiempo comencé a escribir para teatro, para radio e hice algunos talleres. Fue todo un proceso poder aceptarme como escritora, tuve una seria resistencia y me estoy buscando todavía, pero lo disfruto mucho. Ahora sí siento que tengo cosas para decir.

EM: ¿Por qué decidieron hacer este libro juntas?

PR: Porque somos amigas, compartimos intereses y somos muy compatibles. Ambas trabajamos juntas en un taller literario, empezamos jugando, nos gustó y fueron surgiendo ideas, nos leíamos los cuentos, nos reíamos, nos corregíamos y así terminamos con un libro. La verdad que nos llevamos muy bien.

EM: ¿Y no hubo conflictos al momento de la escritura?

PR: Los cuentos los hicimos cada una por su lado y en el libro se nota, son dos estilos totalmente distintos y nunca buscamos unirlos, precisamente porque somos dos personas distintas, dos experiencias de vida distintas.

NC: Patri tiene una escritura más combativa, más comprometida socialmente, mientras yo soy más bien poética, más escindida de ese compromiso. Así y todo, yo me nutro mucho de sus puntos de vista, ella ayudó con mi trabajo y yo con el suyo. Somos distintas pero nos respetamos, nos admiramos y nos queremos, eso es lo importante.

EM: ¿Cómo se sienten tras la publicación del libro en octubre del año pasado?

NC: Es una satisfacción inmensa poder ver el producto terminado, haberse propuesto un objetivo y alcanzarlo, pero sobre todo nos llena de alegría que el libro no esté olvidado en el anaquel de alguna librearía, sino que esté circulando en el ambiente, que esté llegando a las aulas. Poder transmitir este mensaje, ver la cantidad de lectores que se suman, las maestras en las salas de profesores hablando del libro, discutiéndolo con los chicos. Es algo inexplicable. Una señora nos dijo que lloró con nuestros cuentos porque se acordó de su niñez.

Nuestro trabajo es una continuidad del aula en cierto sentido, yo tengo 25 años como docente, por ahí esto se trata de complementar algunos baches que uno ha ido encontrando. También es una forma de comunicar todas esas cosas que en el día a día no podemos decir y la literatura a veces nos brinda el espacio para decirlas. De todas formas, esto recién empieza a caminar y va de la mano con talleres docentes, charlas y capacitaciones que ya hemos comenzado a dar.

PR: Yo he leído cuentos donde una chica mataba a su amiga porque estaba celosa de que fuera más linda y popular que ella. Años después a la chica le aparecía el fantasma de su amiga y moría de un infarto. Está bien, es un cuento de terror escrito para niños de 11 o 12, pero me parece que terminamos naturalizando cosas que son peligrosas para la niñez.

Ese fue el eje que a nosotras nos preocupó fundamentalmente, todo lo que se está naturalizando, no sólo a través de los libros para niños sino también a través de los medios de comunicación, a través del universo de los adultos. Las novelas argentinas son de terror, la violencia, el facilismo son cuestiones que se ven, pero no se tratan. Diría que nosotras hemos nacido como un acto de rebeldía, frente al negocio de las editoriales y frente a determinadas temáticas impuestas por las modas literarias, los medios, etc.  

Esto ahora se está usando en las aulas y eso nos basta. Siempre hay un montón de cosas para pulir, pero que los chicos lo hablen y lo discutan, que te compartan lo que piensan, es maravilloso. Ahí es cuando nosotras decimos «valió la pena».

Sobre el libro

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«Historias para convivir con grandes niños» se presentó oficialmente en octubre del año pasado en el Instituto General San Martín de Villa Allende, establecimiento educativo donde ambas autoras trabajan y se conocieron. Patricia Reinoso es además docente del Instituto Milenio Villa Allende y el libro cuenta con las ilustraciones de Jerusalem Menéndez, alumna del Instituto Educativo Nuevo Milenio. El trabajo fue editado por las propias escritoras a través de su editorial El Polígrafo Ediciones y se puede adquirir por $120 en la librería Asís (Río Ceballos) y en la librería Roberts (Villa Allende), o comunicándose por mail a patriarey@gmail.com.

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