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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

La salud, casi un lujo

Las obras sociales se convirtieron en sinónimo de dinero. En la actualidad, para tener una buena cobertura de salud sólo depende de cuánto se quiera pagar por ello. De esta manera, se elige la obra social deseada, con el plan que cada persona crea más conveniente.

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Por María Emilia Soria | emiliasoria@elmilenio.info

Colaboración: Guadalupe Gómez Silva. 4°B IENM

A mediados del siglo XX, los trabajadores, a través de sus organizaciones sindicales, decidieron asumir el desarrollo de estructuras sociales que dieran respuestas a la problemática de la salud y sus determinantes, en pleno auge del desarrollo industrial y en el marco del nacimiento de un movimiento político que instalaba en el centro de la escena a la clase trabajadora y fortalecía su conciencia de clase.

En el marco del desarrollo del Estado como responsable de la satisfacción de los derechos esenciales de sus ciudadanos y con el crecimiento de las estructuras del Estado para satisfacer esas demandas, los trabajadores decidieron (como colectivo de clase) crear y conducir sus propias organizaciones  sociales en forma voluntaria y de acuerdo con su agrupación, por rama de actividad o lugar de trabajo.

Así nace el seguro de salud en la Argentina por decisión de los trabajadores, por fuera de las estructuras del Estado, con aportes desde el salario, en forma voluntaria, por rama de actividad y con criterios de equidad y solidaridad.

De esta forma, los mejores salarios colaboraban con sus aportes con los “compañeros” de menores ingresos, en un fondo solidario administrado por los trabajadores a través de sus propias organizaciones.

Por lo tanto, trabajadores y sindicatos aparecen amalgamados en una unidad conceptual, operativa, organizacional, con el consecuente desarrollo de instituciones que se consolidan con el objetivo del bien de clase, las obras sociales.

Fragmentación poco saludable

La particular evolución de la salud pública hacia una organización crecientemente descentralizada y los problemas sociales derivados del desarrollo de una grave crisis económica, han contribuido, durante los últimos años, a ahondar aún más la fragmentación del sistema.

Es decir, las obras sociales que inicialmente fueron creadas para una cobertura de salud equitativa para todos los trabajadores, hoy se convierten en fuertes compañías aseguradoras, con las que la mayoría de los adherentes reniega de una u otra manera.

Sin embargo, de la idea inicial de la cobertura por rama de trabajo, en la actualidad la elección de las mismas es una cuestión netamente económica, puesto que ya los trabajadores de un determinado rubro reciben la obra social correspondiente al sindicato al que pueden pertenecer, pero también tienen la opción de cambiar de obra social simplemente pagando más dinero.

Esto se traduce en escalafones de diversos planes (con mayor o menor cobertura de salud) que pueden brindar las aseguradoras, de acuerdo al dinero que se pretenda pagar mensualmente. O bien, la elección de la obra social condicionada por el aporte que cada usuario o beneficiario pueda abonar.

En síntesis, desde una mirada generalizada, se podría decir que las obras sociales y sus planes internos, hoy no dependen del tipo de trabajo que se desarrolle, sino del poder adquisitivo de la persona que lo pueda adquirir.

La exclusión es aún más clara para aquellas personas que no gozan de un trabajo remunerado y en blanco, las cuales deben acatarse a la salud pública vigente de la región, ni mejor ni peor que la privada.

Antagónicamente, quedan excluídos de esta diversificación, los habitantes que libremente adoptan un sistema de salud prepago, donde la adherencia continúa siendo voluntaria, pero no interviene ningún sindicato, sino que se trata netamente de un seguro de salud privado, con costos que hasta cuadriplican el valor de una obra social con un plan estándar.

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Pocas opciones

En Sierras Chicas, como región pequeña pero al mismo tiempo con una gran densidad poblacional, ocurre que no sólo los centros de salud son escasos, sino que también la aceptación de obras sociales para la atención primaria está acotada. Es decir, son pocas obras sociales con las que trabajan los hospitales, clínicas y consultorios privados.

Por ello, los habitantes del cordón serrano se ven obligados a elegir una obra social que sea medianamente aceptada en la región, para tener al menos algunas coberturas médicas garantizadas, o bien rescindir su atención de salud a la ciudad metropolitana más cercana, como es Córdoba capital.

Por otro lado, las obras sociales (en muchos casos) cobran un co-seguro de atención, que se podría traducir en un pago extra, por determinada atención especializada o primaria. Y siguiendo la misma línea, que para algunos es burocrática, también solicitan que sus beneficiarios realicen diversas autorizaciones para realizarse determinados estudios, como lo son los diagnósticos por imágenes, laboratorio u otros específicos.

La lucha eterna

Muchos son testigos empíricos de la pelea que existe entre las obras sociales, los pedidos médicos y las coberturas. Esta contienda se da sobre todo cuando se presenta una operación, donde el trámite de autorización conlleva más tiempo que la operación en sí misma.

Otros tienen la suerte, o ventaja, de que la obra social con la que operan les brinda autorizaciones y coberturas sin problemas ni exigirles trámites burocráticos.

PAMI

La obra social que engloba a todos los jubilados y veteranos de guerra, que en Sierras Chicas beneficia a alrededor de 11 mil personas, cuenta con 3 niveles de atención: primaria, especialista y de alta complejidad, según el cuadro médico que presente el paciente.

La atención primaria está cubierta en la región, pero cuando se pasa a un segundo nivel de especialidades, donde son muy escasos los centros de salud que ofrecen la atención y para el tercer nivel de atención de alta complejidad, los beneficiarios de la zona se ven obligados a trasladarse a la ciudad de Córdoba.

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