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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Marina y los Chipicopos… ¿Vive?

¡Por supuesto que vive! Y no solamente en el corazón de los treintones/treintañeros que recuerdan las propuestas que condujo Marina Heinz en la pantalla infantil cordobesa desde fines de 1987 hasta 1992. De hecho, el título de esta nota fue su condición para darle la entrevista a El Milenio, ya que representa su humorada preferida y confirma su convencimiento de ser eternamente una niña.


Por Florencia Giolito | florenciagiolito@elmilenio.info

Colaboración: Catalina Torresan

y Martina Maldonado – IMVA – 4B 


El Milenio: ¿Cuál creés que fue la clave del éxito de los formatos que condujiste?

Marina Heinz: Mis comienzos fueron en “Los Chicos del 10”, luego iniciamos “Pan y Manteca” (Canal 12), más tarde “Marina y los Chipicopos” (Canal 12), y por último, un ciclo muy corto que se llamó “Sólo los chicos” (Canal 12). Después hice algo de producción solamente.

Creo que estos formatos eran programas con tonada cordobesa, hechos con identidad y orgullo, no le faltábamos el respeto a los chicos tratándolos como salames, como si no entendieran el idioma adulto, al contrario. Hay gente que cree que poner cara de simpática y hablar en diminutivo es dirigirse bien a los chicos, y los chicos fueron y volvieron cuando vos todavía te estás poniendo las zapatillas.

EM: ¿Qué tuvo de especial el programa “Marina y los Chipicopos?

MH: Puede que haya sido exitoso porque en ese entonces sólo unos pocos tenían cable. En los otros canales de aire daban novelas, la única propuesta destinada y pensada para los chicos éramos nosotros.

Aunque, sí debo hablar bien del equipo que lo hacíamos, puedo decir que lo encarábamos con mucho respeto y pasión por los más chiquitos. Hoy lo veo y me duermo, pero los dibujos estaban buenos, nosotros nos divertíamos y eso traspasaba la pantalla. Además, los chicos podían ser partícipes de diferentes maneras, eran dueños.

Pero todos tuvieron lo suyo, “Pan y Manteca” en cambio, salía los domingos y era para toda la familia. Al ser los únicos, nos metíamos en todos lados, todos los grupos de teatro, títeres, de música infantil pasaban por el programa.

Y en los “Chicos del 10” armábamos campeonatos de bicicross los sábados a la mañana. Traíamos todo lo que se pueda mostrar, academia de deportes, hobbies, teníamos a Raúl Montenegro de F.U.N.A.M. que nos enseñaba a cuidar el planeta. ¡También nos metimos con educación sexual pasando un video que armó un escándalo! No salíamos por los barrios por cuestiones de presupuesto…lo hacíamos con dos mangos, para ser televisión, claro.

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EM: ¿Cómo definirías la tv infantil de esa época?

MH: Creo que era bastante inocente, bien intencionada, participativa, generadora y movilizadora. En esa época estaban Flavia Palmiero con “La ola está de fiesta”, pero hacía otro tipo de programa, más comercial, personalmente no me gustaba. En Brasil Xuxa, acá llegó justo cuando yo me retiraba (¡por suerte, porque la comparación me tiraba al tacho!), gran carisma, bella, trataba con respeto a los chicos. Yo la veía y quedaba atrapada por su encanto. Acá en Argentina no hubo mucha venta de su mercadería, por lo que pudimos disfrutarla.

En cuanto a dibujitos animados, se veía de todo un poco, yo evitaba los japoneses que hoy son furor, porque eran violentos o apelaban al golpe bajo, los actuales están mucho mejor, han aprendido los japoneses. Yo buscaba dibujos con humor, por ejemplo “El Conde Pátula”, hoy nadie lo conoce, pero el que lo vio, lo ama.

Hoy hay tanta tecnología a disposición que vuelve más fácil la posibilidad de hacer un millón de cosas; si supieran el lío que teníamos que hacer para darle un poco de magia antes.

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EM: ¿Por qué te retiraste, incluso cuando aún seguían vigentes aquellos formatos?

MH: La televisión local sufrió un huracán, la productora en la que trabajaba paso de producir 48 programas a sólo cinco. Y yo, que caí en la tele de casualidad, sentí que había cumplido un ciclo. Pensé que iba a empezar a repetirme y que tenía nuevos desafíos. Hice radio y teatro después de eso, pero tampoco daba para más.

Luego, me ofrecieron volver, pero la TV local todavía no tenía fuerzas y yo tampoco, había quedado muy agotada, porque a la producción la armábamos toda nosotros con Daniel Andematten (titiritero), Fabiana García, Gabriela Grosso (actrices), Ricardo Bustamente, Gustavo Santillana y mi querido Marianito Burni (actores), así como escritores: Graciela Bialet, Oscar Salas, el gordo Argento, entre otra gente que era el alma y motor del programa.

Ya no volvería, estoy grande para hacer tele, además, hay gente muy talentosa y joven que puede hacerlo fabulosamente y lo ha hecho, como el espacio que generaron los chicos de “Morandí” y “La Juguetería”. Un formato como el nuestro para la época estaba bien, ahora sería obsoleto, pero sí creo que debe funcionar uno en que los chicos puedan participar y sentirse dueños.

EM: ¿Cómo te manifiestan que te recuerdan los que niños de aquel entonces?

MH: Siempre fue raro y gracioso, me gustaba recibir besos todo el día, pero ir al súper era complicado. La gente fue muy respetuosa y cariñosa conmigo. Hoy, veintipico de años más tarde, adultos en cualquier lugar y circunstancia, se paran y me dicen cosas como “Yo te veía cuando era chiquito”, me abrazan, nos sacamos fotos, y yo, agradezco a la vida por tanto bonus track de afecto aún hoy. ¡No puedo creer que detrás de mis arrugas y el tiempo transcurrido, todavía reconozcan mi tono de voz y mi cara, lo más normal sería que ya nadie me recuerde!

Si tuviera la máquina del tiempo, volvería una vez por semana a aquellos momentos, para estar entre tanta gente divertida, porque yo todavía tengo ocho años en algún lugar de mi alma, por lo que me aburro con facilidad, cosa que entonces no me pasaba nunca.

No obstante, hoy estoy como maestra en sala de cinco del Jardín Mark Twain y me divierto como loca y allí continua como siempre mi relación con los chicos. Así como en mi casa, jugando con mi sobrina Amparo Calzona que va al primario del Instituto Milenio y hasta en la calle buscando alguna complicidad para divertirnos, aunque sea a través del vidrio del auto.

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